Domingo. Mientras las mujeres se aprestan a preparar el almuerzo me propongo bajar a la playa para sacarle punta a la inveterada costumbre de rumiar la vida en solitario y de paso pensar en algún tema nuevo. Por otra parte me gusta el homicida sol del mediodía. Como todos los años habíamos alquilado el chalecito de siempre en aquel balneario alejado del ruido.
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