Cuando María Isabel cerraba los ojos se veía recostada en la playa jugando con sus muñecas. Revivía las tardes de aventuras con Katy y Jime, sus pequeñas amigas de plástico. La consigna era juntas hasta el atardecer. Cuando el sol desaparecía tras la hilera de edificios del centro, su vida se volvía oscura como la noche que se cernía lenta sobre la ciudad.
Pero ahora, su nueva realidad, no daba cabida a recuerdos ingenuos ni muñecas sonrientes. Por eso, al abrir sus ojos se vio de nuevo en aquel asiento de tren alejándose más y más de su amada playa para cambiar el sonido del mar por el del bullicio capitalino. Dejaba atrás sus rincones favoritos, de su café con amigas, de los paseos de compras por la peatonal. Su presente estaba cambiando y ya nada sería igual: calles nuevas, con otros nombres; rostros sin pasado y miradas vacías. ¡Hasta el sol tendría otro brillo y la lluvia un sabor diferente!
Su pasado se desvanecía como el paisaje que veía por la ventanilla. Sin embargo y en el fondo de su corazón sabía que aunque su vida entera cambiara y algún día se viera atormentara por la soledad, todavía podría cerrar sus ojos y refugiarse en aquellas tardes de playa junto a sus dos compañeras que hoy la acompañaban fieles con el resto de su equipaje.
Pero ahora, su nueva realidad, no daba cabida a recuerdos ingenuos ni muñecas sonrientes. Por eso, al abrir sus ojos se vio de nuevo en aquel asiento de tren alejándose más y más de su amada playa para cambiar el sonido del mar por el del bullicio capitalino. Dejaba atrás sus rincones favoritos, de su café con amigas, de los paseos de compras por la peatonal. Su presente estaba cambiando y ya nada sería igual: calles nuevas, con otros nombres; rostros sin pasado y miradas vacías. ¡Hasta el sol tendría otro brillo y la lluvia un sabor diferente!
Su pasado se desvanecía como el paisaje que veía por la ventanilla. Sin embargo y en el fondo de su corazón sabía que aunque su vida entera cambiara y algún día se viera atormentara por la soledad, todavía podría cerrar sus ojos y refugiarse en aquellas tardes de playa junto a sus dos compañeras que hoy la acompañaban fieles con el resto de su equipaje.






