


| Escritor: | Galvarino |
| Públicado: | 01/02/2008 |
Destrozado por la noticia, me pase tardes enteras abrazando a Ediht. Sin decir palabras, solo mirándola y disfrutándola. Por su parte, ella, a sabiendas que mi corazón se estaba destrozando comensó a alejarse muy lentamente de mi, casi imperceptiblemente fue alargando el cordón que me mantenía junto a ella.
Con el pasar del los días empecé, como buen macho, a tragar saliva y a resignarme a mi nueva situación. Primero recorrí rincones que había dejado de lado. Visité la tumba de mi gran amigo "El Cholo" como si quisiera que volviera a aparecer y con sus languetazos me consolara tal y como lo hizo tantas veces cuando lo necesité. Me subí al sauce gigante que a través de los años ya no lo era tanto. Mire el horizonte donde antes había naturaleza pintada de tonos cafés y verdes, ahora habían casas. Me dedique a observar a mi padre y vi en sus ojos una luz que no veía hace mucho tiempo y entendí que para el todo esto era muy importante ya que significaba una oportunidad mas de entregarnos un buen pasar.
En mi pieza existían dos mundos distintos.El del adolescente y el del niño. En los muros estaba plasmado el del adolecente. Cubiertos, centímetro a centímetro, miles de recortes de revistas, que en algún momento llamaron mi atención. Recuerdo uno en donde aparecían en primer plano tres cascos de contracción, uno verde, otro azul y otro rojo, puestos sobre una mesa rustica y de fondo, el mar azul. Aun no entiendo que es lo que me llamo la atención de tan extraña imagen, pero ahí estaba, pegada junto a miles de recortes mas, como queriendo mostrar graficamente que en esas paredes existía parte de mi.
En el closet estaba escondido mi otro mundo, ese mundo que hacia algunos años atrás había dejado olvidado. Juguetes, muy bien cuidados, sobre todos aquellos que mi padre me traía después de sus viajes.
Uno a uno fui desgarrando los recortes de las paredes, como queriendo dejar convertidas solo en recuerdos todas esas imagenes que durante tanto tiempo fui atesorando. Uno a uno fui regalando los juguetes que me hacían recordar mi niñes entre fantasias eternas y penas cortas pero intensas.
Fue un sábado temprano en la mañana. Al salir de casa, vi a mi padre cerrar la puerta de la que hasta ese momento fue nuestra casa, sentí un nudo en la garganta y un apretón en el pecho. Mire a mi alrededor y todo brillaba mas de lo normal. Caminamos lento, como queriendo disfrutar por ultima vez de todo.
Llevaba un bolso ropero en los hombros, de esos que usan los militares. El sol quemaba mi espalda a traves de la polera.
La noche anterior estuve con Ediht, ella lloraba mucho, pero siempre me dijo que tenia que ser así, que no quería ir a dejarme a la estación, porque quería que nuestra despedida fuera solo para nosotros dos. Nos sentamos en las escaleras afuera del departamento que compartia con su madre y su hermana. Y ahí, en medio de la oscuridad fue donde hicimos por ultima vez el amor.
En la estación nos estaban esperando amigos y compañeros de colegio de mi hemana y de mi. Nos abrazaron y dijeron que nos extrañarían, que no se olvidarían de nosotros , mas que mal, estudiamos 12 años en el mismo colegio, con los mismo compañeros y con los mismos profesores.
Poco a poco el tren comenzo a avanzar por la losa. Comencé a ver como mi pasado quedaba atrás. Recuerdos de infancia, recuerdos de mi juventud y a Ediht, parada junto al anden, llorando abrazada a su hermana.-¡¡¡¡¡Nos volveremos ver!!!!!!!!.- Me gritó, y desaparecio detras de los arboles que aun quedaban.
CONTINUARA............
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