AYUDA . 1 PARTE / WESTERN PSICOLOGICO 7

Categoría(s): historias, ciencia ficción

 

Derruida por los elementos la iglesia decrepita emerge de las arenas del desierto, rodeado de columnas rotas y apoyado en una de ellas, el hombre del “guardapolvo” oscuro contempla una inscripción, símbolos antiguos parecidos a los grabados indios en un templo cristiano, el hombre se santigua como queriendo así evitar los malos augurios que le persiguen desde la vieja Austria.

 

 

 

El viaje fue un infierno , el barco apunto estuvo de zozobrar varias veces, una tempestad que no paraba lo persiguió desde Marsella y no lo dejo hasta bien entrado en La Española, nunca antes contemplo nada igual , las nubes negras parecían perseguir al buque , cebarse con el , hundir las viejas maderas en las frías aguas del Atlántico, muchas veces besó el sagrario , entregado en mano por el mismísimo Papa de Roma , creyendo que era el fin de sus días , hubo un conato de motín por escased de agua y víveres que se perdieron por la brecha abierta en la quilla del barco , que a duras penas consiguieron reparar, pero después de todo llego.

 

 

Una vez en la isla, tuvo que recabar información sobre el sujeto, habló con los hacendados criollos y cuando les mencionaba al Místico, dejaban de comunicarse en español, lo miraban como un demonio venido del averno y marchaban farfullando oraciones. Fue Mamá Gomes, una anciana de casi ochenta años, oronda y casi invalida quien le dio la pista exacta a seguir, la mujer vivía a las a fueras de la ciudad, tenia fama de bruja y curandera, odiaba con todas sus ganas a los criollos y rezaba constantemente.

 

 

-          Señor Helsing- pronunció su nombre en perfecto alemán, le sorprendió bastante en aquella hija de esclavos venidos de África y educada por españoles - aquel al busca, no se encuentra aquí , marchó de la isla hace muchos años , pasó un tiempo en Haití donde se dice que intimó con François Dominique , algunas leyendas hablan del Místico como el verdadero liberador de los esclavos , su abuelo era español y su madre mexicana , llegó a la isla buscando fortuna según algunos , según otros conocimiento, emigró al otro lado que para aprender de los magos africanos , de seguro se encuentra ya en el continente , en Nueva Orleáns o mas lejos aun .

 

 

Le agradeció la atención, quiso pagarle y no lo dejó, le agarró del brazo muy fuerte, como si le fuera la vida en ello.

 

 

-          Señor, cuando lo encuentre, dígale algo de mi parte – la vieja miró de un lado a otro, buscando espías que no existían salvo en su cabeza.

 

 

-          Si señora, que quiere que le diga.

 

 

 

-          Dígale …solo dígale- en aquel momento la vieja le miró a los ojos y ya no vio  a un forastero del otro lado del mundo , delante de ella , a su lado ahora , su  pretendiente , un novio y ella no tenía ochenta años sino dieciséis , sus ojos se tornaron adolescentes, la joven negra , con rasgos afilados herencia de españoles , rezumaba belleza , frondosidad y juventud, los ojos color avellana , inocentes y grandes como platos , el negro cabello recogido en un moño , unos hombros suaves a la vista, como de terciopelo que se entreveían por el vestido , el cual  caía con gracia hasta su cintura de avispa.

 

 

El rumor del mar llegaba desde la ventana , y tuvo una sensación placentera , juraría que acababa de hacer el amor con la joven , aun guardaba el olor de su piel , también llegaban a su cabeza recuerdos ajenos, adoptados solo para aquel instante , recuerdos de encuentros ocultos y apasionados de besos robados y miradas tapadas con abanicos en la iglesia .

 

 

-          Dígale que lo quiero, señor y que lo querré siempre hasta que la parca nos lleve hasta nuestro señor, dígaselo señor Helsing.

 

 

El austriaco perdió el norte , se sintió confuso y mareado , tuvo que sentarse en una silla de esparto , que apenas aguantaba su peso , la anciana corrió a traerle un vaso de agua , de seguro el calor tropical le jugó una mala pasada . Mamá Gomes le acercó el vaso a los labios, se veía pequeñita, diminuta pese a sus kilos de mas, frente al espigado forastero, una vez que este se hubo recuperado, lo miró con una sonrisa entre picara y angelical.

 

 

 

- Prométame que se lo dirá señor – le dijo y el forastero asintió, mientras se encomendaba a todos los santos y comenzaba sudar de nuevo.

 

 

 

 

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