La flecha llegó a perforar mi caja toráxica, volviendo añicos mi pulmón derecho hasta conseguir con su extremo puntiagudo el centro del corazón. La primera reacción fue tratar de extraerla pero todo esfuerzo resultaba inútil, el dolor era insoportable y más aún el miedo de morir en medio de todo el conflicto sin poder colaborar en la batalla que estaban presentando mis compañeros. La sangre empezó a salir a borbotones impregnando las páginas del libro, no cabía duda que estaba atrapado en el bosque de Sherwood.