


| Escritor: | Tandil |
| Públicado: | 11/11/2007 |
Carmen es una mujer mayor, aunque si esta historia se las contara mi madre, seguramente les diría que era una chica de su edad.
Nuestra protagonista vivía en un pequeño pueblo de España, tan pequeño y tan perdido que no figuraba en el mapa. Pero tan especial que quedaba en la memoria de todo aquel que lo visitaba, ya sea por casualidad o por recomendación de algún amigo o conocido.
Carmen estaba casada con Rigoberto, el proveedor de agua fresca de la familia Fernández, los más adinerados del pueblo. Ambos compartían su vida desde según Carmen desde que ella existía. No recordaba ni un solo día sin Rigo (llamado asi cariñosamente)
Ella era la perfecta esposa, acompañaba a Rigo desde el mismísimo momento en que el sol comenzaba a asomar por el horizonte. Se podría decir, que Carmen era la sombra de Rigo. Y a medida que la luna daba sus primeros pasos en el celeste cielo, Carmen empezaba poco a poco a desaparecer, hasta terminar desvaneciéndose cuando la oscuridad reinaba en la hacienda.
A pesar de eso, alguna que otra noche Carmen hacia alguna aparición majestuosa ante su querido Rigo, simplemente cuando algún descuidado dejaba encendida la luz de la entrada de la casa.
Pero no todo era rosa en este matrimonio, ya que Carmen era muy consciente de que si a Rigo le sucedía algo malo, ella lo sufriría con el.
La mañana del 20 de agosto de 1942 llegaron a la casa que el matrimonio habitaba, los nietos de los dueños.
Los gritos, las peleas y un arsenal de juguetes invadieron la casa, y aumentaron el temor de Carmen por la vida de su amado. No era para menos la pelota rozaba a Rigo constantemente, hasta que el momento más temido llego y uno de los pequeños grito:
- Abuela, abuela, he roto el botijo de agua con la pelota.
En este instante el botijo Rigoberto había quedado hechos añicos y con el, su adorada esposa Carmen había quedado desperdigada en pequeños manchas de sombra esparcidas al lado de cada trozo de su esposo.
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