Canción enterrada

Abracé el tronco rugoso del apamate. La tarde se deshacía en grises que se asomaban al negro. El olor de ozono anunciaba una lluvia suspendida entre los relumbrones de los truenos y las explosiones de los relámpagos. Una canción de los Bee Gees resonó entre mis parietales al ver el corazón tallado a navaja sobre el relieve del   tronco. Las notas profundas del piano me arrojaron contra el suelo. Presioné con las manos la tierra removida entre las raíces  e intenté tararear la canción. Descargué mis zapatos sobre la tierra. Volví a estirar mis brazos alrededor del árbol hasta sentir el pecho desnudo.
   El edificio se tambaleaba entre los vaivenes de gritos viales y monóxido de las cuatro de la tarde. El ruido metálico de la puerta dibujó la figura robusta de una mujer. Sus pasos llegaron hasta el apamate.
   _¡Muy bonito señor Julián! ¿Así que ahora baila boleros con la mata?
   Aflojé la orografía del tronco y giré en sobresalto. Las palabras se abotonaban en mi garganta.
   _¿Acaso uno no tiene derecho a pasar un rato diferente? Señora Martha
   _No me cambie la conversación. Antes de bailar con el apamate lo ví saltar sobre esa tierra que está entre las raices. Los cabellos de Marthar   precipitaban líneas rubias en la cascada del atardecer.
   Desde el tercer piso bajaron en paracaídas los sonidos de un televisor junto a una bolsa de McDonald's. "…y ahora vamos con las noticias deportivas…"
   Respiré profundo. _ Sólo estoy recordando el juego de anoche. Es duro perder después de llegar ganando al cierre del octavo.
  La señora Martha se inclinó sobre la grama y levantó la bolsa. Sus dedos casi redujeron la bolsa a un simple papel.   _¿Y usted cree que me va a cortar con esa hojilla de cartón?Vamos señor Julián. A usted le pasa algo muy duro.
   Intenté dirigir mis pasos hacia la reja del jardín.
  _Claro que es muy duro llegar al octavo inning ganando 1-0. Entonces te emboscan con tres carreras y hasta ahí te trajo el río. Apagas el radio con un nudo en la garganta y el puño crispado. Porque no entiendes por qué ese manager dejó al pitcher novato contra ese bateador que es más peligroso que un mono en un laboratorio.
   Los pasos de la señora Martha enfilaban hacia el   árbol. Cada paso acechaba mi pecho con los acordes graves del piano de los Bee Gees. Seguía sin recordar la canciòn.    _Señora Martha. Ayúdeme por favor.
   La mujer volteó hacia el portón de salida. Los ojos marrones   destiñeron el rosado de sus mejillas _¿Qué tiene?
   _Me cayó basura en un ojo.
   La señora Martha atravesó la grama impregnada de basura. Los zapatos de goma deslizaron en la grama y ella los detuvo detuvo sin doblar las rodillas   _Usted si que es escandaloso señor Julián. Yo no veo ninguna basura allí. Me parece que está llorando de verdad.
_Le dije que estoy pasando el despecho de ver perder a mi equipo de béisbol.
  _¿No será otro tipo de despecho?
      La señora Martha metió las manos hasta el fondo de los bolsillos del blue jean. Sentí nna mirada detetivesca templando el cuello de mi camisa.
   _Hace días que no veo a la señora Rafaela. Desde que le entregué aquel sobre del tribunal. Y ese mismo día, cuando usted llegó, escuché una gritería en su apartamento. Parecía una pelea callejera, con insultos y hasta mentadas de madre.
   La señora Martha regresó al edificio y agarró la escoba. Sus ojos llegaban hasta mi occipital.
  _Si eso es verdad ¿Por qué no he visto más a su esposa?
   Tuve que morderme la lengua para atajar los resbalones de mi voz.
  _Ellá está de año sabático y aprovechó para hacer un post-grado en el exterior.
  _¿Y por qué usted no va a verla de vez en cuando?
  Una daga glacial visitó varios lugares de mi corazón a la vez. A la altura de la nostalgia soplaba un viento putrefacto. Me llevé la mano izquierda al pecho. Traté de abrir el portón de la salida y sentí dos piedras del escalón en mi rodilla.
   La señora Martha soltó la escoba. Sus zancadas flotaban sobre el archipiélago de basura. _¿Que tiene? ¿Que le pasa?
     Las puñaladas cardíacas horadaban todas las fibras de mi conciencia. Pero aún quedaba una mínima ranura por donde veía los nervios de la señora Martha llamando por teléfono. Ignoro cuanto tiempo pasó hasta que el aullido de la ambulancia se estrelló contra el portón de la salida.
  La señora Martha acompañó la camilla hasta la cámara de la ambulancia. La sombra del apamate llenó de penumbras la mitad de la grama. Un tropel de pasos la llevó al pié del   árbol. .Se agachó sobre las raíces. Ardía en deseos de  saber porque yo saltaba sobre esa tierra. Una textura firme hizo que retirara la mano con un movimiento brusco. Sus ojos se abrieron hasta la mandíbula de porcelana al distinguir la tapa de una caja metálica.
   Los papeles parecìan jorobas de camello de tanta làgrima   derramada. Martha levantó el primero:
   "Querida Rafaela: Respeto tu decisión. Nunca fue mi intención hacerte daño. Esta herida va a desgarrar todos los pedazos de mi alma cada vez que respire, cada vez que sueñe, cada vez que me levante.  Espero que seas feliz aunque no sea a mi lado. Nunca te olvidaré. Julián".
  Al levantar el segundo empezó a escuchar los acordes graves de piano y las voces  de los Bee Gees fracturaron la noche:
And how can you mend a broken heart?
How can you stop the rain from falling down?
How can you stop the sun from shining?
What makes the world go round?
  Martha miró varias veces hacia el balcón de mi apartamento. El contraste de su oscuridad con las luces del resto del edificio sacò un gemido profundo de sus ojos. Se levantó y corrió hacia el portón como buscando mi rostro entre las luces de la noche.
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Poesiacarnivora       11/08/07 04:03
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Lei tu historia,pero me perdi en la mitad,no logre relacionar el arbol,la señora Martha,el personaje ..Ya voy a reelerlo,me gusta que me hagan pensar.
Hasta luego.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar relatos
Nuestra red: Adelgazar sin trucos