La Bruja
Desde lo mas alto del mundo, de este a oeste, veras la llanura convertirse en un océano, las estrellas brillaran como nunca en el horizonte profundo, y entonces sabrás de mi Su aliento caliente sintió ahogarla, apretó con fuerza, lentamente, su tibio cuerpo se fundió con el suyo, se sentía bien, poco a poco se fue desvaneciendo. Mirando a lo desconocido, el agujero en la malla se volvió una imagen obsesiva, que la absorbía y le provocaba un terrible deseo de cruzarlo, escapar y al fin lo que había soñado tanto tiempo, su libertad.
*
El tiempo no cambiaba, el cielo gris filtraba la luz pálida de la mañana por la ventana. Ana despertó, se tallo sus ojos para recuperar la visión. Miro hacia el otro lado de la cama, Adaír ya no estaba ahí, en cambio, sobre la almohada se encontraba un pequeño objeto redondo y brillante. Ana lo tomo y lo miro con atención, estaba sujetado por lazo negro, el objeto tenia un grabado, tres pequeñas espirales unidas en el centro y tres puntos; parecía ser un amuleto viejo, pues estaba algo desgastado.
Tocaron a la puerta.
-¿Ana, ya estas despierta?-hablo la voz de su madre.
-Si, mamá-respondió Ana.
-¿Anoche llegaste muy tarde?-volvió a hablar su madre.
-Un poco contesto-contesto-. Violeta me trajo.
-Ah, que bien, por cierto, iremos a ver a tus abuelos ¿Vienes?
Ana tardo en responder.
-No mamá, tengo planes
-Esta bien, te deje tu almuerzo en el horno, nosotros ya nos vamos, nos vemos.
-Adiós mamá.
Ana se levanto poco después, comió su almuerzo y se dispuso a salir; ningún sitio en especial, solía salir con sus amigos los fines de semana hacer alguna fiesta o solo pasear. Fue hasta que tomo un baño que noto que aun se sentía cansada. Habiendo terminado se arreglo y se dirigió a la puerta de salida. Camino unas cuantas calles y tomo el transporte hacia el centro. Paso todo el viaje pensando en aquel extraño sueño que había tenido.
*
Casi caía la noche, Ana cambio de opinión no visito a ningún amigo, al llegar al centro solo comenzó a caminar por ahí. Vagó sin sentido durante toda la tarde, su caminata la llevo hasta aquel parque donde hacia algunos días había a encontrado a Adaír. Al mirar al muro exterior, noto que una zona estaba cubierta con líneas de seguridad. Detrás estaba aquel agujero con su obsesiva imagen. Ana se sintió angustiada al verlo, decidida camino hasta el rompió las líneas y de un salto cruzo la malla.
¡No me dejes aquí!
Una caída de
dos metros, impedía el regreso por cuenta propia separaba ahora a Ana de todo
lo que conocía, frente a ella se habría el oscuro bosque que debía avanzar. Era
de noche desde hace tiempo y Ana se fue adentrando hacia lo desconocido.
Delante
de ella a unos pocos metros vio un extraño ser contraído, parecía sollozar. En
verdad no era la primera vez que veía uno de esos hacia pocos días había conocido
a otro pequeño igual de curioso, esto le dio la confianza para avanzar hasta la
criatura.
-Pobre
niña-se dijo para si al acercarse y ver que parecía estar entre alguna horrible
pesadilla.
*
Ana no supo cuando se había quedado dormida, llevaba horas caminando y se había extraviado. Algo la movió suavemente y la saco de ese terrible letargo. Se incorporo lentamente, tenia frió y sudaba.
-Levántate pequeña-dijo una voz extraña-. Vienen por ti.
La voz surgía de un enorme ser frente a ella, pudo haber gritado pero la voz no le pareció de alguien quien fuera hacerle daño.
-De
prisa sígueme-dijo el ser-. Puedo escucharlos.
La criatura tomo su mano y pronto se vieron avanzando rápidamente través de la maleza.
-¿Quien es usted?-pregunto Ana.
-De prisa-contesto la criatura-. Te llevare donde lleve a tu amigo.
-¿Quienes vienen?
-Los que lo perseguían a el- contesto el enorme ser- Les costara mas encontrarte fuera de aquí.
Avanzaron cerca de media hora, Ana no supo precisar a donde la conducían, ni tampoco logro obtener más respuestas de la criatura quien solo respondía con un apresúrate.
Poco después llegaron hasta una zona igualmente frondosa como la que llevaban recorriendo, la criatura se adelanto y movió la hierba delante de ellas. Ana noto que tras la maleza el cielo había empezado a iluminarse, amanecía.
-Tu
amigo se fue por ahí- dijo la criatura-. No te aseguro nada pero si sigues tal
vez lo encuentres, pero recuerda que aun e siguen debes tener cuidado, ya
dejaste el bosque tal vez ya no regreses.
-Pero
quien me sigue- replico Ana-. ¿También siguen a Adair
La criatura
giro la cabeza, como escuchando algo.
-De prisa, ya lo sabrás-dijo una vez mas.
Ana atravesó la maleza que la criatura había abierto y volteo a ver una vez más a la criatura, su rostro estaba lleno de arrugas y cicatrices, en su boca faltaban varios dientes, pero en sus ojos noto un extraño brillo.
-Gracias- dijo Ana, pero la criatura se escabullía hacia el bosque y se perdía de vista. Nunca volvieron a encontrarse. Ana dio la espalda entonces, delante de ella se extendía un enorme valle apenas iluminado por la luz del alba, tomo un pequeño sendero que se alejaba de lo que fuera su hogar y aquel terrible bosque. Y sin saber a donde llegaría siguió avanzando por aquel camino.
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