CERDO

Era un rojo atardecer de domingo, de esos en que los pájaros circundan el cielo como si fuera un último y desesperado vuelo y el sol se oculta al otro lado de los cerros imitando un alkaseltzer disolviéndose en un vaso de agua. Manuel salió de su casa por temor a quedarse atrapado en el pequeño mundo de la película de Jackie Chan que por esas horas transmitían en el canal caracol, casi sin rumbo, camino unas diez cuadras, su estado físico siempre había sido deplorable así que su pequeño paseo no duro mucho, compró un cigarrillo y se sentó en el anden frente al carulla de la 7 con 63.

 

Se quedo admirando la calle, sintiendo el olor a humo que desprendían los pocos carros que se desplazaban, su cigarrillo se desvaneció muy pronto entre sus dedos, pero el negro polvo propio de la ciudad todavía le seguía inundando los pulmones. A lo lejos, un bus verde y amarillo con la inscripción hacia el centro iba pitando y recogiendo pasajeros, sin ningún motivo Manuel estiró su mano, el bus paró a pocos metros y el lo abordó.

 

Adentro, el bus tenía una atmósfera putrefacta que mezclaba el sudor y la oscuridad, caras con caras que se apretujaban las unas contra las otras, cada una de ellas observando un punto en la ventana, en cierta medida buscando desesperadamente el lugar de destino. Sonaba una canción de despecho que una señora gorda cantaba mientras en uno de sus brazos sostenía a una bebe, a su lado un niño de unos 8 años se hurgaba la nariz impacientemente.

 

Como siempre, Manuel se fue de pie, sostenido únicamente por la barandilla de metal que colgaba del techo y por la multitud de personas que se apretujaban en el estrecho pasillo del bus. Manuel  Era un tipo alto y delgado, de piel morena, pelo largo hasta los hombros, la mirada que se dirige en busca del suelo del bus que nunca alcanza a vislumbrar, como un espacio infinitamente grande e inaccesible, pero que para cualquiera esta bastante cerca.

 

A la altura de la 45 con 7, Manuel deja de ver hacia ese restringido suelo barroso y dirige su mirada a la ventana, al lado del bus hay una camioneta blanca, que en su parte trasera trae un remolque sin techo, en el remolque se encuentra un cerdo gigantesco que tiembla y se retuerce entre el barro y la lluvia que ha comenzado a caer sobre Bogotá, el cerdo convulsiona horriblemente y estremece todo el remolque.

 

El cerdo tiene los ojos cerrados, la boca sangrante y los dientes rotos pero todavía fijos, un aspecto casi vampiresco y las patas amarradas a las esquinas del remolque, el hombre que maneja lo trata de calmar sin ningún resultado. El animal voltea su cabeza gigante hacia el bus, abre los ojos de manera sigilosa, rompe las cuerdas y se cierne sobre sus patas.

 

Todos miran asombrados, Manuel solo esboza una sonrisa que se oculta tras el pelo largo y oscuro, el cerdo mira fijamente unos minutos, pareciera como si el tiempo se hubiera paralizado, las caras apretujadas ya no se mueven incesantemente en busca de un espacio para mirar, solo se encuentran allí, en el universo, sin razón, sin motivo, sin historia, pareciera que inexorablemente y para siempre solo existe ese momento.

 

De pronto, esa parálisis temporal se detiene, el cerdo, como si fuera un animal mucho mas ágil, se lanza con un salto inmenso y rompe la ventana del bus, todas las personas se echan hacia atrás y lanzan un grito al unísono, de pronto el bus esta despejado, solo quedan Manuel y el niño, el que iba junto a la señora gorda y grande, solo quedan los dos parados frente al cerdo que chorrea toneladas de sangre por su boca. El bus se detiene, se apaga la canción de despecho que suena en la radio y el conductor escapa corriendo. Manuel ríe cada vez mas fuerte, no lo puede aguantar, se bota al suelo y se retuerce cadenciosamente, su cara, antes sombría se transforma y da paso a una agraciada mueca que los espectadores no entienden.

 

A su lado, el niño todavía se hurga la nariz, no se ha dado cuenta de la situación, no mira al cerdo, para él, el tiempo se ha detenido hace ya mucho tiempo, no tiene conciencia de nada hasta que el cerdo lanza un bramido feroz, el niño levanta la cabeza lentamente, ve al cerdo chorreando sangre y con los ojos enfurecidos, el niño se para lentamente, se dirige hacia el, tranquilamente se acerca, su madre se desmaya, Manuel sigue riendo, el niño camina, los espectadores lloran asustados, el niño finalmente introduce su dedo suavemente en el hocico del cerdo que cae al suelo y se deja acariciar dócilmente del pequeño que sigue con empeño su tarea de sacar un gran moco de su porcino y nuevo amigo.

 

 

Los espectadores se quedan mirando la escena estupefactos. Ya ha oscurecido y el cerdo esta dormido todavía con la mano del niño en la nariz, Manuel camina, ya no ríe, se baja del bus y compra un cigarrillo. Nada ha cambiado, sigue en la misma ciudad, en el mismo momento eterno, en la misma situación de esperanza perdida de domingo por la tarde, prolongada hasta la noche, es el mismo Manuel en cualquier mismo día en que un cerdo se volvió loco y un niño maldito detuvo el entretenido show.

 

 

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Comentarios:

Escrito por: rotko       18/12/07 22:34
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que bueno...en general
la forma como está escrito... sugerente
Escrito por: Alexis       17/09/07 22:57
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muy kafka, es cierto; se ve que lo haz estudiado bastante.
buena historia.
Escrito por: crizangel       14/09/07 00:03
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Me gusta esa parte de tu estilo, oscura, bizarra, las imagenes perfectas.
En un principio me costo engancharme un poco, el primer parrafo se me hace un poco largo, si lo cortas no se pierde nada de historia. Pero alo que sigue, me ha encantado, el segundo interminable, la imagen de un dia normal en el bus.
Me ha gustado mucho, muchisimo.
Escrito por: patricio       12/09/07 23:33
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Pues no pude evitar sentirme identificado con tu historia ya que yo mismo me considero un cerdo. ¿Por qué te ríes de mi pobre hermano que se volvió loco y escupe sangre por la boca? Bueno, no importa. De todos modos me gusto tu historia. Yo tengo una con idéntico titulo, eso si la temática es totalmente diferente (¿lo es?). Es una de las primeras cosas que escribí. Esta guardada en un cajón cubriéndose de polvo desde hace ya muchos años. Quizás algún día la suba. Pero no termino de decidirme. Y vos me dirás: ¿Qué tiene que ver todo esto con mi historia? ¿Y a mí que carajo me importa? Y tenes toda razón. No se porque te largo todo este rollo.
Escrito por: EITILEDA       12/09/07 01:35
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Muy kafka, movimientos psicologicos intereantes, personajes no del todo consecuentes, y el absurdo que se hace presente durante toda la historia y muy buenas descripciones, nos vemos.
Páginas: 1

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