...Corrí al teléfono...tenía necesidad imperiosa de marcar tu número y hablar, hablar contigo.
Allí apareciste, y las dos reímos antes de comenzar a decir palabra...
Las dos presentíamos lo mismo, volvíamos a convertirnos en adolescentes y todo quedaba atrás.
Compartimos las mismas sensaciones, la misma pasión, y me fascinó oirte de esa manera.
Estabas del otro lado, verborrágica, pura, ansiosa, plena, quizás como jamás te había escuchado.
Y volvimos a reir...sin preocuparnos de las cuentas, las tareas, las obligaciones, las estructuras, las responsabilidades...
Nada importaba, ni siquiera un pobre electricista que interrumpió nuestro Universo.
Nada provocaba dolor, se sanaron nuestras almas, nuestras heridas del pasado, nuestros miedos, y hasta tus manos y mi hipertensión...
El teléfono era el conductor de nuestra historia.... la que tu eres protagonista y yo tu compañera de ruta.
Luego nos encontramos...y nada era distinto a lo que la magia de tu voz me había demostrado....
Ya no estaba el teléfono...pero la conexión fué la misma...ahora a través de un abrazo.
Las dos saboreabamos el misterio y la complicidad....las dos entendíamos muy bien porque irradiabas luz, tu sonrisa gigante, tu excelente perfume, tu figura de Mujer preparada para una cita maravillosa...
Es tu cita... vívela....luego, nuevamente, estaré esperandote...allí del otro lado de la línea.
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