Escritor: K
Públicado: 09/06/2007

BODEGON

 

-A modelia por favor- digo con un aire tan despectivo que se me quitan las ganas de dormir con el único objetivo de auto corregirme sin ningún éxito.

 

A el no le asombra, incluso diría que esta acostumbrado, pero eso es completamente imposible para cualquier hombre. Es un tipo de poca estatura, el rostro blanco y sucio por trabajar durante todo el día, tiene un bigote que me hace pensar que ya he conocido a este sujeto, una gorra trajinada por los años y por ultimo un saco desvencijado que sin duda lo protege del frió, del absurdo frió que por estos años hace en esta ciudad, el frió que corrompe las almas de todos nosotros, pero sobre todo el frió que nos hace mas humanos, mas honestos a la sombría luz de la noche.

 

Y es que los dos estamos convencidos de que es aquello, de que la noche nos hace mas solitarios, casi como fantasmas, pero son puras patrañas a la hora de la verdad cuando vemos que en realidad toda nuestra vida nos ha hecho seres inconcebiblemente parecidos, sabemos con la primer mirada que nuestra soledad es la misma, que nuestro rostro es el mismo y que no podemos hacer nada contra ello. Solo quizás una cosa, odiarnos, odiarnos desde los mas profundo, sin ningún remordimiento, sin ninguna clase de culpa, al fin y al cabo somos solo un personaje de paso en la vida del otro.

 

Yo miro por la ventana, sin embargo se que el tipo me esta mirando a través del retrovisor así que tengo que mirarlo también, es algo de honor casi, nuestras miradas se cruzan y se mantienen allí, despreciándose mutuamente.

 

-¿Qué le pasa a este tipo?-pienso -¿Qué putas me pasa a mi?

 

Pasamos por las calles y la gente nos mira, ahora buscan respuestas en cualquier lado, buscan agredir a cualquiera, por eso miran y miran, esperan una palabra, un escupitajo, cualquier muestra de comunicación de parte del que se cruce, nosotros ya no miramos, encontramos lo que buscábamos, encontramos la violencia que toda persona necesita desde su nacimiento. No, no miramos, no lo hacemos, así la gente busque en nuestros rostros, nosotros nunca mas buscaremos, ya hemos encontrado.

 

Seguimos nuestro camino, no podemos dejar de hacerlo, quizás el fatalismo nos invade, pero no podemos hacer nada mas que seguir en este carro viejo y destartalado, es tarde, casi no hay mas carros en la calle y cada ves hace mas frió, en toda la ciudad se ven las luces de los bares prendidas, el sonido del reggaeton resuena como un moderno corazón delator de Poe, la ciudad es deprimente, la fiesta en que se sume es deprimente, este taxi es deprimente y sin embargo estoy feliz, es una sensación rara, una sensación de humanidad absoluta, el odio y el amor, la tristeza y la felicidad, todo en un mismo momento, ¿se sentirá el igual?, ¿estará pensando lo mismo que yo?, si, seguro que si, no puede estar pensando otra cosa, es lo horrible del destino, que así yo hubiera hablado en ese momento el pensaría lo mismo, así no me hubiera montado a este taxi estaría otro igual a mi sentado en la misma situación, esto es lo horrible del destino: es tu peor enemigo.

 

Por fin llegamos a esta oscura calle atravesada por un fétido caño, me deja en la puerta, subo los mil pisos y llego a mi cuarto, enciendo la televisión con aire de descanso, pero no puedo dejar de pensar en el miedo, en el odio hacia aquel tipo, es algo absurdo, lo se, quizás nunca mas lo vería, pero quizás era eso lo mas angustioso, la crueldad de no tener que ver a tu mayor enemigo, todos necesitamos un Némesis, todos necesitamos vernos a un espejo de ves en cuando. Abrí la ventana, la noche todavía teñía de melancolía las calles, y allí justo en frente, tomando una cerveza, esta el, con su bigote, con su gorra, con su saco desvencijado, si, con su maldita mirada observándome, tachándome, despreciándome, saco la mano del bolsillo, levanto el dedo índice y apunto con el justo entre sus ojos, de pronto mi cuerpo convulsiona, un estallido resuena a todo lo largo de la calle. Segundos después, al otro lado de la calle, mil pisos mas abajo, hay un cuerpo, chorreando sangre por un orificio hecho por mi, al otro lado esta el maldito tirado en la calle, su cuerpo inerte, sus ojos blancos y todavía me sigue odiando. Al fin puedo sentarme y ver un poco de televisión. Al fin termino el viaje.

 

 

 

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Comentarios:

Escrito por: patricio       23/07/07 05:06
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Sigues sorprendiendome.
Escrito por: EITILEDA       11/06/07 03:29
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me gusta
Escrito por: PHJM       10/06/07 02:47
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escribe mejor en prosa q en verso....es bueno
Escrito por: fire_wolf       10/06/07 00:24
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muy bueno
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