CAMBIO DE FOLIO (parte III-La llegada)

    Hacia ya 7 años, que no visitaba a mi familia y ahora llegaba a vivir con ellos. No lograba imaginar como seria. Solo recordaba que mis primos sentían antipatía hacia mi, tal vez, por ser el hijo mimado de mamá o porque en su tiempo, yo tenia todo lo que ellos no podían tener, no lo se.
     Miraba ensimismado como el paisaje pasaba raudo a mi lado e hipnotizado con el suave movimiento del tren y ese constante y rítmico ruido que producen las ruedas de metal al chocar con las uniones de los rieles, solo podía pensar en ella, en su llanto de despedida, en sus ultimas palabras, que habían, de cierta manera, encendido en mi, la esperanza de poder estar juntos otra vez.
     El tren se detuvo lentamente, eran como las 14:00 horas de un día sábado del mes de diciembre.
     Ciudad colonial, levantada a los pies de la cordillera de los Andes, lejos de la brisa marina a la cual estaba acostumbrado, me pareció totalmente calurosa, seca, solo se respiraba calor.
     Mi padre, irradiando alegría y con sus ojos brillantes, regresaba a su tierra natal. Tomó los bolsos y con un tono suave y relajado, nos indico que teníamos que caminar. A los tres pasos y con el bolso en los hombros ya estaba mojado de sudor, nervioso y ansioso a la vez de ver como seria todo esto al final.
     Todo a mi alrededor era totalmente nuevo, la gente era distinta, su mirada era distante y  a la vez altanera. Mientras caminamos me dedique a mirar las casas, eran antiguas , con mucho verde, predominaban los techos rojizos por las tejas de arcilla, muros gruesos hechos de adobe, pintados de colores pasteles. Pórticos con arcos y pilares de hormigón se veían en casi todas las fachadas. Mientras mas nos alejábamos de la estación el paisaje urbano comenzó a cambiar, ya no era tan colonial si no mas bien poblacional. Casas mas chicas y todas iguales una junto a la otra formaban un paisaje extremadamente simétrico.
     Luego de doblar en una esquina, escuché una voz que saludaba a mi padre, un abrazo y un fuerte palmoteo en las espaldas. Luego saluda a mi madre y coge sus bolsos para ayudarla. Era mi primo Claudio, el menor de cinco hermanos, un año mayor que yo. Pelo largo hasta los hombros pantalones cortos de mesclilla desteñidos y deshilachados y un colgante en su oreja derecha. Ese fue el detalle que me hizo dar cuenta y apostar a que con él, me llevaría bien, ya que yo también tenia un pendiente, pero por copia a los noruegos del grupo A-HA, en el lado izquierdo. No hubo un saludo formal ni tradicional, si no que corrí y le ateste un puntapié en el tracero, cuando se volteo con cara de enojo lo mire y mostrándole mi pendiente le dije seguro -¡¡¡¡¡¡¡Somos de los mismos!!!!!!!! Solo atino a sonreír y siguió caminando.
    Después de llegar a nuestra nueva y poblada casa y de los saludos protocolares, yo me sentía como mapuche en New York. Claudio solo se había dedicado a observarnos pero al caer la tarde y despues de una charla superficial, me invito a salir.
     Caminamos a paso veloz como por 30 minutos y entre charla y charla, me di cuenta de que  congeniábamos muy bien. Llegamos a lo que era la plaza principal de la ciudad, y a poco rato espesaron a aparecer uno tras otro los amigos de Claudio.
     Al regresar a casa ya avanzada la noche, acostado en silencio y a oscuras, mis pensamientos estaban divididos en dos. Extrañaba mucho la suave voz de Ediht, sus caricias y su cuerpo, estaba triste y estaba contento ya que había conocido nuevos amigos y había encontrado a Claudio que hoy en día, mas que primo es mi hermano.
 
                                                                                                     CONTINUARA..............
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Comentarios:

Escrito por: etelsaga       13/02/08 23:21
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¿Y Edith?
Escrito por: kaylita       06/02/08 01:08
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Ya quiero saber que pasará con Edith…
Te sigo leyendo…
Páginas: 1

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