


| Escritor: | orien |
| Públicado: | 24/06/2008 |
El manantial:
Recorrimos la cueva en busca de mas charcos de agua en la que pudieramos abastecer nuestra sed.El suelo era rugoso y muy oscuro. Pero eso no me importaba, era de piedra, y de la piedra no podian sugir muertos vivientes, o eso al menos pensaba yo.
Descubrimos un pequeño manantial de agua al este de la cueva. Era un manantial precioso, de aguas cristalinas. Pero se me hacia dificil reconocer algo hermoso entre toda auquella crueldad a la que nos habiamos expuesto.
Por ello tuvimos especialmente cuidado en inspeccionar el manantial. Como de costumbre estaba inundado de cuerpos putrefactos en el fondo del manantial. Un solo sorbo de aquella agua infectada y nos hubieramos muerto.
Por ello, decidimos volver a buscar pequeños charcos debido al insesante goteo de las estalactitas.
La sombra:
Pasamos muchas horas en aquella cueva, nos sentiamos refugiados del terror. Refugiados contra la muerte y el dolor.
Juan, aun enojado y desorientado, murmuraba una pequeña cancion. Creo, que intentaba evadirse de la realidad, como todos los demas. Daniel no hacia mas que buscar una respuesta científica a todo esto.Mientras que Andres me daba consuelo, diciendome que todo iria bien.
Yo me sentia como si estuviera en una horrible pesadilla, atada de pies y manos.
De pronto, Juan se puso de pie, y echo a andar. Yo le pregunte varias veces en alto a donde se suponia que iba a ir, pero no obtuve respuesta. Supongo que a buscar una salida.
Aunque no tardo mucho en regresar y contar lo que habia visto. Dijo que una sombra le habia perseguido. Una sombra que no era la suya.
No tardamos mucho en entender y ver lo que decia. Percibimos la sombra de un hombre que nos espiaba. Estabamos muy asustados, venia y se iba de un momento a otro, como un fantasma.
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