


| Escritor: | zairalizbeth |
| Públicado: | 10/07/2007 |
BAJO EL VELO . . .
Pa, … padre nuestro … Q´estas en los cielos ...no me desa ...santificado … santificado sea tu nombre … danos hoy nuestro pan de cada día … no me desa … perdona nuestras ofensas … no nos dejes … ¡Dios mió si existes en verdad dime que esto no es verdad ! ¿verdad que pronto terminará? ¡por favor Dios … por favor!.
Si, recuerdo bien ese instante, me ha perseguido desde entonces, es mi recuerdo cada noche y mi pesadilla por los días, lo recuerdo como el instante infernal que provocaba que mi alma saliera de mi cuerpo en forma de un sudor incontrolable, teñido de rojo estaba el miedo en mis ojos, y de un color morado los estragos del momento en mis brazos.
El miedo, la fatiga, la turbación, y la desesperación formaban parte de ese escenario que se manifestaba con ese grito que se intenta pero no se puede dar en las pesadillas, se diluían en una salada salivación por la mordaza que contenía mis mayores arrebatos y la mordí incluso hasta lastimarme los dientes. Pero nada comparado con las heridas por el miedo provocadas. Lo recuerdo tan bien y me pregunto ¿olvidarlo seria trágico para mi?. Lloraba sin parar, y me movía al compás de los latidos de mi corazón que estaba a punto de salir de mi pecho ensangrentado, sentía como si de repente comenzara a secarme por dentro, ahora tenia la boca seca por tanto intentar sin éxito gritar, gritos que se podían traducir en esos exaltados movimientos y en sonidos guturales sin sentido para una persona cuerda fuera de esa camioneta.
-¡ya cállate mocosa estúpida!- grito un hombre fuerte de aspecto con una mirada penetrante que infundía miedo a cualquiera, muy a pesar de las gafas que eran el escudo de su identidad, aunque su persona no podía ser más oscura que sus gafas -pensé yo-. Tenia poco pelo negro y una voz gruesa que en otro momento a mi me hubiera anunciado respeto, era alto y de cuerpo grueso. El acompañaba a quien conducía un coche demasiado cómodo por dentro, demasiado lujo, parecía éste la comodidad del infierno. Ambos hombres parecían tremendamente alterados por el trafico en el que se habían metido y muy dentro de ellos también por el atropello que estaban cometiendo, lanzaban improperios y no dejaban de ver hacia todos lados buscando una salida de su atolladero. Si al menos alguien que caminara fuera, en el mismo recorrido que la camioneta hubiera escuchado el grito que dio aquel hombre- pensaba- hubiera sido quizá diferente. Pero contrariamente nadie me miraba, -algo típico en una ciudad donde reina el anonimato popular- y yo veía a casi todo el mundo pasar, lentamente o con prisa tras los cristales del coche; y dentro de el mis movimientos aumentaban intentando lograr llamar la atención de un mundo indiferente a mi.
El hombre hizo llagas con su fuerza en mi alma y … cuerpo. Al ritmo de un risa grotesca movía sus manos dentro de mis piernas y por más que intenté detenerlo apretando mis muslos con fuerza, con éxito solo conseguí un calambre, su enojo y una insistencia más hacia mi. Obviamente me resistí a sus extravagantes y vulgares caricias que para mi eran azotes que me quitaban la vida segundo a segundo y mientras más cerca estaba de mi, más era mi resistencia que solo conseguía un par de llagas más en la cara y en las muñecas, tanto en los tobillos por los mecates que me mantenían en esa, mi prisión ahora. Al sentir su boca repugnante en mi cuello volteé la cara, y recostada en el sillón. Abrí los ojos. Irónico fue todo entonces porque esa presencia grotesca lejos de liberar mi desesperación y mis ganas de matarlo con una fiel mirada, a falta de mis manos atadas y mi boca siendo asfixiada por un trapo que estaba apunto de hacerme vomitar. Me quede con la mente en blanco, alejando de mi pensamiento cada una de sus asquerosas manos y su pestilente aliento. Mi corazón comenzó a latir con más calma cuando él, se bajo un poco los pantalones, mis piernas que las veía temblar del esfuerzo de mantenerse cerradas de repente se abrieron con un embrutecido golpe proveniente de un musculoso hombre sin recato. Con la falda ya un poco más arriba a punto de subir hasta mis caderas y yo con la mirada perdida en el pasar de la rutina de la gente fuera; gire la cabeza y descubrí por el retrovisor del auto al cómplice del que me estaba desgarrando la vida y el alma y con el descubrí una mirada de asco hacia su compañero por lo que estaba a punto de hacer. descubrí un rostro lleno de angustia por la actitud del que compartía el mismo cometido que él. Y apuesto que el descubrió en mi algo más que mi evidente temblor por el miedo que estaba viviendo.
- basta ya cabrón! nos dijeron que se la lleváramos asustada más no que la gozaras, además no quiero ser victima de tu rostro excitado. ¡Que asco me provoca! ya bájale wey¡ - dijo el hombre con el que por segundos compartí una comunicación sin palabras.
Un hombre de rostro desesperado y pálido, un poco despeinado, joven como de unos 30 años según calculo, delgado bien vestido, aunque por la presión del trafico y del momento la camisa de fuera y la corbata desabrochada desahogándole el cuello lleno de sudor.
- OH pues, esta bien pendejo! - dijo el hombre fuerte, mirándome con lascivia al momento que se alejaba de mi y se subía los pantalones, se movió hacia el lado de la ventana próxima sin antes darme un beso apretujado en la frente y como acto seguido esa risa grotesca que tanto comenzaba a odiar en tan poco tiempo.
Lloré entonces con más calma, y mi estomago pareció haberse vaciado y un suspiro nació de mí en forma de agradecimiento hacia al que ahora de una manera poco entendible salvó parte de lo que de mi quedaba y logró que se desvaneciera un terrible suceso en mi vida mucho más fuerte que el que ya estaba viviendo. Aunque comencé a sentir serenidad también seguí sintiendo un miedo intolerable. Y para ese momento mis rezos mentales ya habían ordenado el “padre nuestro” pues supongo que mi vida de adolescente habían adormecido mi memoria infantil ya que mis padres me lo habían metido en la cabeza tanto como en el colegio religioso a fuerza, como requisito para irse a la cama e iniciar un nuevo día. Incluso, no se porque rece; jamás lo había visto como una verdadera nesecidad, más que solo cuando creí que mi mejor amigo tenia SIDA por haberse acostado con una chica del espectáculo, fue la primera y única ves que rece pues me sentía tan preocupada y desesperada de perderlo de verlo morir tan joven. . Como si la muerte fuera el inicio de dos caminos y el rezo la llave de la ruta indicada, como si realmente fuera cierto la existencia del cielo y el infierno y así como en ese momento recé, pedí perdón, no se si a destiempo, solo por nesecidad natural fui a la caza de las promesas divinas.
Mis ojos buscaban a alguien tras los vidrios del coche, y nadie aparecía … mis manos empuñadas parecían chorrear sangre por ellas. Incluso observe mi calcetín de mi pie derecho había perdido toda estética y traté de regresarle su elegancia inconcientemente con una mirada -y es que … ¡como odiaba que me sucediera eso!- pero redescubrí mis manos atadas.
De nuevo mire hacia la ventana todo parecía correr tan rápidamente la gente al ritmo de la ciudad contagiaban a mis . . . El punto es que los contagiaban del estrés proveniente de afuera, pero en mi todo parecía ir lento, no importaba cuanto marcara el velocímetro o cuanto la gente corría fuera, sobre mi todo parecía en cámara lenta. Sabia donde estaba, no sabia que sucedía … o quizá si. No sabia que podía ser y sabia que estaba caminando sobre el filo de la navaja. Me encontraba amenazada por el abuso, el golpe y el deseo y darme cuenta de la realidad que estaba viviendo me hacia llorar más, pero como si las lagrimas quemaran mi rostro y no me gustara la sensación, comenzaba a morderme los labios tratando de contener las lagrimas, tratando de NO llorar.
Tras el aturdimiento, y la sensación de una calma pasajera, comencé a escuchar la conversación de mis verdugos. Cada palabra, cada risa, cada imprudencia en su conversación sumaban mi miedo, me hacían llorar ya sin lagrimas, solo con miedos. El hombre fuerte parecía tener el don de ser demasiado vulgar y grosero en cada una de sus palabras. Y el otro hombre parecía una marioneta puesta a trabajar inconcientemente, que dejaba percibir por su forma de hablar a un hombre que no sabia lo que hacia, y lo hacia por la fuerza de la circunstancia, por obligación o por lo que diablos sea. Lucia nervioso, sin saber que decir, resumía cada frase a un “si” o un “ no” o esbozando una sonrisa hacia la parlanchina conversación de su compañero; era claro que ambos se habían conocido tras conocerme a mi.
-¡ muévete cabrón! -gritaba el hombre joven a cuanto paseante o coche se atreviera a dilatar su recorrido. Y tras varios intentos de salir del lugar más concurrido de la ciudad, los edificios, los bocinazos de los coches comenzaron a agotarse, incluso los semáforos se hacían innecesarios; todo lo que comencé a ver se me hacia extraño. Salimos a una amplia avenida y el recorrido comenzó a ser apresurado, casi violento; y a cada paso de la avenida miles de casas mal cuidadas se hacían interminables. Estábamos en los suburbios de la ciudad. Entonces descubrí con desesperación que allí nadie ya podía escuchar mis gritos, ni los de ellos, fue allí cuando mi miedo comenzó a acosarme con más fuerza. Pensé que tenía que poner de mi parte, tenia que “portarme bien”.Ya tenía la garganta seca y cuando trataba de ingerir saliva, lastimaba mi traquea, como si fuera un cuchillo de punta desafilada y con el miedo en mi conciencia, quise de nuevo tranquilizarme. Pero a mi alrededor se protagonizaba una película de horror con un escenario trágico acompañado de mis manos y boca atados, palabras, oraciones imperfectamente articuladas por mis verdugos que me provocaban rabia, tenia ganas de verlos sangrar, tenia ganas de que ellos, ah! . . .sintieran lo mismo que yo.
- ¿a que no sabes a quien me chingué, así como a esta escuincla cabrón? -dijo mi compañero trasero.
- no, a quien . . .?-con una sonrisa obligada contestó, quien conducía
-pos a la hija del secretario de gobernación ca…, no mames, fue todo un caos ca… y hasta quedamos como amigos jajá ¿Por qué imagínate wey, que las gentes anden diciendo que pues nos chingamos a su hija, ¡pos no les conviene! Eso seria demostrar que estos pinches políticos son unos verdaderos pendejos …
-¿pues cuanto tiempo llevas en esto o que?
-uh! mano, esta chingadura es como la droga … pos es dinero fácil ¿va …? Y ya que andas metido en esto, pos haber quien te saca wey, pos nomás que sea a madrazos o te chinguen los polis ca …, pero pos muchos de esos también andas metidos en esto... Aja como crees que no mano … - concluyó el hombre fuerte haciendo gala de sus grandes habilidades.
Mientras avanzábamos muchas de estas conversaciones se hacían recurrentes, supe de sus aventuras con políticos, de algunos robos con armas y resultados fatales. De su boca salían muertos, atropellados, y mujeres violadas; lo contaba con aire de campeón, por cada uno de sus logros.
- y tu que cabrón, que o porque andas en estas chingaderas? -prosiguió la conversación tras una pausa el hombre fuerte.
- bueno, yo estoy en esto por un error, y por un astuto riquillo, ¡el pendejo ese!, pero no creo que te pueda interesar, pues mi vida no es tan aventada como la tuya …
- pos que tan grave es la cosa o que … ¿apoco un escuincle te va a manejar? - dijo en tono de burla y de nuevo apareció esa risa grotesca. Me miró una ves mas con su lascivia evidente, ¡como hubiera deseado escupirle o golpearlo!.
- no, es que … ¿Cómo decírtelo? Pos le debo una al cuate ese y pues . . . - Ya no pudo continuar una actitud ensimismada se apoderó de él, sentí como se mordía los labios, como el sudor se hacia más potente en su rostro, como las manos ya no le permitían manejar con precaución, bajaba el rostro hablando para si “soy un pendejo“. Sentí su culpa. Sentí que el estaba como yo, en un lugar donde no debía estar - ¡Carajo!- golpeando el volante.
-Uta, cálmate wey, si no sabes a que te metes, pos pa´que chingados estas aquí wey. Mira cálmate, esto es cuestión de días mano. Ya con el varo, pos no hay cuete … por lo menos acá la chamaca si nos va a dar un buen capital mano . . .
Pero el hombre joven no parecía oír nada y una especia de desesperación se comenzó a apoderar de él. Ponía su mano en su espalda buscando quien sabe que, y tras cambiar de mano el volante, se acomodaba el pelo; parecía desprenderse de la serenidad; algo en ese hombre estaba reaccionando contrariamente a la tranquilidad que supuestamente su compañero parecía tener. De pronto levantó la mano derecha y movió de nuevo el retrovisor en dirección mía. Y pude ver dos cosas: el rostro del hombre devorado por la angustia, sus ojos tristes y húmedos, mi rostro devorado por la sordidez y el terror. Pero,¿ cual de los rostros merecía más lastima? Y entendí que el hombre oven quería decirme algo , quería hacer algo distinto a l que hacia , según yo, quería decirme: ¡PERDON! ¿seria esto posible?.
Entonces al mirar mi rostro sentí lastima por mi, y una película de recuerdos comenzó a recorrer mi mente, y ellos exprimían agua salda a través de mis ojos. Sentí un maremoto en mi interior, cuyas olas querían salir por mis ojos y el culpable de ello, había sido el retrovisor.
Me vi con unas amigas en el cine, en los pasillos de la universidad corriendo de una lado para otro, por no llegar tarde de nuevo a psicología, me vi en la hora del almuerzo compartiéndolo todo con mi mejor amigo. Ah! Me vi con él, con Cristian caminando de un lado a otro juntos como dos cómplices de travesuras escapando de una a cada momento, recordé estando a su lado llorando en sus brazos por que el diota de Mauricio termino conmigo hace una semana ya, Incluso recordé a mis padres, ¡tanto que los evite estando a su lado! Y vi la imagen de mi madre llena de angustia desesperada por saber donde me he metido en esta ocasión, mis lagrimas se abarrotaron en mis mejillas al verla en mi mente a ella, ah! Y mi padre, siempre tan estricto y de hierro, ¿estará destruido ahora por mi ausencia? Y Cristian llegó de nuevo a mi mente, supongo que debe estar en casa con mis padres esperando noticias mías. ¿ porque no llegaría puntual, hace 4 horas, cuando de acuerdo nos pusimos para encontrarnos en el callejón de siempre? Ese callejón, hoy fue testigo de mi desaparición … - ¿porque me sucedió esto a mi?- me pegunte.
Descubrí que el hombre joven me miraba de reojo, pero mi mirada de desprecio hacia voltear mi cabeza para un costado. Lloraba en silencio, y el ardor de mis ojos ya se hacía insufrible, parecía que la acidez de mis lagrimas fundía poco a poco la retina de ellos, enrojeciéndolos sin piedad; ya no podía ni cerrar ni abrir completamente los ojos. Y lo seguí mirando
- ¿Qué haces wey …? ¿Qué no sabes que no tienes que ponerte tanto en evidencia con la mercancía? -interrumpió el hombre fuerte golpeando abruptamente el retrovisor.
- ah! Lo siento, es que no se de estas cosas ¿sabes?
- pos ya ve aprendiendo ca… si no quieres que tu mercancía te chingue
- por lo visto habla en ti la experiencia . . .
- por ya ves, estas tratando con uno de los mejores en estos bisnes … pero ándale wey que ya vamos a llegar- y con curiosidad dijo- y tu que de a tiro estas en pañales en esto?
- ya te dije que es la primera ves, solo lo hago por el wey aquel-respondió- ¿así que tu eres el de la chamba dura no?
- pues si, además con este morrito, es la primera segunda ves en que trabajo y pues la primera si me latió, pues paga el 15% y no el 10% como otros.
- ah, ¿y cuantos son los que participan en esto? -prosiguió el hombre joven
- no , pos depende, la ves pasado eran 5, creo que esta ves son solo 3 y pos nosotros ca…
- tanto de esto ya debes tener un buen dinero ¿o no?
- pos no más pa´ comer - y la risa que tanto odio entonces de nuevo apareció.
Ya habíamos atravesado la avenida principal . Ya para mi todo ese mundo era completamente extranjero; estábamos recorriendo un camino de tierra y el polvo llegaba a cubrir los vidrios que me extraviaban aun más; no sabia a donde íbamos pero al fondo se veía un camino más solitario, accidentado y riscoso
- oye y ya que sabes tanto dime: ¿Por qué estamos con la cara descubierta y no guardamos nuestras identidades, cuando se supone que no debería de ser así, perdón es que no entiendo eso -dijo desesperado.
- pos, mira yo tampoco entiendo, porque si no le sabes a esto el riquillo ese te contrato y no me quejo así que cállate pendejo . - dijo enojado el hombre gordo
- me descubrió cuando quería transar a su padre en la empresa … -dijo en voz baja
- ¿Qué mi amigo? -preguntó su cómplice
-estaba punto de transar a su padre, y quedarme con la empresa y el me escuchó junto con mis colegas, así que me dijo que no diría nada, y podría seguir con mi trabajo si trabajaba para él, en asuntos de drogas, tuve que aceptar porque me chantajeo con meterme a la cárcel y violar a mi hija mayor
- nos, pues si que el chamaco tiene cerebro para estos negocios -dijo sorprendido el hombre fuerte.
- por eso, estoy aquí, además me deje llevar por otros ejecutivos, no fue ni mi idea!!! -dijo golpeando el volante de nuevo
- mira! Allá esta el callejón donde tenemos que llevarla, da vuelta a la derecha y te paras en la casa, de puerta negra, que de hecho es la única, porque todo lo demás son terrenos con barda.
Y tenia razón, todo estaba tan solitario, los terrenos llenos de basura, uno que otro carro convertido en chatarra, ni siquiera un perro como señal de vida en ese lugar.
- ándele señorita, baje - dijo el hombre fuerte destellando elegancia en sus palabras, pero desprecio en sus actitudes, me quito los mecates de los tobillos sin ninguna consideración, sentí algo frío correr hacia mis pies, podría asegurar que era más de un chorro de sangre, intente no hacer ningún ruido, pero el dolor expulso un ligero gritillo débil dentro de mi.
- vamos amiguita bájate ya! -dijo el mismo hombre, mientras que el hombre joven solo miraba
Forcejee lo más que pude y ni siquiera se si para ver si tenia alguna posibilidad de escapar de mis dos verdugos que me habían mantenido durante más de 4 horas con ellos.
- no podemos quitarle la mordaza de los dientes? -preguntó el hombre joven, observando las llagas de mis labios
- mmm? Pues solo si promete no gritar la nenita -dijo el otro hombre acercándose a mi con una cara de cínico que no he de olvidar jamás. Como pude, intenté hacerle entender que no gritaría, pero que me haría un gran favor al quitarme el trapo de la boca.
- esta bien pequeña, esta bien-. Y me quitó la mordaza …
- haaa!.- Estuve a punto de vomitar. Tosí un par de veces y con el suéter me limpie un poco la saliva y la sangre enfrascada en mis labios -gracias- dije débilmente.
- mira mi cuate, como no le sabes a esto, y como ya has de venir cansado por la manejada tan larga, pues solo vas a cuidar a la mocosa, fuera de donde la ponga yo, y yo mientras localizo al jefe ¿va cabrón?
- si, esta bien.
Me llevaron a un pequeño cuarto dentro de esa casa deshabitada, con mucho cascajo por todos lados, entramos en un cuarto como de 4 x 6 en un calculo poco exitoso, había solo un par de sillas de madera, una con el respaldo roto estaba muy oscuro, seria difícil distinguir los rasgos de cualquier persona allí dentro, al fondo bajo el velo transparente de una especie de cortina se encontraba un ropero no más alto que del tamaño del hombre fuerte y con dos puertas estaba un poco maltratad y con dos cadenas en las manijas donde también se encontraba un candado fuerte. El hombre gordo me tomo de las muñecas logrando de mi escapar un quejido, y me metió con rapidez en aquel ropero donde yo solo cabía apenas, tenia que estar de pie sin moverme mucho por temor a que me cayera en conjunto con el ropero. El hombre joven se sentó en la silla sin el espaldo roto.
- hay amigo, me corresponde ese lugar por derechos de antigüedad - dijo simulando que el tenia que levantarse, así que se fue y se sentó en el del respaldo roto sin decir una palabra.
De pronto note como se hizo de noche, tenia la mirada perdida en un sitio fijo, y tenia la fiel intención de dormir, más no pude conseguirlo, en la noche fui testigo del insomnio del hombre joven y de los terribles ronquidos del otro. A la mañana siguiente tenia, el estomago vacío y con hambre, un dolor intenso en la cabeza, moretones por todos lados y estaba adolorida de las piernas por haber estado parada tanto tiempo, y descubrí también que necesitaba ir al baño, asi que decidí llamar a uno de los hombres.
- mmm? Disculpe, oiga! -intente llamar la atención , del hombre inexperto
- si que quieres?
-necesito ir al baño -le dije ansiosa y temerosa
- ¿que quiere esa pendeja? -despertó el otro hombre
- buenos días, quiere ir al baño amigo
-mmm que la chingada, a ver sácala de allí, haz a un lado ese maldito velo que me fastidia!.
Me sacaron del ropero y me empujaron hacia fuera, un pasillo con ratas y lombrices.
-ándale, tan bien que te estabas portando mamacita -y me sobo las piernas. La puerta se abrió.
-ándale estupida, ya ves ya nos cayo el jefe.- me tapo los ojos con sus asquerosas manos y me llevo al ropero lo más rápido que pudo.
Ya no pude ver al temible jefe, el desgraciado que había mandado estos detestables hombres por mi, el que no tenía sangre en el corazón, para poder soportar y que le valiera lo que yo podía sentir en ese martirio. no pude conocer el rostro del que sus propios súbditos, describían como despiadado y astuto o como un “mocoso” simulando tener menos edad que ellos.
- aquí les traigo el dinero señores - dijo con una voz prepotente el que bien merecía la descripción anterior. Pero yo dude que ese fuera su jefe ¡el no podía ser su jefe!
- están descubiertos, ¿no temen que la victima los reconozca? . Dijo el joven con el dinero en las manos. Mientras yo observaba todo bajo el velo de aquel ropero.
- no se preocupe, la victima tiene los ojos vendados - dijo el hombre gordo. Eso era mentira.
Durante más de dos años había convivido con él, y estaba seguro que venia a pagar mi rescate, que había sido el elegido para dar el dinero, en ves de mis padres. Cristian había venido por mi, fue lo que se me vino a la mente. Cristian iba a llevarme a salvo a casa. Una lagrima suave recorrió mi rostro.
- y díganme, ¿Cómo se porto la muñequita? Y ¿Cómo se portaron ustedes? -les gritó Cristian mientras sacaba un polvo y se lo llevaba a la nariz.
- bien, joven, no hay de que preocuparse, solo algunas cortadas leves como siempre, pero estará bien con unas cuantas vendas
- más te vale, Luís, porque si no tu parte se va a ver en riesgo, y tu Marco ¿ como esta tu hijita? -les pregunto Cristian con una frialdad inimaginable.
- bien- resumió a decir
Yo estaba helada dentro de el ropero, ¿como es posible que la misma voz que me había consolado miles de veces, estuviera dando ordenes a mis verdugos? ¿Cómo la mano que me saco tantas veces de depresiones, estuviera pagando a aquellos que hicieron de este día un infierno en mis 19 años de vida? -pensaba atónita.
- y ahora que mi jefe?- dijo el hombre de nombre Luís. Esa pregunta disipo todas mis dudas sobre su jefe, pero lleno de confusión mi vida.
- pues todo depende, si las cosas salen bien en el rescate mañana o . . . si no
- que quieres decir? -preguntó Marco confundido- ¿que la chava se va a . . . ?
- pos chance mano, si no queda de otra ¿verdad jefecito?
¿iba a morir? ¿eso querían decir? ¿mi mejor amigo me iba a asesinar? y allí sentí el abandono de mi alma sobre mi cuerpo, sentí la sensación de un cuchillo helándose penetrando mi estomago, me sentí desfallecer. El miedo ahora se concentro en lastimeros latidos del corazón y un llanto ensordecedor para mis adentros. Todo parecía decidido y la mente me decía que antes de mi muerte podía pasar cualquier cosa. Intente enroscarme de una manera imposible, como s fuera una forma única de protegerme. Sentía solamente la forma en que mi alma desfallecía junto conmigo, mis miedos parecían incontrolables. Sentí la mirada de Marco -el hombre joven- penetrando por la rendija del ropero y abajo el velo me encontraba yo, mirando como la vida se me iba a cada segundo y que ellos serian los responsables de darle el fin que decidieran. Me miraba con insistencia y me mostró su mano, en la que contenía el candado que protegía mi prisión. Estaba yo tan aturdida que no descubrí el momento en que lo hizo, pero con una sonrisa le agradecí. No sabia en que momento, pero el me estaba indicando que escapara en el más preciso.
Cristian, Luís y Marco velaron toda la noche aunque los primeros dos tomando hasta rabiar. Otra noche paso y yo con ella, no había probado bocado alguno, me desvanecía por falta de fuerzas y recuerdo entre sueños ver a Cristian acercarse al ropero, pero yo estaba ya tan débil que solo expulsé su nombre en un frágil gemido.
-CRISTIANN? -dije suplicando ayuda
- ¿Quién diablos le dijo mi nombre? - grito enfurecido. Despertando a los otros dos. ¿Quién?
- nadie joven, nadie -respondieron al momento
- así que nadie, y ¿como es posible que lo sepa?, ¿Cómo sabe que soy yo?- estaba más irritado
- le juramos que no sabemos nada señor -dijo amablemente Marco. Mientras Luís me miraba de reojo con una mirada fulminante llena de odio. Y Cristian lo descubrió.
- ¿Fuiste tu verdad pendejo?, ¿creías que no iba a saberlo o que? Eres un pendejo, chingada madre! - Cristian empuño una pistola y en un silencio sepulcral solo se escuchó un disparo y Luís cayó sin dejar de mirar, y sin la oportunidad de decirle que el no me había dicho su nombre. Después del disparo un grito ahogado de Marco y otro eufórico de mi parte se presentaron, al mismo tiempo que empuje las puertas del ropero e intenté correr y salir de allí, aunque fue un impulso inconciente. Al salir ví las manos de Marco y de Cristian empuñando la pistola, parecía que no hubieran notado que estaba a punto de fugarme. El silencio terminó, y me tropecé con el cuerpo sin vida de uno de mis verdugos que me hizo gritar más y brincarlo tirando la silla también. Fue un momento de movimientos confusos, intentando descubrir mi libertad, me movía de un sitio a otro, en un segundo ligue mi mirada con la de Cristian, su rostro denotaba angustia y desesperación, quizá el tampoco creía que se había vuelto un asesino hace un par de segundos, nos miramos no más de 5 segundos, y en su mirada encontré un miedo más profundo que el que había visto en mi mirada, en el retrovisor dos días atrás. Di la vuelta y corrí, corrí con todazas las fuerzas que me quedaban, corrí y llegue a la puerta, la abrí y no me detuve, di un paso más y tropecé, mientras iba cayendo al piso casi en cámara lenta, sintiendo en mi cuerpo como las llagas de mis rodillas se abrían de nuevo al tocar la terracería del camino, escuché de nuevo un disparo al fondo de la casa, y temiendo que fuera dirigido a mi, me levanté lo más rápido que pude y comencé mi escape. Sentí así la vida regresar de nuevo a mi. Por la misma caída, sangraban mis rodillas, pude deshacerme por fin de los cordeles de mis muñecas, corrí de nuevo hacia un salvador anónimo y entonces grite, grité como si por primera vez se me hubiera dotado de la facultad, del habla y no dejé de correr avanzaba a pasos torpes por las condiciones de mi cuerpo, no mire atrás, no quería voltear la cara y averiguar si seguía sola en este camino. Mi falda estaba completamente rota, mi blusa ensangrentada, los tobillos y las muñecas con un ardor inimaginable.
- ¡auxilio!, ¡auxilio! -grité. Y mientras más corría dejaba atrás los caminos toscos de donde provenía, y el último disparo seguía extendiéndose en mi cabeza ¡pobre Marco! Y a veces lo recuerdo con la piel helada.
Entonces no se a donde llegue, pero todo parecía un poco más lleno de esperanza, era una avenida amplia, recuerdo haberla visto antes de llegar a mi pequeño infierno, casi sin coches, pero se veían algunas casas, pero aun así seguí corriendo. Corría y me caía, dejaba huellas rojas en cada caída por las rodillas ensangrentadas, se me dificultaba respirar, así que me arrodille, baje la cabeza, y lloré, me deshice de todas las lagrimas que había en mi; lloré con la ultima imagen de Cristian y al mismo tiempo al no ver nada ni nadie tras de mi reía como una loca en el camino, una miserable pidiendo auxilio, reía, al verme zafada de los cordeles, reí por ver mi alma de nuevo junto a mi cuerpo. Era esa mezcla catastrófica de los sentidos, llanto y risa fueron el ultimo recuerdo de aquel inolvidable día. Había caído en medio de un pastizal y solo veía como el mundo daba vueltas alrededor mío y con la luz brillante del sol apagándose por la proximidad de la lluvia sentí, entre risas, caer mis parpados como el telón de la puesta en escena de la mejor de las tragedias.
Después pasaron muchos otros días para encontrarme de nuevo en medio del reto de vivir, aunque sigo sin entender porque pasó aquello y porque termino de ese modo. Días después un periódico me dio la noticia que Cristian había caído muerto, en el segundo disparo que escuché, la prensa lo disfrazo diciendo que había sido un intento de robo y como prueba usaron el auto donde Cristian había llegado. Y es que el ropero bajo el velo fue el único testigo acertando que fui yo la victima de ese acontecimiento atroz. Desde entonces ya nada es igual, mi vida es más prudente en todos los sentidos, vivo la misma rutina anónima que cualquier ciudadano en una ciudad y aunque a veces quisiera recordar a Cristian como mi amigo pasado, pero el dolor de mi madre aun evidente, me lo impide. Ahora el padre nuestro, aunque no sea cristiana empedernida y aunque no haya hecho nada por recurrir a la versión completa y original, es algo que ya me sé a la perfección. ... .FIN
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