


| Escritor: | veinteanero |
| Públicado: | 26/09/2007 |
Esa noche solo quería alcohol, no quería hablar, no quería q vuelva a aparecer en mi mente ese amor transformado en un nuevo fracaso. Solo alcohol barato para olvidar y derramar las ultimas lagrimas por ella.
Fui a ese bar de mala muerte, en el que las penas recorren la barra buscando alguna explicación o consuelo. Ese lugar en donde todos son mis hermanos para llorar en sus brazos y a todos quiero golpear unas copas mas tarde.
Me senté y pedí algo, algo fuerte que me tumbase rápido.
_ Yo también beberé con vos, aunque sea una vez en la vida quiero olvidar, con ella que era todo un sueño y lo echamos a perder, pero bueno así es siempre mi vida. Entonces la desdicha, q era la marca registrada de todos mis romances anteriores, pidió su copa pero con tanta mala suerte q se le cayó cuando la quiso agarrar.
Al lado estaba la apatía, q me seguía a cada lugar que iba desde hacía un tiempo. Ni siquiera se rió de lo q le pasó a la desdicha y solamente levantó el dedo en señal de que quería tomar algo también.
_ Los acompaño con una trago, no puedo verte así por una mujer, nadie se merece esto, ni si quiera tú.
Y la lástima se sumó a la mesa, me palmó la espalda y empezó a beber conmigo. Lástima, espero q no hayas estado conmigo todo este tiempo por lástima.
_ Me encantaría beber con ustedes, festejemos que esto es lo mejor para ella y nosotros, tal vez se fue con una muy buena persona y nosotros estaremos bien, ya encontraremos otra mujer fantástica ni bien salgamos de este bar.
Lindas palabras del optimismo, pero, todos sabemos que no es verdad, que estamos perdidos sin ella y que no lo queremos admitir.
_ Calla!! Hay que olvidar a esa puta mujer de una vez por todas. Que se fue con otro hombre y seguro es un idiota con el que no tiene futuro. Y más con el carácter de mierda de ella.
Y así el resentimiento muy enojado agarro una botella y se sirvió. Esas palabras que el resentimiento mencionó fueron como una puñalada certera por la espalda, era algo que yo todavía no quería creer.
_ Opino igual, total estamos mejor sin ella; servime una copa!
Y así el buen amigo del resentimiento, el odio, se sentó en la mesa, buscando excusas para odiarla, acordándose de cada detalle, de cada capricho de ella, de esos caprichos que me encantaba cumplir pero que hoy, son suficiente para que el odio tenga sus motivos...
_ No digan eso, brindemos por esa buena mujer. Brindemos porque este bien donde este y que haya encontrado alguien que se la merezca. Y también brindemos que alguna vez la encontremos y se acuerde de nosotros.
Y así la esperanza dijo sus palabras levantando una copa, pensando en lo agradable que seria cruzarla por casualidad a la vuelta de cada esquina. Pero confieso, que dudo me la cruce a ella sola.
_ Yo quiero tomar algo, me estoy quemando la cabeza pensando en lo que esta haciendo, y en que pasará y con quien. Lo besará de la misma forma que a nosotros? Les dirá las mismas mentiras? Irán a los mismos lugares? Lo mirará de la misma manera? no sé no sé. Mejor, sírvanme más porque no puedo dejar de pensar en eso.
El celo de esta forma opto por tomar mucho de golpe para quedar totalmente beodo así no pensar más. Celos. Quizás tendría que haber sido un poco más celoso o al menos demostrarlo. Que andarás haciendo, te molestarás por las mismas cosas que conmigo. Y algo todavía peor, él sabrá hacer las reconciliaciones de la misma forma que yo? Mejor, yo también tomaré otro vaso de ese whsiky barato que ya esta haciendo efecto.
_ No pienso pedirle que vuelva. Si ella se fue que se joda. Denme ya algo para tomar!
Esas fueron las únicas palabras del orgullo en toda la noche, aunque, en verdad lo que quiso decir es que si ella se fue, que ojala no sea por mucho tiempo, ni muy lejos. Pero es demasiado orgulloso para decirlo.
Faltaba la melancolía todavía, que no quiso compartir la mesa.. Simplemente se sentó en un rincón oscuro a llorar. Esperando que alguien lo rescate. Recordando y extrañándola.
La soberbia, sacando pecho y mirando con su aire de superioridad se sentó en la mesa y pidió:
_ Yo quiero 5 infusiones de su mejor bebida, porque festejo que estamos así. Total, ella no se merece nuestra presencia.
Y de esta forma le sirvieron sus 5 copas, que probo un poco de cada una y no termino ninguna, querer tomar de muchas bebidas a la vez. Ese fue un error del pasado que pagué y muy caro ya.
Igual yo para este momento no quería mas nada. Había tomado mucho, demasiado, ya todos esos sentimientos mezclados me sonaban como un tambor en la cabeza que ella golpeaba. Solo quería ir a acompañar a la melancolía. Llorar en silencio, total en mi situación creo que es el que mejor me entiende.
En el bar pasaron las horas, los efectos terapéuticos del alcohol esta vez no sirvieron, no encontré la cura para mis heridas sin que ella fuese mi enfermera .En un momento intente pararme para ir a buscarla, pero el orgullo, el resentimiento y el odio me detuvieron. Y lamentablemente el optimismo y la esperanza son muy cobardes a veces y ni siquiera me ayudaron esta vez.
El dueño, que para ese entonces estaba cansado del alboroto, me pidió que me vaya yo con todas esas figuras que me acompañaban porque estaban a punto de cerrar. Quién va a pagar todo esto preguntó?
- Que pagué todo esto el amor -dijo el odio- encima que estamos así por su culpa, es el único que no se digno a venir.
- Descuida, descuida. Yo pago la cuenta, me haré cargo de este hombre por un largo tiempo. Solamente me tendrá a mi si sigue viniendo a estos lugares a ahogar sus penas.
Y esta dama vestida de gris pagó la cuenta.
-Y sepan algo más, el amor no vino ni vendrá porque esta ocupado para estar con gente q se rindió a su suerte, se fue para ayudar a personas que realmente pelean por lo que sienten y no se embriagan y se lamentan en un bar.
Esta mujer, que me parecía muy familiar pero que gracias al alcohol todavía no podía reconocer, fue a levantar a la melancolía, quien la miró a los ojos, se conocían muy bien ya q siempre han estado juntas, y entre las 2 me levantaron para llevarme a mi casa, cuando las abrace para poder caminar (o hacer el intento, ya que me llevaban como si fuese un espantapájaros viejo) me di cuenta que solo tenia a ellas 2, que compartiría un largo tiempo con la melancolía y con su fiel amiga la soledad.
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