Breve y trágico relato

A raíz de mi lectura de la historia que nos presenta hoy Agustí (Agastin 59), El Perfume del Granizo, preciosa, contada con toda clase de increíbles detalles y sensibilidad, pero trágica hasta el extremo y que me ha hecho revivir momentos muy amargos, he recordado este relato mío, escrito ya desde hace un tiempo pero que para mí no pierde vigencia. Lo comparto con todos vosotros.

 

 

 

Aquel día la despedida fue más larga que de costumbre. Sus labios permanecían aferrados entre sí, sus cuerpos no se separaban, sus miradas se cruzaban en leves intervalos de tiempo. Con ellas lo decían todo, sus bocas no decían nada. Tan sólo se besaban. Pero el tiempo no esperaba, "volveré luego", como siempre vuelvo. "Te esperaré luego", como siempre te espero.



Afuera la lluvia se hacía incesante hasta terminar convirtiéndose en diluvio. La manta de agua caía como un filtro que hacía invisible el paisaje. Tan sólo pequeños puntos de luz podían distinguirse en la oscuridad cerrada. La carretera había perdido sus límites, sus dibujos se habían borrado. El asfalto era un espejo de brillos y luces sobre fondo negro, una prolongación del cielo y del espacio. Los chorros de agua enturbiaban los cristales. Las luces no iluminaban, tan sólo deslumbraban.



El destino estaba trabajando, a pesar de la intensa lluvia, no descansaba. Trazaba sus esquemas, cronometraba su tiempo, medía las distancias, ajustaba las coordenadas: "Cuando este camión pase por este punto, irremediablemente deslumbrará con sus faros al conductor de este otro vehículo, más pequeño, más vulnerable, que envuelto en la lluvia, camina a la deriva, sin brújula, sin radar; perdido en medio de la oscuridad, sin ver ni una raya, ni una señal, ni un alma; tan sólo brillos y luces que le ciegan y le confunden".



Pero el destino no podía fallar, era quien controlaba. Lo tenía todo bien calculado. Era el momento. Los potentes focos del enorme camión, como el destino esperaba, dirigieron sus rayos hacia él, penetraron sus ojos, hirieron su mirada; le atrajeron hacia sí. Dejándose llevar por la inercia el vehículo avanzó obediente hasta su encuentro. El encuentro ocurrió, chocaron de frente...El camión frenó, pero el pequeño vehículo ya estaba bajo sus garras. El destino se reía con su habitual sarcasmo. El estrépito fue enorme, las ruedas chirriaron, los cristales estallaron, las chapas como papel se replegaron. La gasolina corría, la sangre también. La lluvia no cesaba, la vida, sí.



Mientras, una mujer esperaba, como siempre lo hacía. Pero el tiempo no esperaba, nunca lo hacía. Tan sólo pasaba y pasaba...

 

 

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Comentarios:

Escrito por: sumysel       15/06/08 22:46
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Ay, sí...! entiendo todo ahora.
Es como que ahora cierran todas esas cosas que no logré entender.
Pero qué bueno, que las cosas adversas y dolorosas se tomen como oportunidades para crecer, como sé que lo haces, amiga.
Un besito
Escrito por: agastin59       11/04/08 18:47
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ahora te entiendo, cielo, parece similar, como igual es el dolor de quien sufre algo así tan tremendo.
en tu relato se pierde una vida, en el mio se salva y le quedara un estigma para siempre.
besos y mi amistad lo sabes.
Escrito por: Sidra       11/04/08 18:37
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wow....

Me estremecí toda. Sobre todo porque un día hace ya algunos años de más, perdí a alguien muy querido en un accidente.

Super triste y trágico...

Mis sonrisas!
Escrito por: MinaLeNuit       11/04/08 17:49
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Hermosa historia trágica. Me encanta.
Alcanzar la belleza mediante las palabras en un final no "tan feliz" es difícil y esta lo consigue.
Saludos
Páginas: 1

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