


| Escritor: | avefenixazul |
| Públicado: | 29/02/2008 |
Típico en mi, vuelvo
a escribir después de mucho tiempo, le cuento que ahora hay un nuevo sistema de
comunicación, La Internet, supongo que ahora usted debe saber mucho más que yo
de los nuevos adelantos tecnológicos, le diré que es un medio muy eficaz de hacer
amig@s, y justo ayer estuve chateando con una amiga que vive en Canadá, le
contaba de nuestra vida, de nuestro origen y de Cuajara, todo estuvo muy bien
hasta cuando comencé a describirle el caserío que fue Cuajara, como fue la vida
allá, como era la gente, le conté que era un caserío lleno de gente negra,
nuestra familia, de sus días y sus noches, de su cielo y su tierra y entonces
comenzó a llorar, sería por que yo le describía entre llanto aquel ayer, le
conté de la primera vez que yo fui a Cuajara, siendo una niña, de cómo usted
reconoció a Mamita desde lejos, de como se acercó lentamente mientras miraba
trémula a la pequeña viejita que ya musitaba su nombre no se si como una
oración o un lamento, le conté de cómo fui testiga del abrazo entrañable que
las unió entre lágrimas, luego de treinta años de ausencia, de cómo Mamita dijo
LUCILA
MIJITA
en tanto que del fondo de su alma se escapaba un MAMITA
que
retumbaba en cada átomo del universo por la profundidad del sentimiento, le
conté de cómo la viejecita a sus 108 años se levantaba a las 5 de la mañana a
bañarse en el arroyo que le cantaba a la casa desde la parte trasera, de cómo
hacía la tortitas de harina en tiesto para que comamos con leche recién
ordeñada por sus cálidas manos, le conté también de cómo nuestra familia tiene
su origen en la raza negra; de como siendo yo niña solía pasar mis vacaciones
en Cuajara, que para entonces ya era solo un Villorrio, que moraban allá las
familias que antes habían sido esclavas y a las cuales les habían dado ya su
parcela conforme a la ley, que desde entonces amo tanto esa tierra que mi sueño
es volver allá, que tengo escrito a medias un relato de lo que fue Cuajara, que
en las primeras líneas digo: Tierra de ensueño, hogar tutelar de mis mayores,
lugar donde florecieron mis sueños y mis ansias que un día tengo que hacer un
pueblito igual al que fue Cuajara, que siempre pienso que si me fuera dado
viajar en una máquina del tiempo, volvería allá, la abrazaría muy fuerte a
usted , a la bisabuela, al viejito que contaba los cuentos más prodigiosos que
pueden salir de una imaginación y volvería a vagar por esos campos de tierra
yerma y reposada, y al igual que antes, esperaría despierta el amanecer para
poder aspirar el perfume de su tierra durmiente, ver su cielo cuajado de
luceros y su luna grande y brillante plateando de luna los animales que dormían
de pie. Que aún en mis sueños escucho el arrullo distante del pito del tren
ululando en la noche y en mis sueños despiertos imagino ver en las noches despejadas
como se alza gallarda la bocanada de humo entre gris y lila que se podía
distinguir desde lejos en la noche, cuando cansado de su largo trajinar
exhalaba este gigante de acero el aliento de su vientre, que cuando la pena me
vence regreso a la chocita perfumada por el humo de la leña y me arrellano en
sus brazos para sentirme protegida, que aún cierro los ojos para ver el paisaje
nocturno salpicado por la luz del candelero que indicaba que allá, al igual que
en nuestra choza, alguien miraba los luceros y desgranaba sueños, que aún
bloqueo los sonidos circundantes para poder oír los cuentos fantásticos del
Mesías Minda, o para sólo escuchar el bramido del rió que se mecía con el
viento que lo transportaba hacia el infinito, Ya ve como amo esa tierra, en cuanto
la menciono me pierdo en los recuerdos. Lo que aún no le he contado es que le
dije que usted fue la mejor cocinera del mundo, que con su sazón una humilde
sopa de fideo era un banquete, esto, aparte de que fue un excepcional ser
humano, llena de generosidad, rectitud y honestidad, que de verdad se me
concedió un privilegio al serme entregada a su afecto, que desgraciadamente no
supe decirle cuando vivía cuanto le quería y cuanto le admiraba, pero que
confío en que mis sentimientos llegarán hacia usted en cualquier dimensión en
que se encuentre. Ya ve? Los años mágicos de mi pubertad están escritos con
fuego en mi alma al igual que su recuerdo. Querida madre, hasta aquí por hoy
mis recuerdos, usted sabe, cualquier día le sorprendo con algo más, mientras
tanto, no deje de darme su bendición.
Su Avefenix
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