El
viaje fue un infierno , el barco apunto estuvo de zozobrar varias veces, una tempestad
que no paraba lo persiguió desde Marsella y no lo dejo hasta bien entrado en
Una
vez en la isla, tuvo que recabar información sobre el sujeto, habló con los
hacendados criollos y cuando les mencionaba al Místico, dejaban de comunicarse
en español, lo miraban como un demonio venido del averno y marchaban
farfullando oraciones. Fue Mamá Gomes, una anciana de casi ochenta años, oronda
y casi invalida quien le dio la pista exacta a seguir, la mujer vivía a las a
fueras de la ciudad, tenia fama de bruja y curandera, odiaba con todas sus
ganas a los criollos y rezaba constantemente.
-
Señor Helsing-
pronunció su nombre en perfecto alemán, le sorprendió bastante en aquella hija
de esclavos venidos de África y educada por españoles - aquel al busca, no se
encuentra aquí , marchó de la isla hace muchos años , pasó un tiempo en Haití donde
se dice que intimó con François
Dominique , algunas leyendas hablan del Místico como el verdadero liberador de
los esclavos , su abuelo era español y su madre mexicana , llegó a la isla
buscando fortuna según algunos , según otros conocimiento, emigró al otro lado
que para aprender de los magos africanos , de seguro se encuentra ya en el
continente , en Nueva Orleáns o mas lejos aun .
Le agradeció la atención, quiso pagarle y no lo dejó,
le agarró del brazo muy fuerte, como si le fuera la vida en ello.
-
Señor, cuando lo encuentre, dígale algo de mi parte la vieja miró de un
lado a otro, buscando espías que no existían salvo en su cabeza.
-
Si señora, que quiere que le diga.
-
Dígale
solo dígale- en aquel momento la vieja le miró a los ojos y ya no
vio a un forastero del otro lado del
mundo , delante de ella , a su lado ahora , su pretendiente , un novio y ella no tenía
ochenta años sino dieciséis , sus ojos se tornaron adolescentes, la joven negra
, con rasgos afilados herencia de españoles , rezumaba belleza , frondosidad y
juventud, los ojos color avellana , inocentes y grandes como platos , el negro
cabello recogido en un moño , unos hombros suaves a la vista, como de
terciopelo que se entreveían por el vestido , el cual caía con gracia hasta su cintura de avispa.
El rumor del mar llegaba desde la ventana , y tuvo
una sensación placentera , juraría que acababa de hacer el amor con la joven ,
aun guardaba el olor de su piel , también llegaban a su cabeza recuerdos
ajenos, adoptados solo para aquel instante , recuerdos de encuentros ocultos y apasionados
de besos robados y miradas tapadas con abanicos en la iglesia .
-
Dígale que lo quiero, señor y que lo querré siempre hasta que la parca
nos lleve hasta nuestro señor, dígaselo señor Helsing.
El austriaco perdió el norte , se sintió confuso y
mareado , tuvo que sentarse en una silla de esparto , que apenas aguantaba su
peso , la anciana corrió a traerle un vaso de agua , de seguro el calor
tropical le jugó una mala pasada . Mamá Gomes le acercó el vaso a los labios,
se veía pequeñita, diminuta pese a sus kilos de mas, frente al espigado forastero,
una vez que este se hubo recuperado, lo miró con una sonrisa entre picara y angelical.
- Prométame que se lo dirá señor le dijo y el forastero
asintió, mientras se encomendaba a todos los santos y comenzaba sudar de nuevo.
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