


| Escritor: | rattcia |
| Públicado: | 18/07/2008 |
Creo que no exista nadie en este mundo que por lo menos en alguna ocasión no haya pasado por
El despecho no solo se padece, también se escucha: rancheras, boleros y algún tango en Colombia lo resuelven a ritmo de vallenato- generalmente acompañados de tragos y confesiones amistosas. O de la paciencia del barman habitual que de estas cosas sabe mucho- y nos ayuda a sobrellevar el trance mejor que cualquier psiquiatra experimentado.
Los despechados de esta generación se encuentran en desventaja si los comparamos, con nosotros los de antes. ¡No concibo un despecho a ritmo de rock! o será que ahora estas cosas no se estilan y por consiguiente no hay música que las acompañe.
¿Dónde conseguir en estos tiempos una rockola con las rancheras cantadas por Javier Solis, o los boleros de Tito Rodríguez? Por supuesto, las nuevas generaciones carecen de estos referentes. No han escuchado ni siquiera por curiosidad melómana a Carmen Delia Dipini, a Lucho Gatica, a la Lupe, o a Edith Gourmeite.
Debemos agradecer a José Luis, quien con sus remake ha logrado introducir timidamente el bolero entre las nuevas generaciones. Yo -despechada consuetudinaria- puedo afirmar sin que me quede duda alguna, que para nuestro sentir caribeño aplica mejor Tito que viene a ser algo así como el Santo patrono de los despechados.
No es por desmerecer los sentimientos de personas de otras latitudes, pero un despecho acompañado por las baladas de Miguel Ríos por ejemplo, no tiene ná que ver comparado con El Puma y los Panchos. Las baladas son muy lindas pero carecen de la necesaria intensidad melodramática que junto con boleros y rancheras acompaña intrínsicamente al despecho. Despecharse musicalmente en otros idiomas complica más el asunto. Tengamos en cuenta que efectuar la traducción de lo que se escucha, termina por desconcentrarnos de nuestro sufrimiento.
Por si fuera poco, el guayabo se autorrefuerza con toda una parafernalia cursi que sirve de refugio al enguayabado o la enguayabada: fotomatón abrazaditos, lacitos de regalos, tickets de eventos que se disfrutaron juntos, tarjetas postales con palomitas, flores marchitas, cajitas vacías de bombones y fósforos, revolvedores de cocktails y así ad infinitum.
¿Cuanto puede durar un guayabo? difícil precisarlo. A veces y es lo recomendable- se mantiene hasta que un nuevo enamoramiento venga al rescate. Entonces tal vez, se nos dará una nueva oportunidad para volver a despecharnos. La cuestión es recurrente. Parecería que uno le coge el gusto a la vaina...
Para finalizar con un toque vernáculo, una coplita llanera. O sea que hasta a ritmo de cuatro y maracas se aplica :
Cuando yo quise
©CCS. 2005
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