CAPÍTULO IX. "LA LÁPIDA"

Laureyne desapareció entre los árboles. Cuando estuvo lo suficientemente lejos para estar segura de que no la oían, echó a correr.

--¿De verdad creéis que va a inspeccionar los alrededores? -Preguntó Esperanza abriendo la mochila de Laureyne.

--¿Y por qué no? -Salió Lupe a la defensiva- Siempre tiene proyectos en la cabeza. Déjenla que se despeje, que piense en sus cosas...

--¿En Isis Dulcis? -La picó Joana.

Lupe sonrió.

--No. -Respondió con aire misterioso- Tal vez en Dorothee.

Laureyne deshizo el camino recorrido en dirección al atajo que tomaran y el que Joana considerara de cabras.

Cuando ya se acercaba al lugar donde viera la losa por primera vez, se detuvo. Miró a su alrededor y, no viendo a nadie, se acercó lentamente.

Allí, semioculta por la maleza y el polvo, estaba la gran losa. Se agachó. Era algo así como una sepultura o quizá sólo una gran lápida. En letras grandes y en relieve se podía leer el apellido BOLLINARD.

--Esto ya está listo. -Aseguró Joana poniendo un último bocadillo en el plato de plástico que estaba ya a rebosar- Por cierto, hoy es el día, como ha dicho Espe, de las demoras de Laureyne. ¿Dónde se habrá metido ahora?

Lupe dejó el Energy Drink junto a su soda y se sentó.

--Espero que no tarde. -Murmuró Esperanza- Ni que nos haga cambiarnos de lugar porque viera una hermosa mujer rubia de ojos azules o algo por el estilo.

Joana se rió entre dientes.

--¿Es que piensas que está con Isis Dulcis?

--Fue sarcástico. -Remarcó Esperanza- Ya dije que no le gustan las rubias.

Laureyne seguía contemplando la losa. Se había puesto de rodillas y pasaba el dedo por las letras en relieve. ¿Se enfadaría Dorothee si levantara la lápida? Y, en caso de poder moverla, ¿qué encontraría?

De repente oyó que a lo lejos la llamaban. Era, posiblemente, la impaciente de Joana.

--¡Laureyne, la comida está lista! -Seguía gritando la voz- ¿Dónde diablos te metes? ¡Laureyne!

Se levantó y echó a correr en dirección al claro del bosque. Por nada quería que Joana la viera y se acercara a preguntarle si estaba rezando o algo por el estilo.

--Al fin llegas. -La reprendió Joana- ¿Dónde te habías escondido?

--En ninguna parte.

Y era cierto, ya que aquel lugar sólo estaba rodeado de algunos arbustos, zarzas y maleza.

--Bueno, siéntate con Lupe. -Le pidió cuando regresaron junto a las otras dos- Mira, la muy perdonavidas te ha traído dos Energies Drinks.

Laureyne se sentó entre Esperanza y Lupe, cogió un bocadillo de jamón y empezó a comer en silencio.

--Qué hambre tienes, vida. -Le acarició Lupe la espalda- ¿Dónde estabas?

--Revolcándose por los cerdos. -Bromeó Esperanza- Cerros, quise decir.

Pero Laureyne no le hizo caso. ¿Qué habría bajo la losa? ¿Tal vez encontrara un pasadizo secreto? ¿Algo así como el corredor oculto de la Cripta Von Schlotterstein? La verdad era que todavía le chocaba la gran diferencia entre Dorothee Bollinard y tía Dorothee, pero, claro, la primera era real y la segunda aparecía en una serie literaria.

--Está delicioso este preparado. -Comentó Lupe mordisqueando un bocadillo de queso.

La comida transcurrió agradablemente en silencio. Laureyne apuró el Energy Drink y se tumbó en la hierba. Estaba algo húmeda, pero no mojada.

--¡Buena idea! -Exclamó Joana tendiéndose también- Me parece estupendo hacer una siesta después de esta comida tan exquisita.

Lupe y Esperanza recogieron las cosas y se acostaron también. No tardaron en quedarse dormidas, a excepción de Laureyne, que esperó hasta estar segura y después, con mucho sigilo, se levantó y se alejó.

Volvió a recorrer el trecho que la separaba de la losa. La misma seguía allí, con su maleza y su polvo.

--Supongo que no habrá nadie debajo. Sería fatal que le diera los rayos del sol.

Golpeó la losa, pero no se oyó ningún ruido conforme debajo hubiera un hueco. Se arrodilló y empezó a limpiar la piedra.

--Familia Bollinard. -Leyó pensativa mientras arrancaba más hierbajos- Siglo X. Pero Dorothee no lleva once siglos muerta, sino setecientos años. Tal vez la familia empezó a convertirse en vampiro en el siglo X.

Pensando en voz alta, y pasada más de media hora, consiguió dejar la lápida, o lo que aquello fuera, al descubierto. Era bastante grande. Tal vez de un metro y medio de altura por uno de ancho.

Laureyne se sentó a tomar aliento. ¿Y ahora qué debía hacer? ¿Empujarla? ¿Moverla hacia los lados o hacia arriba y abajo? ¿Levantarla?

La losa sobresalía unos diez centímetros del suelo. Laureyne la intentó mover hacia la derecha, la izquierda... hacia arriba y hacia abajo... pero no hubo resultado. Jadeando, la empujó hacia adentro, pero tampoco se movió.

--Deberé levantarla. -Se dijo- Aunque quizá pesa demasiado para mí.

Tras descansar unos instantes, tal vez diez minutos, intentó levantarla. Metió los dedos entre la tierra y la losa y tiró hacia arriba. Consiguió alzarla un poco, pero le resbaló y...

--¡Ay!

Soltó la enorme piedra lisa con letras en relieve y se metió el anular derecho en la boca. Sangraba.

--Esta cosa pesa lo suyo y, aunque me lastimó bien duro al caérseme sobre el dedo, no desistiré.

Cuando se le calmó el dolor, cuestión de varios minutos, volvió a meter los dedos entre la losa y el suelo sin utilizar el anular derecho que no mostraba demasiado buen aspecto.

--Esto pesa más que un muerto viviente. -Al pronunciar aquello se horrorizó y se corrigió rápidamente- Que un muerto y bien muerto.

Levantó la lápida un palmo del suelo y metió los dos pies para hacer fuerza también con ellos. Fue una mala idea. La piedra volvió a resbalarle y...

--¡Maldición!

Como pudo sacó los dos pies y la losa volvió a quedar en su posición inicial. Parecía que no hubiera manera de levantarla sin peligro.

Se puso en pie cojeando, ¡le dolían ambas extremidades!, y se dirigió al bosque más cercano en busca de una rama caída o quizá de un tronco.

--Ya está bien de dolores. -Refunfuñó- ¿O acaso esto significa que no debo ver lo que hay debajo? ¿Tan malo es?

No encontró ramas gruesas, pero sí una roca bastante grande. La cogió y volvió donde se encontraba la losa.

--Imagino que no me llevaré ninguna decepción.

Dejó la roca junto al sepulcro. En cuanto levantara aquél, entonces la empujaría con la pierna.

Lupe abrió los ojos. Miró a su alrededor y, al no ver a Laureyne, sonrió.

--Volvió a escaparse. -Susurró con regocijo- ¡Ay, si las demás lo supieran! ¿Dónde estará mi pequeña? Seguro que encontró algo bien interesante. Es posible, incluso, que tenga una escapadita amorosa con Dorothee. ¡Hacen tan buena pareja! En realidad me gustaría que así fuera. ¡Y me agradaría tanto que se quedara a vivir con nosotras!... Claro que es muy pronto todavía... No sé cuánto haga que se conocen, pero parece que...

Un aullido la hizo callar. ¿Habría lobos por allí? El aullido se volvió a oír. ¿Qué sería? Se incorporó. ¿Debería despertar a las otras?

--Qué cosa más extraña. -Se dijo- Parece inhumano.

El aullido se repitió. No, definitivamente no era de un lobo. Era más bien el alarido... ¡de una persona!

--¿Por qué hará semejante escándalo? -Se preguntó Lupe intranquila- Si se escucha de nuevo, sin despertar a las demás, iré a ver qué sucede.

Pero no se volvió a oír.

--Menos mal. -Murmuró- Parecía la voz de un espectro.

En realidad lo que Lupe había oído eran las maldiciones de Laureyne. Había conseguido levantar lo suficiente la losa, pero al querer meter la roca... ¡la pesada lápida le había caído sobre la pierna!

--¡Maldita sea! -Aulló enojada- ¿Es que no voy a conseguir nada?

Entonces se dio cuenta que bajo su pierna había... ¡tierra! No sentía vacío, ni se le había hundido en algún hueco... ¿Qué habría debajo de aquella pesada piedra? ¿Acaso el hoyo, la entrada secreta o lo que fuera, estaba en una de las esquinas?

Con dificultad subió nuevamente el sepulcro y consiguió empujar la roca y meterla entre éste y el suelo. Después de sacar la pierna, se levantó y, con un esfuerzo desesperado... ¡la puso en pie!

--¿Cómo? -Se preguntó sosteniendo todavía la gran losa- ¿Cómo es posible?

Estaba atónita. Allí, donde había estado la lápida, no había entrada, ni hoyo, ni nada por el estilo. Simplemente había tierra completamente seca y dura... o eso parecía.

--Esto no se explica. -Murmuró enojada- ¿Qué hace una lápida aquí tirada?

Dio una patada en el suelo, pero sólo consiguió hacerse daño. Después de unos segundos de perplejidad total, apartó la roca con el pie.

Iba a dejar la plancha rocosa en su lugar cuando algo azul la detuvo. ¿Qué era aquello?

--Cómo me gustaría que estuviera aquí Lupe conmigo. -Se dijo- Así ella podría escarbar un poco en la tierra y sacar ese objeto azulado.

Miró a su alrededor. Si dejaba la lápida, ésta caería sobre unas zarzas y por nada del mundo quería matar un ser vivo sólo por que sí.

--¡Joana! -La llamó Esperanza- ¡Lupe!

Lupe se incorporó sobresaltada. Joana, sin embargo, fue más difícil de despertar. ¡Cosa rara en ella!

--¿Qué... qué pasa? -Preguntó cuando se hubo sentado.

--Laureyne se volvió a marchar.

--Ya lo sé. -Respondió Joana mirando a su alrededor- Lo estoy viendo con mis propios ojos.

Lupe esbozó una sonrisa.

--¡Hace ya rato que se fue! -Exclamó- No les quise despertar cuando me di cuenta. Además, creo que está enamorada y que necesita estar sola para pensar en su... amor.

Joana preguntó con sarcasmo:

--¿En Dorothee?

--Por supuesto que sí. -Afirmó Lupe- Estoy más que segura que en estos momentos están paseando de la mano.

--O del pie. -Bromeó Esperanza- ¡Qué sed que tengo! ¿Queda soda por ahí?

Lupe rebuscó en la mochila y le alargó una botella.

--Gracias, Lupe.

Joana, por su parte, volvió a la carga.

--Creo que hace mejor pareja con Isis Dulcis.

--Pues a mí no me lo parece. -Le aseguró Lupe.

--Ni a mí. -Intervino Esperanza- No le gustan las rubias, como ya les dije mil veces.

Joana se puso en pie.

--Bueno, iré a ver si la veo. -Informó con ironía- Es muy interesante ver cómo desaparece tan misteriosamente.

Joana marchó por el caminito del bosque. Salió del mismo y se dirigió, casi sin darse cuenta, hacia el lugar donde estaba el atajo. De repente se detuvo. ¿Qué era aquella cosa que se movía?

--No te molestes con Joana, Lupe.

Lupe estaba algo contrariada. ¿Por qué no dejarían a Laureyne tranquila? Aún así, sonrió cuando oyó la voz de Esperanza.

--Por supuesto que no me enojaré. -Le aseguró- ¿Quieres algunos dulces? Empaqueté algunos bizcochos de chocolate.

Esperanza asintió. La verdad era que a pesar de lo que había comido... ¡tenía hambre!

--Tómalos. -Le dijo Lupe tras sacarlos de la mochila y desempaquetarlos- Hay ocho, dos para cada una.

--Me pregunto si Joana habrá localizado a la escurridiza Laureyne. -Dijo alegremente cogiendo sus dos bizcochos- ¿Te imaginas que se llevara una buena decepción?

Pero Joana lo que se había llevado era un buen susto. Se acercó para comprobar qué era aquello que se movía y, desde una distancia más que prudente, vio que se trataba de una gran lápida que se movía... ¡se movía sola!

--Madre mía... -Tembló- ¿Qué es esto?

La gran losa seguía moviéndose hacia arriba y hacia abajo. Era como si alguien, tal vez el que estuviera enterrado debajo (pues había comprobado que se trataba de una lápida funeraria), intentara salir y la empujara y...

--¡Ay! -Chilló al ver una mano que aparecía por encima de la losa- ¡Dios, Dios, Dios!

Salió corriendo. Corrió y corrió desesperadamente hasta llegar donde estaban las demás. Cuando por fin las localizó, algo que le costó ya que se equivocó dos veces de camino, se dejó caer de rodillas.

--¿Qué te sucede? -Le preguntó Esperanza divertida- ¿Viste a Laureyne con Dorothee y te llevaste enorme desconsuelo?

Joana, que estaba jadeando, intentó regular su respiración. Cuando por fin lo consiguió, explicó atropelladamente:

--No he visto ni rastro de Laureyne. Ni con Isis ni con Dorothee. Lo que sí he observado es algo prodigioso.

Las otras dos la miraron interesadas.

--¿Qué fue? -Quiso saber Esperanza.

--Desde lejos he divisado algo que se movía. Cuando me he acercado lo suficiente, unos diez metros, me he encontrado con algo... horrible.

Hubo una pequeña pausa. Después Joana siguió.

--Se trataba de una lápida de cementerio.

--¿Una tumba? -Se maravilló Lupe.

--No sé. -Tuvo Joana un escalofrío- No sé si era una sepultura o qué era. Lo cierto es que la lápida se estaba moviendo hacia arriba y hacia abajo, como si alguien estuviera empujándola desde debajo.

Esperanza sintió que las piernas le temblaban. ¡Por favor, qué cosas!

--Por favor... -Murmuró- ¿No querrás asustarnos inventándote una historia de miedo?

Joana negó. ¡Miedo! ¡Eso había pasado ella... o peor!

--Te lo juro.

--Me gustaría haberlo visto. -Suspiró Lupe.

--No lo creo. -La contradijo Joana todavía temblando del susto- Fue horroroso.

Hubo un silencio. Joana recordó de repente el motivo de su carrera y dijo:

--Pero eso no es todo.

Las otras dos la miraron.

--¿Qué más pasó? -Indagó Lupe. ¿Había más?

Joana tomó aire.

--De repente, cuando la losa se ha detenido por un momento, ha aparecido una mano muy blanca. Demasiado blanca, me ha parecido, y con algo oscuro en uno de los dedos. Parecía sangre.

Esperanza le alargó dos bizcochos.

--Toma. -Le dijo- A lo mejor te tranquilizan un poco.

--Sí. -Aceptó ella- Me pregunto dónde y qué estará haciendo Laureyne.

--Paseando, posiblemente. -Le respondió Esperanza- Sólo espero que no aparezca de nuevo como si se hubiera metido en la cripta de los Von Schlotterstein.

Lupe sonrió.

--En todo caso... ¡con tía Dorothee! -Insinuó Lupe.

--Lo que yo me pregunto -Dijo Joana fingiendo no haber oído la indirecta-, es lo siguiente: ¿habrá visto lo mismo que yo?

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Comentarios:

Escrito por: mayca       09/10/11 22:42
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Gracias amiga por compartir esta historia, pues esta muy interesante, un placer leerla y darte las gracias por compartirla. Un abrazo.
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