- Tienes que irte de mi casa, dijo lacónico,
- Pensé que cuando me pediste que viviera contigo era para siempre; Angélica no podía ocultar su sorpresa, su amargura, sabía que no podía sucumbir ante el dolor, tenía que agarrarse con fuerzas a cualquier sentimiento que la mantuviera medianamente firme, digna.
- No quiero lastimarte pero, Andrea volvió y me pide otra oportunidad, le debo eso!.
- Le debes?, tu no le debes nada, ella te abandonó sin ninguna explicación - una idea pasó por su mente, quizo rechazarla inmediatamente pero no pudo- o es que todavía la quieres?, quizá nunca dejaste de quererla?, preguntó sin darse cuenta.
el no respondió pero, no pudo sostenerle la mirada. Angélica lo miró por vez primera, como quien deja de mirar obnubilada la belleza del pelaje de un tigre para fijarse en sus enormes garras.
- Así que es verdad, la quieres - sus propias palabras le olieron a sentencia y maldita sea que amargas se sentían al pasar por su garganta-, y todo este tiempo, que mierda hago yo con todo este tiempo?
- Por favor Angélica no me hagas sentir peor, para mi tampoco es fácil.
- Estás terminando una relación para retomar otra, discúlpame pero no te veo destrozado ante la situación.
el no se movió, se veía incómodo, casi irritado, quería terminar con aquella pelea, su comportamiento era anormal, pero bueno si el quería que ella se fuera no había más que hacer, tirarse al suelo y rogarle que lo pensara mejor ni siquiera era una posibilidad; cinco meses, el le debía una oportunidad a ella, y yo, y mi amor no nos merecemos tambien una oportunidad?. las lágrimas se agolpaban en sus ojos y amenazaban con desbordarse en cualquier momento, una mano invisible comenzó a apretar su garganta, la situación cobraba realidad en su mente y el dolor ante lo inevitable la hacia temer.
supongo que quieres que me vaya lo antes posible verdad?; así que recogeré todas mis cosas ahora, se dirigió hasta el dormitorio, pero él la alcanzóantes de entrar.
tus cosas están ahí, le dijo mientras señalaba su par de maletas negras, las mismas con las que llegó a esa casa cinco meses atrás cargadas de sueños, anhelos, amor, miedos; las mismas que ahora la esperaban listas, con todas sus cosas. no podía creerlo, tan poco había significado para ese hombre que ni siquiera le permitió empacar, despedirse de todo, como era posible tanta crueldad?; se sintió profundamente humillada, lo miró y ante su desconcierto de su propia boca salieron palabras que la sorprendieron.
dime que me quede, no hagas esto, le dijo - retener sus lágrimas se convirtió en un esfuerzo inútil, las barreras de su amor propio se fueron a la mierda, le estaba rogando y no le importó- no dejes que me vaya por que si lo haces te juro que no volveré.
una puerta se abrió, alguien más estaba ahí, no, él no pudo hacerle eso, un momento tan íntimo.
no seas patética!
Angélica escuchó la voz pero no podía creerlo.
no me mires con esa cara, nunca pensé que te escucharía rogar, es bastante raro en ti pero ya es hora de que te vayas, y no te preocupes, puse todas tus cosas en las maletas; por cierto, rico perfume.
Angélica pudo sentir en ese mismo momento, como quien mira un hecho increíble pero innegable que su amor por ese hombre había muerto; a ella la miró con desprecio, a él como si no lo viera, se guardó todas sus lágrimas, segura de volver a necesitarlas alguna otra vez en la vida, se reprendió por haberlo querido, por no hacer valorar su amor, por ciega, por bruta, por ser una idiota y malgastar su tiempo con un hombre que no entendió nada nunca, recogió su coraje, su orgullo pero, se negó a llevarse todo el amor que sintió por el en esos meses, te lo dejo como regalo, pensó mientras veía como ese amor llenaba los espacios, los rincones de esa casa al tiempo que desocupaba su corazón y como una certeza supo que él no la olvidaría nunca, que se equivocó y que ya se estaba arrepintiendo de dejarla ir, así que a toda prisa tomó sus maletas y mirándolo le dijo:
asume, tu ya elegiste; yo sigo buscando - y se marchó-.
|
Imprimir |
Enviar historia |
