CARTAS A DIEGO - La Niña Bonita

      

 

Ciudad de Chupaca – Junín – PERU 

15 de Julio del 2001 

 

 

Querido Nieto: 

 

 

Hoy, quiero contarte quizás el pasaje más importante de mi niñez. Cuando niño solemos tener ilusiones, muchas ilusiones y estas van formándote, porque te van causando alegrías y pesares. Sin darnos cuenta vamos adquiriendo experiencias, las mismas que debemos asimilar. La vivencia del primer amor y uno de los valores más importantes del hombre, como es la nobleza, están reflejadas en esta historia. Espero que sepas entenderlas: 

                                    

 

                                   LA NIÑA BONITA

 

 Caminaba por la calle Conchucos de los Barrios Altos de Lima, como todos los días domingos de cada mes, antes de las ocho de la mañana, rumbo a la Iglesia conocida como la del Cercado de Lima, para asistir a la misa matinal y al llegar a la cuadra ocho, silbe como siempre, para que salgan mis primos: El “Negro” Andrés y el “Chino” Juan  - para irnos juntos, como siempre a la iglesia. Cuando de pronto escuche la voz de una niña, que gritaba: 

 

-         ¡ Balín ¡..¡Balín ¡…¡ Mi Balín ¡… 

 

Y como por esas cosas del destino – del cual no puedes rehuir – El perrito “Balín” se me acerca y yo que lo  agarro y él que me lame, mojándome  toda la cara.

 

 -         ¡Ya pasó…ya pasó…aquí está tu perrito…! 

 

Le dije mirando sus hermosos ojos y ella todavía con la preocupación reflejada en su rostro y abrazando a Balín, me sonrío y de sus delgados y finos labios salió un ¡Gracias..!Que valían en ese momento para mi, más que cualquier premio material, me dio la espalda y camino rumbo a su casa, pero yo la llame…Quería volver a ver sus maravillosos ojos.

 

 -         ¡Espera ¡…¿Cómo te llamas?...nunca te había visto antes…Yo…me llamo Rodolfo. 

 -    Soy Ruty..y..gracias nuevamente por “Balín”, acabamos de mudarnos a esta vecindad…Mi padre es militar y siempre estamos cambiando de casa, me contesto.  

 

  Recuerdo aún que vestía un traje blanco con blondas y encajes, zapatos negros de charol con correas y medias blancas, su cabello era castaño y sus rizos naturales jugueteaban en su frente, sus labios delgados dibujaban una sonrisa leve. Poseía una nariz fina que concordaba con sus bellos ojos, que tenían un brillo de pureza, pero tristes muy tristes, casi melancólicos diría yo, mis manos sudaban y no podía tragar la saliva. A mis doce años de edad, sentí un cosquilleo en mi corazón, mi estomago parecía que también se llenaba de mariposas, al ver su hermoso rostro pálido pero hermoso…ella era fina…muy fina, no como las chicas del Solar “Callejón de Gigantito”, donde yo residía. Me olvidé de mis primos y de la misa, no quería dejar de hablarle, pero se abrió una puerta y salió un señor alto, muy alto y con voz autoritaria llamó a la “Niña Bonita”    

   - ¡Ruty ¡…¡ Ruty ¡…Que haces con ese vago…ven acá…ya te he dicho que evites  las relaciones en esta vecindad.                                                                                                                                 

 Antes de ingresar a su casa…ella volvió su rostro y me quedo mirando, lo que me hizo suspirar. Supe entonces que comenzaba a conocer el amor…el amor…ese amor de niño. No se que paso después, pero no recordaba los evangelios de la misa, el sermón del cura de la parroquia, ni mucho menos los besos y caricias de la abuela Panchita – a quién había visitado – únicamente pensaba en ella y en su dulce mirada, triste, melancólica, pero hermosa.  Cuando llegué a casa, la Tina - mí querida madre – se preocupo, ya que casi no probé bocado en el almuerzo, me puso hasta el termómetro para ver si tenía fiebre y creo que si la tenía …fiebre pero de amor infantil. Mi abuelo, viejo curtido por las experiencias de la vida, creo adivino mi pesar y tomándome de la mano me llevo al patio trasero de la casa y me dijo:    

      - ¿Qué ocurre mi querido nieto, aquí está tu abuelo para que le confíes tus pesares, acaso te han tratado mal en casa de tus abuelos?...vamos confía en mí…que te quiero tanto.     

 -         ¿Dime abuelo, que  es enamorarse?...¿ Querer a una chica ?

 

 -         ¡Ah caray…con que esas tenemos!...el niño enamorado, vaya….vaya…que terrible  problema.   

    -    ¡Papa Nato!..No te burles, hoy he conocido a una chica muy bonita, es en la calle Conchucos, hija de un militar…sabes…ella…ella, me ha mirado muy  tiernamente y eso me ha emocionado y siento un cosquilleo en el estomago,  que no me deja tranquilo.

 

 -         Mira hijo, en la vida todo hombre tiene “Tres chicas inolvidables”…Una en la niñez, otra en la juventud y una tercera en la madurez….Nunca te olvidaras de ellas…siempre las recordarás…todas las demás serán únicamente pasajeras en tu vida, pero las tres escogidas, serán inolvidables y una de ellas será tu compañera para toda la vida, porque si de amar se trata, solamente se ama una vez en la vida.  

 

 -         Abuelo, ella es tan bonita…tan bonita, pero también tan triste, que me conmueve.    

  -    Mira hijo…tu estas muy niño todavía, únicamente es una ilusión  de un jovencito noble, que se ha emocionado al ver una niña diferente, eso es todo y pronto te pasara – me decía el abuelo, mientras fruncía los labios y levantaba las cejas –

 

El sabía por experiencia que su nieto empezaba a dejar la niñez y comenzaba la adolescencia, con su primer amor…amor que sería en verdad inolvidable. 

 

El día lunes sorprendí a la Tina,  quién no tuvo la necesidad de renegar, para que me levante de la cama.  A las seis de la mañana, ya estaba en pie, totalmente bañado y cambiado con mi uniforme de color beige, la corbata y la prenda de cabeza – llamada cristina – bien almidonadas, como era mi estilo. -          

 

   -  ¡Caray!..que pasa con el niño..hoy día sale el sol…¿A qué se debe que haya madrugado?    

   - ¡Es qué hoy ensayamos la marcha, con el Instructor Militar!…por primera vez mentía a la Tinita, mi madre.    

    -    Bueno hijo…entonces cómprame el pan donde, don Alfonso y también la mantequilla.        

    -   ¡Si…madre…no demoro!...y salí corriendo, pero con un hormigueo en el estomago. 

 

Llegue hasta la esquina de la panadería del “Chinito” Lucho de la calle Conchucos y no pasaron diez minutos, cuando esa puerta bien pintada de color marrón, se abre para dejar salir al señor alto, quién vestía su uniforme con gran porte militar y atrás le seguía ella..ella..”La niña bonita”, la de la mirada triste, pero de ojos preciosos, ella..la que hacía palpitar mi corazón, ella que al verme, bajo su mirada y agarro fuertemente la mano de su padre, quién ya la hacía subir al automóvil Ford de color verde y blanco. Quise correr y darle mi saludo, pero mis pies quedaron estáticos…no podía moverme, el cosquilleo en mi estomago me paralizo por completo. Antes de partir el carro, ella giro su cabeza y me quedo mirando con esa sonrisa leve…pero que me decía mucho y nuevamente me emociono el jugueteo de sus rizos sobre su bello rostro, quise alzar mi mano, pero no pude…solo atine a balbucear…Chau…chau…linda…y el carro partió dejándome ahí parado, en medio de la calle empedrada, agache la cabeza y di media vuelta.

 

 -         ¡Hey…como “puere así”….¡No vas a llevar el pan…pá…tu casa!-         gritaba el “chinito” Lucho.

 

- Al ver la bolsa de pan, me acorde del desayuno y corrí como alma que lleva el diablo. 

 

-         ¡La Tina…La Tinita!....¡Me suena…me suena..! 

 

Mientras tomaba el café con leche, en mi mente la seguía viendo, con su uniforme de blusa blanca, falda tipo escocés y su capa azul, que la hacía ver como era ella…¡Una princesa! -          

 

 -   ¡Rodolfo!..que tienes…estás tomando el desayuno sin azúcar…¿Estás enfermo acaso?

 

 -  ¡El Corazón de Jesús!...estudia en el Corazón de Jesús, me decía a mi mismo y no escuchaba lo que en ese momento me gritaba la Tinita.

 

El abuelo ..mi “Papá Nato”entonces con su cucharita endulzo mi café con leche.        

-  ¡Vamos hija..no te preocupes!...seguramente…hoy tiene examen y está distraído por ello. 

 

Abogaba don Fortunato Faustino, el padre de mi madre, la Tinita.  El era un viejo de ascendencia italiana, quemado por el trabajo que realizara de joven, de sol a sol, en las chacras de la Hacienda Monterrico, allá por los años veinte, canoso con bigote y barba blanca que resaltaban por su piel bronceada, sus manos eras grandes y fuertes, pero cariñosas..muy cariñosas, el sí nos mostraba abiertamente su innegable amor de abuelo, todo lo contrario de la Mamanela, nuestra abuela materna- su esposa – quién se mostraba renegona, pero que nos adoraba más que nadie. 

 

Era día domingo, el día de asistir a la misa y el día obligatorio de visitar a los abuelos, don Teodoro Mendoza y doña Francisca Mejía – la Panchita – los padres de Luis Mendoza –mi progenitor - . Por tal motivo debería estar impecablemente aseado y vestido. Mi “viejo” era un hombre sumamente pulcro, no permitía el mínimo descuido en la presentación de su hijo, sobre todo si se trataba de visitar a su familia. Mi madre mientras me acomodaba la corbata, no dejaba de recordarme, que debería cuidarme al ir a la iglesia, para no llegar a casa de mis abuelos, descuidado y sucio. Que no me detuviera para nada en casa de mis primos de la calle Conchucos. 

 

-         ¡Si Tinita, descuida!...¡No me distraeré para nada…no te preocupes! 

 

Mientras me acomodaba la casaca de color “concho de vino”, pensaba en la niña de ojos dulces y tristes: “Hoy la veré…hoy la veré  nuevamente”, me decía mientras el corazón parecía salir de mi pecho al escuchar en la radio, al cantor inolvidable Carlos Gardel que entonaba “El día que me quieras”. Hoy, era día  domingo, día de alegría, día de sol, día de amor…¡Sí de amor..por ella!...¡Mi chica inolvidable!...¡Mi niña bonita!..Como me encontraría de alegre y entusiasta, que por nada del mundo me molestaban los adjetivos que siempre recibía de los chicos de mi barrio: ¡”Niñito cambiado”!...¡Te crees pituquito!...En otras oportunidades, ello producía broncas…pero hoy…hoy…¡Estaría con ella!ª…¡En la misa!..pero estaríamos juntos, muy juntos…todo los demás eran simplemente tonterías, no podía hacer caso a nimiedades…total….¡pobrecitos!...ellos no tenían  su “chica inolvidable”…todavía eran muy niños…no podía tomarlos en cuenta.

 

Al llegar a la calle donde vivía la niña de mis ensueños, volví a sentir esa sensación de angustia e inquietud. Los parroquianos iban y venían, unos de la misa, otros de retorno a sus hogares, otros al mercado. Mis primos, Andrés y Juan, se encontraban con unos amigos de la escuela, todo parecía indicar que se preparaban a jugar un partido de fútbol. 

 

-         ¡Primo Rodolfo!...justo te necesitamos…¡Hoy…hoy les jugamos al barrio de los  Naranjos!    

-         ¡Hola!...¡¿Qué cuentas?!...¡¿Qué cuentas?!...¡Andrés!...no puedo…tu sabes, hoy es el día de la misa y debo visitar a la “Panchita”. 

 

-         ¡Caray que pena!...Justo hoy que los vecinos nos van alentar con su presencia…¡Mí papá los pudo convencer!...¡Fíjate que hasta nos invitaran gaseosas y fruta!      

  -    ¡Qué!...¿No me digas que el señor del 865…ese…ese que es              militar…también asistirá con su familia? 

 

  -         ¡Claro!...¡Mira que hasta nos ha donado un trofeo…que debemos ganar!..¡No falles! 

 

  -         ¡Negro!...¡Hoy…hoy!...tu primo será el goleador del partido!...¡Por vida de Dios! 

 

No terminaba de celebrar tremenda noticia, cuando la puerta marrón, la del 865 de la calle Conchucos, se abría para dar paso a la niña de los ojos de mirada triste, a la niña de la capa azul. El viento cómplice de su belleza hacía juguetear su hermoso cabello en su rostro pálido, pero de gran dulzura. Vestía recuerdo todavía, un vestido color rosa, siempre con encajes y bordados brillosos, que hacían resplandecer su belleza simple pero fina, sus zapatos blancos, palidecían la vereda de colores, por donde caminaba. Mi corazón palpitaba al son del sentimiento de amor de niño..de adolescente, que comienza a conocer ese sentimiento que ennoblece al hombre, que lo lleva a los cielos mientras es correspondido y que no hay, infierno peor, que no ser amado alguna vez. Me estremecí cuando volví a sentir esa mirada de promesas, que parecía decirme: “¡Me agradas…me agradas…guarda ese secreto…nuestro secreto!”…Era en ese momento, el mortal más feliz de la tierra…Ella también sentía lo mismo…su tierna mirada y su leve sonrisa me lo confirmaban. De pronto que vuelvo a la realidad, su padre que la toma del brazo y enrumban hacía la Iglesia del Cercado. 

 

-         ¡He ..primo…que tienes, que te has quedado estático!...¡¿Contamos contigo?!

 

 -         ¡Claro…claro…si…”chino”…si juego!...Voy a la misa y regreso-conteste casi sonámbulo, sin mirarlo. 

 

Me arregle la corbata de color guinda y camine sin mirar por donde pisaba. Mis ojos solo buscaban por donde iba ella, Ruty…¡Sí Ruty!...ya podía pronunciar su nombre…el nombre que jamás olvidaría…¡Mi primer amor!..Metí la mano izquierda en mi bolsillo y comencé a caminar entonando, la canción de Carlos Gardel:      

   -   “El día que me quieras, la rosa que engalana, se vestirá de fiesta con su mejor color            

         Y el viento a las campanas dirán que ya eres mía.”       

      “El día que me quieras, no habrá más que armonía, florecerá la vida              

        No existirá el dolor        

      “La noche que me quieras..¡Las estrellas celosas nos miraran pasar!......” 

 

Estoy seguro, querido nieto, que no habrá mayor mortal feliz…que el adolescente, cuando conoce el primer amor, cuando por primera vez, su corazón comienza a latir por una mujer…la mujer que Dios te dio para que sea tu compañera de toda la vida y que únicamente el hombre, con sus mezquindades y egoísmos, destruye lo más hermoso que pueda habérsenos dado…¡El Amor..!...ese amor que tu debes encontrar por gracia de Dios y que debes cuidar como joya invalorable…y..No existe mayor valor en una joya humana que los sentimientos…que la belleza espiritual…¡No lo olvides, la belleza espiritual! Durante la misa, vi su delicado rostro, lleno de ternura y devoción, rezándole a la Virgen del Carmen, su cabello tapado por un velo blanco, hacían que la viera como un ángel de pureza. Su madre se percato de mi insistente mirada y le dijo algo al oído…ella entonces volteo su rostro hacía mi y creí ver complacencia en sus ojos…volvió a dirigir su oración a la virgencita y yo respetando ese devoto momento, avance hacía el lado izquierdo de la iglesia y me perdí de su mirada, para no pecar de indiscreto. Al estar cerca del beato Martín de Porras, le dije en silencio: “Negrito, pídele a Dios  perdone mis pecados y ruégale por mis padres, mis abuelos y también por ella, mi dulce amiguita”..”Ah y también dile que hoy debo ser el goleador del partido..no me falles..te prometo que no me olvidaré de tu velita misionera”. 

 

Eran las nueve y cincuenta minutos de la mañana y el equipo del barrio de Los Naranjos, conocidos como buenos peloteros, ya se encontraban listos para iniciar el encuentro deportivo, faltaban solo diez minutos. Ya me había sacado la casaca, la corbata y los puños de la camisa remangados, solo me faltaba meter entre mis medias, la basta del pantalón. Cuando mis primos me llaman, para presentarnos ante el padrino, que había donado el trofeo que deberíamos disputar, me puse tenso y preocupado, conocería al padre de ella, la primera vez que lo vi, fue tan rudo en su calificativo, que me hizo temblar el hecho de tener que estrechar su mano. 

 

-                     ¡Bien jovencitos!...¡A dar buena batalla…son ustedes buenos soldados y estoy seguro que van a vencer! 

 

-         ¡Chicos, el capitán Soldevilla..es vuestro padrino y les pido un fuerte aplauso para él – Nos incentivaba, mi tío Esteban – papá de mis primos Juan y Andrés – gran aficionado al fútbol. 

 

-         ¡Ah ver muchachos, tres hurras por el padrino!...¡HIP...RA ..HIP..RA..HIP..RA! 

 

 Por primera vez, jugaría en el equipo de mis primos, siempre compartíamos momentos de juegos infantiles, pero nunca había tenido la oportunidad de jugar al fútbol con ellos, pero más pudo mi anhelo de ser admirado por ella que el temor de no comprenderme con sus amigos. El pecado de soberbia, posiblemente me estaba  invadiendo, pero a esa edad no podía comprenderlo, solo me dejaba llevar por el sentimiento sano de un jovencito lleno de ilusiones.         

 -  ¡Hola, soy Perico y juego de defensa!...¡Ah y soy el capitán del equipo!..¡Tu de que juegas! 

 

-          ¡Soy delantero…juego por la derecha! 

 

-          ¡Bien…estos son…el “Chueco”…”Moninga”…”El feo”…y a tus primos ya los conoces!  

 

Nos acercamos al tío Esteban, que fungía de Director Técnico y nos dio algunas recomendaciones, para evitar los fauls y penales en nuestra contra. Yo me encontraba impaciente por demostrarle a ella, que era el mejor. El árbitro del encuentro, era el señor Julio Carpena – veterano del futbol profesional – muy conocido en los Barrios Altos, ya que según comentaban había jugado por el Club Mariscal Sucre de La Victoria. Tocaba su pito dando por iniciado el encuentro, “El chueco”, centro delantero de nuestro equipo, hace la señal de la cruz y toca la pelota hacía “Moninga”, yo que intuyo y corro por la derecha, recibiendo un gran pase del puntero izquierdo, avanzo y antes que pateé al arco, recibo un “zapatazo” de “Cara de diablo” de los Naranjos, conocido por faulero y matón, fui a parar por la vereda cerca de la puerta del padrino de nuestro equipo. Mire mi pantalón dominguero y pensé en la Tina, pero en ese momento más importante era recobrar la pelota, me pare y enfrente a “Gorilón”, back centro del equipo contrario, me quiere “quebrar” pero le quito la “redonda” y se la paso de taquito al “negro” Andrés, que la para con el pecho y la centra, logrando cabecear “El chueco”, que “cuelga” al “loco”Tomás – arquero contrario – y primer gol de Conchucos. El barrio de mis primos, salta de alegría y gritan: 

 

-         ¡Gol!...¡Gol!....¡Gol!...

 

- ¡”Chueco”!.....¡”Chueco”!... 

 

Yo, que volteo hacía la concurrencia y la veo …¡A..ella..!..a la Niña Bonita..me quede inmóvil admirando su belleza…ahora vestía una blusa blanca de mangas cortas y pantalón de color amarillo. Se había colocado un pañuelo de colores en la cabeza, protegiéndose del sol…aplaudía y saltaba de alegría.

 

 -         ¡Oye..wing derecho…corre a tu sitio!…me gritaba el capitán del equipo. 

 

El “chato” Laos de los Naranjos, mi compañero del salón de clases, me mira amenazante y pasa su mano derecha por su cuello – clásica señal de amedrantamiento – No me asusto y pido la pelota a “Moninga”, quién saca de su “cofre” una gran jugada, “dribliando” a tres del equipo de “Gorilón” y me pasa el esférico entre dos hombres de los Naranjos, la recibo y quiero lucirme tratando de “quebrar” a todo el equipo contrario y lo único que consigo es una “levantada” que me deja medio muerto, sobre el empedrado de la calle Conchucos, volteo hacía donde estaba ella y veo en su rostro signos de preocupación…la rabia me enerva y correteo al centro delantero contrario, derribándolo de una artera patada ilícita, que el arbitro cobra con la pena máxima…¡Penal!...El score se pone uno a uno y la barra del barrio de mis primos se muestra preocupada..¡Cambio!...¡Cambio!..se escucha en todo el vecindario y Perico, que me mira insinuante, tiemblo al pensar que me puedan sacar del equipo, sin haber demostrado que era el mejor…jadeo y transpiro..no de cansancio…sino de preocupación por el cambio que se avecinaba.

 

Termina el primer tiempo igualados uno a uno y mi tío Esteban que nos reúne. 

 

-         ¡Muchachos..no puede ser…ustedes son mejores!...¡tienen que jugar a la pelota..no se engolosinen, efectuando “cabreadas” innecesarias!...¡La defensa esta bien…pero la delantera deja que desear, tenemos que realizar cambios!...¡A ver quién sale!Y el tío, que me mira a mi…yo…yo que tiemblo..  

  -         -¡Yo salgo!....dice “Moninga”…¡Estoy lesionado! 

 

  -         ¡No …ni hablar, tu eres el mejor del equipo!..¡No puede ser!   – grita el “feo”Zapata 

 

-         ¡Entonces, que el equipo quede así!...¡me comprendo con Rodolfo y él es el único que entra con fuerza en esa brava defensa!..Sentencia “Moninga”, guiñándome el ojo, disimuladamente. 

 

 Con el tiempo, he podido comprender, que Roberto García a quién apodaban “Moninga”, por ser morenito, adivinaba mis sentimientos, él era un extraordinario delantero, jugaba mejor que todos en el barrio de Conchucos, parece que yo le caí bien y quiso ayudarme, mi salida hubiera sido fatal para mis anhelos de figurar, ante la niña que adoraba. Después de ese encuentro deportivo, nos convertimos en grandes amigos. Lamentablemente sus padres, tuvieron que regresar a su Chincha querida, lugar de donde eran oriundos. 

 

Comienza el segundo tiempo del partido y todo el público asistente, vivía momentos de gran emoción, ya que el marcador se mantenía igualado, aún faltando escasos minutos para que concluyera el encuentro. Las barras de ambos equipos, aplaudían y alentaban sin cesar a sus preferidos.La labor de “Moninga” y el “Chueco” a pesar de sus grandes habilidades futbolísticas, no daban los resultados positivos, ya que la defensa de los contrarios se  mantenía férrea y resistente a cualquier intento de nosotros. El “Chato” Laos a pesar de su tamaño, era uno de los mejores de su defensa, “Cara de diablo”, fauleaba a diestra y siniestra, sin dar cuartel y en una de sus faltas el arbitro le llama la atención y ordena tiro libre a favor del equipó de Conchucos. Perico dispara y el “Chino” Juan, la recibe parándola con los muslos, se acomoda la pelota, quiebra a uno y la pasa a “Moninga” que se corre por la izquierda…viene..”Cara de diablo” –el matón- levantando con fiereza su pierna derecha y mi amigo que se la pasa por arriba de su cabeza, se acerca el “chato” Laos y Roberto García “Moninga”, que se la pasa por entre las piernas…el “chato” que golpea el empedrado de la calle Conchucos, renegando por la jugada que le hicieran…Mi amigo avanza y con los dos pies, enreda la pelota y con el taco del pie izquierdo –que es la que mejor domina – la levanta de atrás hacía adelante…”Gorilón” solo ve pasar la redonda por encima de su cabeza, “Moninga” la recibe con el pecho y se encuentra solo ante el arquero, únicamente para patear…pero me ve hacía la derecha y no duda ni un instante, pudiendo hacer el gol, prefiere pasármela…yo que disparo sin mirar siquiera la pelota y….  

 

-         ¡Goool!....¡Goool!...Goool!...

 

 -         ¡Rodolfo1…¡Rodolfo! 

 

Gritan alborozados, toda la hinchada de Conchucos, “Moninga” que me abraza y todos los demás del equipo, me felicitan y golpean mi espalda en señal de reconocimiento, no me di cuenta, pero mis ojos se humedecieron y brotaron lagrimas de emoción…”El negrito” San Martín de Porras…se había acordado de mi. El arbitro que toca el silbato, dando por finalizado el partido y el padrino…si…el padrino que corre hacía mi…y…que me abraza efusivamente…¡Buena soldado!.-..¡Muy bien!...¡Ganamos la batalla!...Mientras mi tío Esteban y toda la vecindad corrían a felicitarme…Ella…estaba en su puerta con su madre…mirándome muy alegre, sus ojos brillaban de emoción y orgullo…así se lo imaginaba…un niño que comenzaba a ser hombre..Mis ojos no dejaban de observarla y mi respiración se hizo más fuerte…¡Era yo el vencedor!...¡Era yo el mejor!...Cuando de pronto, mientras me “samaqueaban” al abrazarme, mi vista vio a un morenito oculto por la ceguera de un niño soberbio, que noblemente me había obsequiado el triunfo y se escondía de un premio que le pertenecía…y que se lo merecía…un premio…¡Que era de él!... 

 

 -  ¡Muchachos!...¡Muchachos!...¡”Moninga”!...¡Moninga!...¡Él…

 Él! …¡Ah sido el mejor!...- grite con todas mis fuerzas – 

 

Y todos corrieron hacia el, que sorprendido y emocionado, no sabía si reír o llorar…El“Chueco” y Perico, lo levantan en hombros y todos los vecinos se acercan para abrazar al héroe….¡Al héroe de Conchucos!...Mientras se lo llevaban, Roberto García voltea…me mira y con sus dos manos, se agarra el corazón…Yo…yo me sonrío…        -   

 

    -¡”Moninga”!....¡”Moninga”!....¡”Moninga”!

 

 Lo paseaban por todo el barrio, yo me quede parado en el empedrado de la calle Conchucos. Solo…Ya sin abrazos..ya sin hurras…Suspire hondamente, pero me sentía diferente…agache la cabeza, cuando de pronto sentí un dulce aroma…un perfume de rosas diría yo, intrigado levante la cara…y…allí estaba ella…parada frente a mi, con una leve sonrisa, con su carita de ángel, con sus rizos sobre la frente, con su blusa blanca y pantalón amarillo. 

 

 -         ¡Hola! Dice mi madre, que más grande que tu gol…es tu nobleza…¡Te felicito Rodolfo!  

 

Volvió a sonreír, me entrego una rosa, me dio la espalda y se dirigió a su casa…su madre la esperaba y cuando las dos estuvieron juntas, ambas me alzaron la mano y pasaron a su hogar...Nunca jamás tuve mayor emoción…nunca jamás me sentí como ese día…aprendí que los méritos deben ser justos…que nunca debemos hacernos de esfuerzos ajenos, ese día no fui el mejor…Roberto García “Moninga” era el triunfador…pero..yo me sentía feliz…Sí muy feliz…¡Rodolfo!...Me había llamado por mi nombre. Tomé mi casaca y corbata, bese la flor y me dirigí hacía el pasaje que da a la calle Comandante Espinar –hoy José de Rivera – y silbando “El día que me quieras” de Gardel, puse sobre mi hombro la casaca de color“concho de vino” y enrumbe hacía la casa de “La Panchita”, mi abuela paterna. 

 

Al llegar a la esquina con la calle República, me percate entonces, que toda la pulcritud con la que me había alistado la Tinita, se había convertido en un desastre. La camisa blanca manchada de tierra, la corbata arrugada, el pantalón hecho trizas, los zapatos sucios y raspados, mi cuerpo y cabello mojados por la transpiración, lo único limpio era la casaca. 

 

 -         ¡ Don Lucho!...¡Mi papá!...¡¿Qué va a decir mi papá?!..- Me repetía sumamente preocupado – 

 

 -         ¡Hola primo!...llegas tarde…ya tomamos desayuno…¡Mí tío Lucho está molesto! 

 

Era  mi primo hermano, Rolando Mendoza, mayor que yo por dos años, hijo de mi tío Fortunato Mendoza y de doña Inés Yriarte, ambos me profesaban un cariño sincero y el, mi primo, siempre fue lo más sincero de toda mi familia paterna. Al verme todo desaliñado y sucio me dijo, lo que siempre me repetiría en toda su existencia: 

 

   -         ¡Primo..tu…problema…es mi problema!  

 

La casa de los abuelos se encontraba en una esquina y como siempre todos los domingos se reunía la familia Mendoza Mejía, para pasarla con “La Panchita” y don Teodoro Mendoza.Mi abuelo era caporal de la Hacienda Campoy, propiedad de los hermanos Rebora y únicamente llegaba los fines de semana. Recuerdo su caballo blanco con montura de cuero labrado y adornos de plata y que siempre quedaba amarrado en el árbol que existía en la misma esquina de la casa. La morada de los Mendoza, era de quincha y puertas grandes de madera, toda una casona antigua, casi virreynal diría yo. Habían dos puertas de acceso y por una de ellas, me hizo pasar mi primo Rolando, escondiéndome en su cuarto. 

 

-         ¡Toma! anda lustrándote los zapatos, mientras yo traigo agua para que te laves y limpiemos tu ropa. 

 

Nunca olvide el gesto de mi primo y siempre que nos reunimos con su hermana Rebeca y demás primos, hago remembranza de ello, porque él siempre tuvo gestos hermosos hacía mi persona, nos apreciamos tanto que apadrino a tu tío Luis Rodolfo. Recuerdo que me dio hasta el perfume de su mamá, quién al saludarla, se sorprendió al sentir el mismo aroma que ella usaba. Al verme don Lucho todo limpio y bien peinado, se mostró orgulloso y me sentó junto a “La Panchita” y al abuelo Teodoro, cosa que celaba a varios de mi familia, que anhelaban ser los preferidos de los abuelos. Mi abuela sentía por mí un especial cariño, por ser el hijo del vástago mayor, pero a quién adoraba, era al “chino” Rolando, él le robaba todo su amor, merecidamente por supuesto. 

 

Nunca deje de jugar los domingos en la calle Conchucos, llegue a tener días de grandes éxitos, porque anotaba goles por mi propia habilidad y también jugadas que llamaban la atención por la comprensión que tenía con mi amigo Roberto García “Moninga”. Además, nunca tuve mayores problemas con don Lucho, debido a la “complicidad” del primo Rolando, que siempre estaba presto a sacarme de los apuros por jugar al fútbol a escondidas de mis padres.Dicha participación hizo además que obtuviera el aprecio de los vecinos y sobre todo de los muchachos del barrio, quienes ya me trataban como uno de ellos. Es aquí en el barrio de mis primos que se inicia, ese andar por diferentes barrios del Cercado de Lima, donde siempre deje buenos amigos.  

 

No había para mi, mayor emoción y satisfacción que verla a ella todos los fines de semana. Doña Rosa, su madre, permitía me acercara a Ruty, sin que su padre se percatara, él era demasiado recto me decía siempre la señora, debe ser porque mi hija está siempre delicada, debido a sus bronquios. Con la madurez que da la vida, creo comprender ahora al capitán Soldevilla. Su hija padecía una enfermedad crónica, por ello la sobre protegía y no le permitía una vida normal. Para mi el hecho de poder conversar con ella después de la misa, era pisar el cielo, nuestras conversaciones, se remitían a recordar los partidos de fútbol, en que domingo a domingo participaba y también de las presentaciones de teatro en las que yo intervenía en el colegio República Argentina de la calle Los Naranjos – hoy Antonio Miro Quesada- .Casi nunca la escuchaba, debido a que sin que se diera cuenta, me dedicaba a admirar su bello rostro, sus ojos me hacían suspirar, me encantaba su delicada nariz y sus labios me transportaban al paraíso…¡Era sumamente feliz!...Nada podía darme mayor interés, ni mayor alegría que el despertar de los días domingos. Cada vez que en las noches descansaba mi cabeza en la almohada, era solamente para soñar con la Plazuela del Cercado y ella..¡La Niña bonita!. 

 

Estaba en mi casa, examinando mis libros y cuadernos, al día siguiente tenía examen y debería aprenderme todo el semestre de Historia, no podían “jalarme”, era mi curso favorito. Cuando de pronto llaman a la puerta y la Tina que me ordena abrirla, Era Roberto García, mi amigo “Moninga”.    

         - ¡Hola Roberto!...¡¿Cómo estás?!...¡Ah que se debe semejante sorpresa!..                ¿Qué cuentas?...¿que cuentas?             

        - ¡Rodolfo!..¿Quién es?..¡Has pasar a la visita! –Preguntaba la Tinita-    

        - ¡Es mi amigo mamá..y..ya lo hice pasar…no te preocupes!               

        - Rodolfo te traigo una noticia, que seguramente desconoces..y sobre todo, te causara pesar.          

        -  ¿Qué…dime amigo…vamos “Moninga”..No me preocupes más y dime de que    se trata?           

       -   Es Ruty …sabes ella…se cambia de casa..se va…amigo…se vá…            

       -   ¡No puede ser…te juro que no sabía nada!..¿Pero dime cuando se irán?  -preguntaba angustiado-             

        -   ¡Mañana!..Es todo lo que sé ..Rodolfo….¡Mañana se va…mi querido amigo!...Tu       sabes su padre es militar y en cualquier momento son cambiados de lugar. Creo  que a sido ascendido de grado y por ello es la mudanza. También escuche a la señora Juanita del 860, que se mudan por la enfermedad que consume a Ruty …pero solo es un chisme, no lo tomes en cuenta amigo.              

        -   Se va…mi Ruty se va…no puede ser Roberto…¡No lo puedo creer! 

 

No solamente no lo podía creer, sino que además me aterraba la sola idea de no verla nunca más, eso me mataría…me mataría. Cuando me llamaron a la mesa, para la cena, únicamente el Papá Nato se pudo dar cuenta de mi desolación…de mi tristeza.              

          -    “Hijo mío, cuando somos niños, todo es alegría. Y cuando nos hacemos hombres, comienza el dolor, comienzan los sufrimientos. Quiero que sepas, que siempre hay un mañana, la vida te niega pero también te devuelve, además el mundo es pequeño y da tantas vueltas, que cuando menos pensamos, volvemos a encontrarnos con personas que dejamos de ver por tiempo. El destino es invariable..¡Recuerda existen tres inolvidables..Una será la compañera de tu vida!...¡Nunca llores…muerdete la lengua, pero nunca llores!...Esta ilusión..Porque solamente …es una ilusión querido nieto..la recordaras siempre…pero el mundo no termina…¡Aún no termina!”…Me consolaba el inolvidable Papá Nato.                                      

     Eran las seis de la mañana y ya me encontraba uniformado, para salir al colegio –le había dicho a la Tinita que debería estudiar de madrugada, fuera de casa para asimilar mejor mis estudios -. La verdad es que no se como llegue, pero ya me encontraba al frente de la casa de mi amada, sentado en el borde de la vereda, con la rosa que me diera entre las manos, mirando con dolor y tristeza la puerta del 865 de la calle Conchucos. Estaba estacionado un camión grande del ejército de un color beige. Al poco rato comenzaron a salir soldados, cargando muebles y enseres de la familia del capitán Soldevilla, que iban acomodando en el camión, poco a poco. Mientras mi corazón se hacía pedazos. Casi a las 7:30 de la mañana llegó el Ford de color verde y blanco y se estaciono justo en la puerta que yo no dejaba de mirar. El padrino de nuestro equipo de fútbol, bajo del mismo e ingreso a su casa con gran apresuramiento. De pronto salió ella…mi niña bonita…mi corazón parecía estallar. El día era gris y lluvioso, vestía un abrigo de color habano, un pañuelo cubría la hermosa cabellera de color castaño y rizado. Esta vez no pude ver el jugueteo de sus cabellos en su rostro. Se paro frente a mí..Yo no pude dar un paso, permanecía estático y mis pies se trabaron, mi respiración se paralizo y ella lucía un rostro pálido…pero lleno de pureza y emanaba un brillo de dulzura. Se saco el pañuelo y movió la cabeza, dando lugar a que su cabello que tanto me emocionaba, acariciaran sus ojos y mejillas. Parecía adivinar mis pensamientos…parecía sentir que sus cabellos eran mis manos que acariciaban con gran dulzura su hermoso rostro…Rostro de ángel…rostro de amor….de amor de un niño que se hacía hombre…de hombre que empezaba a conocer el dolor. Avanzo unos pasos y su padre le negó que continuara, sus ojos brillaban posiblemente por la lluvia que bañaba su cara o quizás por lágrimas…lágrimas de amor. Quise avanzar…quise llorar…pero recordé al abuelo…qué siempre me pedía que no llorara. Ella sonrió, alzo la mano y me dijo adiós, subió al carro y esta vez no volteo la cabeza. Las puertas se cerraron, de la casa y del carro. El Ford de color verde y blanco partió siguiendo al camión del ejército, para nunca volver..Yo pude avanzar hasta el medio de la calle empedrada, la rosa cayo de mis manos….no pude decir adiós…no pude levantar siquiera la mano…¡No podía ser!......¡Nunca más la sonrisa leve..!...¡Nunca más la blusa blanca y pantalón amarillo!...¡Nunca más el perfume con aroma de rosas!...¡Nunca más los rizos jugueteando en su rostro!...¡Nunca más los ojos tristes, pero llenos de dulzura!....¡ Nunca más la niña Bonita!

                            

                                       FIN

rodolfo mendoza

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Comentarios:

Escrito por: cetope       09/09/07 20:48
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RODOLFO, me gusto mucho tu historia romantica infantil, muy humana y muy bien relatada. Espero que nos sigas regalando con mas historias, sobre todo de tu paso por nuestro querido "Colegio Militar Leoncio Prado".
Escrito por: Piegrande2       23/08/07 06:09
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Excelente historia. Me encantó el comentario sobre los 3 amores. Gracias por compartir esta historia y hacerme retornar a mi infancia. Creo que la narración es impecable. No estoy acostumbrado a los relatos extensos, sin embargo me atrapó.
Tan sólo al final, me hubiera gustado un poco más, mas historia o más reflexión, no se. Creo que no tiene un buen cierre, digno de una historia brillante.
Saludos!
Escrito por: perrosabueso       22/08/07 16:11
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Es una historia muy bien escrita, que nos recuerda nuestros primeros amores de niño. Usted tiene un gran talento.

En terminos de la historia y la extension, mi unico comentario —y eso solo una muy personal opinion— es que para mi un cuento, un buen cuento, es siempre una estructura que lleva a galope las peripecias del drama hasta su final. El que en el cuento se narren muy diversas experiencias, o cuando los hilos de la trama se bifurcan demasiado, convierten al cuento en otra cosa. Creo que la palabra "relato" viene bien aqui, aunque los criticos literarios no se ponen mucho de acuerdo en estas clasificaciones.

Francamente, hablando con la verdad en mi corazon, la repeticion del niño y sus sentimientos para con la niña me parecieron repetitivos, y me puse a mirar cuanto faltaba para que acabara el cuento. Cuando un lector hace eso, y ese fue mi caso, se pierde mucho, el poder y la fascinacion que debe ejercer el cuento llega a un punto en que ya no esperamos mucho, y, a veces, el lector deja de leer o lee empujado por su responsabilidad de lector en vez que por la alegria de la lectura.

Pero, repito, es usted talentoso, no tengo que decirlo, usted lo sabe, tengo otra vision del cuento, las compañeras y compañeros antes de mi le han comentado con entusiasmo. Adelante.
Escrito por: konsuelo_16       21/08/07 02:46
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Oye que linda la historia y bien relatada, me facino, yo estoy en esa etapa del primer amor (jeje) y voy a tomar en cuento el consejo a Diego que hay tres amores en la vida.Me encanto salu2. y felicitaciones.
Escrito por: INGRID_CHILE       20/08/07 02:04
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Soy reticente a leer escritos muy extensos, valoro la brevedad, sin embargo, con trazados como estos, no me encuentro frecuentemente. Destaco la impecable calidad narrativa, la estructuración insuperable de los personajes, en un entorno costumbrista. Relevante es también la temática que aborda en forma notable, conceptos, como lealtad, amistad, y consecuencia. Todo esto enmarcado en una dulce vivencia del primer amor. Esta obra es una verdadera joyita, para quienes gustan de la simpleza del relato, pero a la vez con un contenido generoso en elementos existenciales. Felicitaciones.
Escrito por: victoriano       05/08/07 08:22
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muy bonito
Páginas: 1

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