Aquel día la despedida fue más larga que de costumbre. Sus labios permanecían aferrados entre sí, sus cuerpos no se separaban, sus miradas se cruzaban en leves intervalos de tiempo. Con ellas lo decían todo, sus bocas no decían nada. Tan sólo se besaban. Pero el tiempo no esperaba, "volveré luego", como siempre vuelvo. "Te esperaré luego", como siempre te espero.
Afuera la lluvia se hacía incesante hasta terminar convirtiéndose en
diluvio. La manta de agua caía como un filtro que hacía invisible el
paisaje. Tan sólo pequeños puntos de luz podían distinguirse en la
oscuridad cerrada. La carretera había perdido sus límites, sus dibujos
se habían borrado. El asfalto era un espejo de brillos y luces sobre
fondo negro, una prolongación del cielo y del espacio. Los chorros de
agua enturbiaban los cristales. Las luces no iluminaban, tan sólo
deslumbraban.
El destino estaba trabajando, a pesar de la intensa lluvia, no
descansaba. Trazaba sus esquemas, cronometraba su tiempo, medía las
distancias, ajustaba las coordenadas: "Cuando este camión pase por este
punto, irremediablemente deslumbrará con sus faros al conductor de este
otro vehículo, más pequeño, más vulnerable, que envuelto en la lluvia,
camina a la deriva, sin brújula, sin radar; perdido en medio de la
oscuridad, sin ver ni una raya, ni una señal, ni un alma; tan sólo
brillos y luces que le ciegan y le confunden".
Pero el destino no podía fallar, era quien controlaba. Lo tenía todo
bien calculado. Era el momento. Los potentes focos del enorme camión,
como el destino esperaba, dirigieron sus rayos hacia él, penetraron sus
ojos, hirieron su mirada; le atrajeron hacia sí. Dejándose llevar por
la inercia el vehículo avanzó obediente hasta su encuentro. El
encuentro ocurrió, chocaron de frente...El camión frenó, pero el
pequeño vehículo ya estaba bajo sus garras. El destino se reía con su
habitual sarcasmo. El estrépito fue enorme, las ruedas chirriaron, los
cristales estallaron, las chapas como papel se replegaron. La gasolina
corría, la sangre también. La lluvia no cesaba, la vida, sí.
Mientras, una mujer esperaba, como siempre lo hacía. Pero el tiempo no esperaba, nunca lo hacía. Tan sólo pasaba y pasaba...
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