Brujas y brujerías 2ª parte
Cuando puso el negocio, un poli rubro, también puso artículos de santería. Muchas veces había pasado por una y le daba hasta miedo entrar.
Sabiendo que en el barrio, muchas mujeres, y estudiantes de santería recurrían a la compra de elementos para trabajos y les daba también apuro, principalmente a las amas de casa, atravesar la puerta de los locales destinados a tal venta. Decidió invertir también en la compra de velas, incienso, mirra, benjuí, almizcle, aceites, sahumerios, etc. De a poco fue equipando una parte del negocio con la mayoría de los productos que le pedían, al principio las ventas eran buenas. Con el correr de los años, por el contrario decreció.
Cuando la venta de esos artículos era fluida, muchas veces pasaron cosas curiosas.
Pero la que siempre recordó, fue cuando exploto la fúndanga.
Se llama así a una mezcla con pólvora, que se utiliza para la limpieza de los ambientes. Aunque nada sabia en que forma y tiempo se utilizaban los productos que vendía, con el correr de los tiempos, por boca de los que entendían en la materia se fue enterando. La fundanga le explicaron se coloca en un cuadradito de papel de seda o tisú, en el centro, luego se toman los extremos y se tuercen de manera tal que quede un bolita con una especie de mecha, del mismo papel. Se colocan en las 4 esquinas de la habitación y se prenden fuego. Como si fueran cohetes. Al quemar despiden un humo negro que limpia el aire contaminado, al abrir las ventanas el aire se renueva, y las malas ondas se van en dicho humo.
Muchas veces había
comprado potecitos de plástico con tapa tradicional a presión, como la que
también se utiliza en las farmacias para sellos o pastillas preparadas por
encargue, etc.que la contenían. Jamás paso nada hasta que una mañana, dos
brujas conocidas en la zona por sus trabajos, se llegaron hasta el negocio.
Entre otras cosas que miraron y compraron, tomaron dos potes de fundanga, que estaban
en una vitrina que colgaba en la pared.
La misma de
Estaban en pleno invierno, y la humedad del ambiente era baja. El local estaba en la parada del colectivo del barrio, y se juntaban chicos para la escuela, trabajadores y obreros de la zona.
Su hijo, que en esa época trabajaba en el
local, pensó que no era mala idea incorporar un horno microondas, para expendio
de salchichas y hamburguesas. En muchos kioscos grandes se estilaba, ya
que se despachaban bebidas frías y los
sectores estaban divididos, daba el espacio para incorporar un pequeño
mostrador. La parte de santería se encontraba al fondo. El local contaba con
Lo que se exhibía, eran velas formas, cuadros de santos, rosarios, defumadores, libros de oraciones, y explicaciones de trabajos. Entre los libros, estaba uno que hablaba del poder de los Ángeles. Se trataba de un tomo de pocas páginas, unas 20, con tapa flexible. Que casualmente estaba en el estante superior a los potes.
Esa noche pasadas los 12, desde el dormitorio situado en el piso alto, casi sobre el negocio, se escucha un extraño sonido. Parecía, como si alguien hubiera volcado de golpe una caja llena de cubiertos metálicos. Se quedo pensando unos segundos, Luego por la ventana de la galería espió hacia abajo, vio que una columna de humo se elevaba, al primer vistazo pensó que era de la chimenea de la casa vecina, luego se dio cuenta que salía de la ventana trasera del negocio. Presurosa, bajo las escaleras, en la mitad del local, una puerta conectaba con la casa, la abre apurada, una nube de humo cubría todo el espacio, se le ocurrió pensar que el microonda estallo porque había quedado conectado. Una fuerza inexplicable la obliga a cerrar nueva mente la puerta y corre escales arriba. Desconcertada, le comenta a la hija que, en esa época vivía con su pequeño hijo en su casa, que no sabia que estaba pasando. Como no era una mujer temerosa, se extraña de su propia actitud. Cobra fuerzas y regresa. Abre la puerta, se enfrenta al aparato, nada le sucedía, por otra parte, si así fuera hubiera saltado la térmica, en la casa la luz no faltaba. Entre la poca visibilidad que permitía la humareda,, pisando lento se acerca al pasillo donde estaba la estantería. Grande fue su asombro al comprobar que las puertas estalladas, en largas espadas de vidrio, estaban desparramadas en el piso. Unas velas volaron también, pero no muchas. Los restos, parecían esmerilados, de los potes nada, y el libro de los Ángeles, estaba atravesado por pequeños círculos quemados, como si un cigarrillo prendido se hubiese apoyado.
La explicación científica nunca la tuvo, solo agradeció que no acaeció en horas de trabajo. Cualquiera que casualmente parado, de espaldas a la vitrina se encontrara frente al mostrador, podría haber sido mal herido.
Las brujas por mucho, mucho tiempo no volvieron al local.
Se separaron, ya no trabajaban juntas cuando una apareció tiempo después.
No solo eso pasó en el local, esto es solo una de las anécdotas, hay otra aun mas grave. Pasados ya quince años, más o menos, cansada ya por la edad y los inconvenientes, decide cerrar, pero las cosas de santería quedaron junto con restos de mercaderías. Se consolaba a si misma que el precio subió y las posibilidades socio económicas variaron, y el capital acumulado no se movía. Por otra parte de un día para otro, sintió la necesidad de cerrar, a pesar que tan mal no le iba.
Supero la crisis de 2001 casi sin darse cuenta. Cuando tanta gente sufrió la perdida de trabajo, muchos negocios quebraron, etc. Ella cerro solo no sabia porque. Sintió la necesidad. Bajoneada por estos y otros acontecimientos que ahora no voy a relatar, se acerco a una vidente. Fallecido su compañero de 45 años de convivencia, enferma de una cadera, sin conseguir que la obra social la opere, muy triste hizo la consulta. La muchacha que la atendió, le comento: que en la zona donde ella vive, así como otras que le puntualizo en la provincia de Buenos Aires, es de muchas brujas, por razones de orografía.
Que al no saber nada sobre el tema, no tenia defensas, ya que solo las brujas ponen ventas de cosas de brujería, mal llamadas santerías. Las brujas se combaten unas a otras por miedo, y seguramente muchas, creyendo que ella lo era, le habían dejado muchas cargas negativas. Por otra parte si en algún momento por el hecho de tener elementos a mano, intento cosa alguna aunque fuera para pedir por bien, sin defensas se vuelve en contra.
También, le describió una persona que desde hacia 30 años la observaba y no tenia buenos deseos para con ella y recurría a los servidos de brujas. Pensando supo quien era.
Por ultimo no podía seguir viendo las cartas, ya que eran tantas las fuerzas negativas que la envolvían, que estando embarazada, debía abandonar la sesión por los efectos nocivos.
Sin embargo, le aconsejo.
Llevar al osario de
un cementerio, tres flores, blancas, presentarse con sus nombres y apellidos y
pedir liberación. Visitar 7 iglesias en el mismo día, rezando en cada una de
ellas. Tener una estampa del arcángel Miguel como protección, y leer
Deshacerse de todos lo elementos de Santería, de una vez por todas, y olvidarse de ese rubro en caso volver a poner negocio.
Cuando trabajaba fuera de la casa siempre se trasladaba manejando su vehiculo, un buen día tubo miedo y dejó de hacerlo. Su marido la llevaba y traía y se dejo llevar por la comodidad de un chofer. Ella se trasladaba desde un punto a 30 kilómetros de Capital, 3 o 4 veces por semana, ya eran 14 los años que dejo de hacerlo, pensó que nunca volvería animarse en el volante. Por eso las 7 iglesias, las recorrió en colectivo, caminando con dificultad por su cadera, y en coche de alquiler otras, para poder completar las 7 en el día. Cuando visito el cementerio, lo hizo con su vehiculo, ya no tenia a su marido y cansada de pagar chofer, o ver como lo arruinaban manos extrañas, un día se encontró que nunca había perdido la mano. Cumplimento lo que faltaba, volvió a rendir examen para el registro, lo obtuvo y en una categoría especial. Comenzó a poder movilizarse a pesar de no poder caminar, pero antes del año logro que la operaran. Salio bien de la misma, y se repone sin dificultades. Manejándose con su camioneta, casi como antes. Claro ahora es un poco vieja.
Nunca deja de dar gracias a Dios, cada vez que logra sacarla por el trecho portón del garaje, y cuando regresa por haber vuelto sin problemas.
Si esta historia de hechos sin explicación lógica le sirven a alguien, bendiciones.
El que se interese por las fuerzas ocultas, que sepa que el camino es largo y escabroso, y que nadie que no sepa donde pisa, lo transite.
Aliprovi
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