


| Escritor: | skylar |
| Públicado: | 24/06/2007 |
Recién había imaginado la tempestad que comenzaría a dibujarse en las afueras de su sueño, también podía reconocer la espalda de ella alejándose como muchas otras veces…pensaba en aquella playa, donde la conoció, en la fragancia de aquel tiempo…finalmente descendió de sus pensamientos, dejó las alas en el perchero y se tomó una ordinaria taza de café.
Ella alcanzó a tomar el urbano de medio día con todas aquellas vicisitudes que implicaba transportarse rodeada de tanta gente…pronto comenzaron a observarla al igual que en los interminables senderos llenos de miradas, de ojos ya sin rostro, sin esperanza; contemplando algo que definitivamente también les sucederá… decidió bajar mucho antes de la cuadra donde estaba la clínica. Las marcas de su piel comenzaban a asomarse aun al portar su traje sastre... ¿era entonces verdad…? ¿acaso las personas comenzarían a desgastarse lentamente hasta esfumarse como ceniza viajando en el viento?...pensó en la primer mujer que desapareció así y vino a su mente esa retahíla gris de preocupaciones….¿donde quedaría ella…siendo esa materia volátil?...en la calle pululaban avisos de la extraña epidemia; un enfermo podía convivir con alguien sano por mucho tiempo sin que este padeciera jamás, pero podía ser repentino, podía sucederle a cualquiera…un semblante lleno de códigos imprecisos ya era parte de todos los que caminaban alrededor de la plaza, por las calles…era una desolación anticipada, como nunca habían experimentado los seres humanos; la alarmó demasiado el observar que parte de sus dedos eran mas delgados que antes, prueba de que por ahí comenzaba aquel extraño padecimiento.
Apresuró sus pasos….con el miedo intacto, como si nada pudiera eliminarlo de su cerebro. Al llegar a la alameda reconoció lo que quedaba de un cuerpo que recién se había desintegrado…no pudo menos que derramar una lágrima pesada y amarga. En el escenario de todos los días, en los noticiarios, en la fría y aterradora cotidianeidad parecía solo restar el hecho de seguir caminando. Recordaba cuando su padre le decía que debía cuidar su alma para que llegara al sitio correcto, mientras leían miles de frases dedicadas a guardarle un espacio seguro a las almas que se iban de la tierra…parecía que en aquel desvanecimiento se iba también esa membrana; huérfana por completo de aquel ropaje de lo impalpable, dejando tras de si a la nada…¿la nada?...esa palabra que siempre había sido un disilábico elegante para la ausencia de un todo, ahora en verdad existía entre la voz y el vértigo de quien se despedía…de quien se quedaba observando.
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