Castigo / Concurso de micro-relatos de Ciencia Ficción
Despertó con una pasmosa jaqueca, sintiendo su nariz ser penetrada por una humedad pestilente. Le costaba parpadear. Veía nubloso. Debido a esto no distinguía en donde se encontraba. Sólo sabía que era un lugar sombrío y al parecer no higienizado hacía años, a juzgar por ese asqueroso olor que tanto le fastidiaba. Volvió a refregarse los ojos. -Maldita sea dijo al contemplar su fracasado intento por ver con claridad. Pero no tuvo que esperar mucho. La bruma en sus ojos se disipó permitiendo vislumbrar su alrededor.
Se encontraba en alguna especie de bóveda, de seguro bajo algún pozo, según notaba en la humedad impregnada en los terribles muros cubiertos por muchas fotografías de personas, en su mayoría irreconocibles.
Se pasó la mano por la frente y notó que comenzaba a transpirar fríamente. Miró con más dedicación las fotografías. Todas aquellas personas habían muerto por su culpa. Allí estaba Warren, al cual mandó a torturar para obtener información, provocándole una muerte lenta, dolorosa y humillante. También desde otra fotografía le sonreía la familia Finnigan, a la cual ordenó matar sólo por haberle estorbado. Al apreciar la fotografía, se percató de que la señora Finnigan estaba embarazada.
Era inconcebible. Comenzaba a pensar que aquellas fotografías estaban vivas. Escuchaba susurros, como un ligero viento en su oído.
-Infeliz
-¡NO! Gritaba exasperado, volteándose, como buscando a alguien inexistente, aferrando sus manos a su cabeza, pateando el aire como si intentase herir a alguien- ¡NO! ¡CÁLLENSE! ¡DÉJENME EN PAZ!... por favor
piedad
-¿Piedad?
-¿Y qué de la piedad que te suplicamos?
-Por favor
déjenme
Viktor parecía un niño temeroso enfrentando mosquitos. En la oscuridad divisó un revólver
su única esperanza. Sí
como un ángel, solo metálico y con la anhelada capacidad de matar rápidamente. Corrió hacia él. Podía disfrutar ya de la sensación que le provocaría aquella bala. Acarició el arma y se apuntó la barbilla. Se regocijaba ante el placer de morir a su elección y no como al gusto de sus enemigos. Ejerciendo sólo un poco de presión en el gatillo, todo acabaría. Por un leve momento se sintió feliz y lleno del mismo placer que causa un esperado triunfo.
-Adiós.- dijo halando el gatillo, presintiendo el final.
Pero el final no llegó. Seguía allí, de pie, apuntándose a sí mismo con un revólver
sin balas. Se había sentido acariciado por la muerte, y en el momento de dejarse llevar por ella, se vió abandonado, solo, junto a aquellos inertes rostros sonrientes.
-¡NOOOOOOO!
me gusto sàdico masoquista para èl perfecto
Gracias por participar joven amigo, tu relato ya está archivado, puedes visitar la web para comprobarlo :
http://www.gratisweb.com/microrelato/index.html
Un saludo y suerte!!
Uhmm ¿donde lo lei?, fue en el concurso?.
Es un buen texto, muy bien llevado donde se muestra la deseperación del personaje, que por otro lado se me hace que esa boveda es su propia conciencia...si es que algún torturador la tiene.
Un abrazo, que las Hadas te acompañen.