-Hola... Cómo estás? He venido a ayudarte. Cómo te llamas?- Le dije, intentando romper la atmósfera fría que dominaba el cuarto
-Abel- Me dijo con un aura de muerte.
Necesitaba los mayores datos que pudiera darme. Necesitaba abrirle un folio también, estos casos siempre servían para una recomendación personal.
-Cuantos años tienes?
-Quince
Cuando respondió un aire caliente pasó por mi cabeza. Se veía claramente que era un hombre de aproximadamente veinticinco años, pero tenía la voz suave e inocente; entonces comprendí un poco lo que pasaba, pero en ese momento era solo una corazonada.
-Sabes lo que ha pasado? Sabes por qué estás aquí?
-Sí; pero le juro que yo no lo hice, yo soy inocente¡
-Y quien lo hizo?- Le pregunté intentando encontrar una forma de ayudar al hombre que veía en frente mío. La lástima había llegado a mí, y me daba una minúscula esperanza de estar ante alguien que era culpado injustamente.
-Hágalo irse. Por favor¡ Hágalo irse¡¡
El oxígeno se volvió espeso, los dos comenzamos a agitarnos, la forma de su rostro y el tonmo de su vpz radicalmente cambió. Yo ya no dominaba mis actos, él tampoco. Estaba encerrado y lo único que pude hacer para salvar mi propio pellejo fue gritar
-Auxilio¡ Auxilio¡- Grité esperando a que la puerta se abra, mientras él convulsionaba en su silla, atado, casi rasgando su piel, intentando soltarse- Auxilio¡- Dije más fuerte y en ese momento la puerta al fin se abrió.
Salí despavorido, no pude disimular mi miedo de modo alguno.
-Cómo fue que pudo durar tanto allí adentro?- No ví ni la mínima inquietud en el rostro del oficial que, fumando, se regocijaba con el puro que se llevaba a la boca. El corazón parecía que iba a saltar ya de mi pecho.


