Para entender los orígenes de nuestra relación con Blanca Amada Lozano basta con rondar los predios de una adolescencia en pleno rebullicio hormonal. Ella, un tanto mayor que nosotros, apareció de algún agujero negro cósmicopara decidir arbitrariamente el vaivén de las experiencias por vivir. Con el pasar de los días uno a uno de los siete que conformaban la pandilla cedimos a la enmarañada red que Blanca Amada dispuso para nosotros. Ante tanta inocencia y ocurrencia se iban desencadenando los hechos que se sucedieron sin descanso hasta que decidimos convertirla en nuestra cautiva, encerrarla en mi casa y no darle salida alguna hasta que el ocaso nos advirtiera que ya había sido suficiente. Al principio las faenas eran fenomenales, ninguno parecía tener descanso,llegando al colmo de repetir hasta en cinco o seis ocasiones, pero llegar a imaginarse la cantidad de orgasmos que experimentó Blanca Amada sería calar en lo absurdo. Debido a esto se dispuso la logística que se manejaría para alimentarla, vestirla y contarle aventuras provenientes de las revistas de historietas para entretenerla mientras cargábamos las baterías, aunque no fue tarea fácil por la dificultad de ponernos de acuerdo, (siempre hay uno más aventajado) sin embargo, ella supo manejar la situación para no perder la armonía que lográbamos cada vez que le hacíamos el amor. Mi casa se había transformado en un torre inexpugnable, dada la ausencia de mis padres y a la enormidad de excusas que afloraban para permitirnos vivir la experiencia de ser reos de esta mujer que jamás, mientras duró todo esto, llegó a tener una sola queja, y eso sí, con mucho esmero lograba hacer explotar una y otra vez nuestras reservas de amor y convertir nuestros testículos en dos esferas inertes suspendidas en la Vía Láctea. Al igual que Teodora de Bizancio, Blanca Amada no quedó con hueco en su silueta perfecta que no fuese perforado, dispuesta en todo momento a brindarnos los fluidos energizantes, fluidosque tenían poderes sobrenaturales sobre todos nosotros. Con el pasar de los días llegamos a confundirnos con un monstruo de siete cabezas, siempre dispuestos a complacer todos sus caprichos sexuales, viéndonos en la necesidad de saciar hasta la plenitud toda la lujuria que nos consumía al sentir que estábamos a escasos centímetros de su ser, por tal motivo Blanca Amada tomaba posesión de nosotros, de nuestros penes y de nuestro corazón. Esa mujer llegó a amarnos más de lo que nos podíamos imaginar, todo ese caudal de sensaciones no podría describirse tan fácilmente, de lo contrario nuestra pena no hubiesellegado a tener los veintitrés meses catorce días y ocho horas que vivimos siete pendejos, locos por tener sexo desaforado con una mujer ninfómana, inacabable, que podía albergar amor por cada uno de nosotros en la misma proporción sin darle cabida a la rutina, al cansancio, ni mucho menos al hastío, pero la muy desgraciada cayó en la trampa y desde el mismo momento que probó esa manzana decidió abandonarnos y encerrarse en una cámara de cristal, conservándose intacta, hermosa, como si los años no transcurrieran por ella, eso sí, dormida y ajena a nuestras suplicas de que regrese y volvamos a ser los mismos de antes...