Así deberían de ser todas las guerras

Categoría(s): Reflexiones

Son las siete de la mañana. El sol, un día más, comienza a erigirse cual emperador inmortal. Es la hora indicada. El general Picolo, con un puñal entre los dientes y la mirada cegada por el ansia de la victoria redentora, otea el horizonte en busca del enemigo de turno. En el instante previo al estallido bélico, el general bajito, calvo y bigotudo se gira y observa un panorama que estremece hasta el último recoveco de su alma rígida y sin mácula.

 

Su tropa, antes masa monolítica al servicio del orden y la entrega abnegada, se retuerce en espasmos al son de la música de Paris Hilton. Los jadeos de la hembra recental no guardan consonancia alguna con el más mínimo sentido de la armonía, pero son suficientes como para que en plena explosión varonil, las furiosas quejas del general se pierdan en el eco del silencio perdido. Picolo, baluarte de la ortodoxia militar, decide alejarse de la tentación rubia y achuchar las conciencias de dos hombres que no siguen el hilo del concierto: Joaquín Sabina y Federico García Lorca. Sin embargo, los dos poetas, entretenidos en tratar de enamorar a la luna, no se prestan a las admoniciones del señor bigotudo.

 

Desconcertado, Picolo trata de abrirse paso en mitad de una legión que ha abandonado la lucha por la victoria y la ha sustituido por la vida vivida en paz. En el preciso instante en que está a punto de desfallecer, clava la mirada en un recio bandolero con arcabuz en ristre. Creyendo que él le ayudará, le exige que se cuadre ante la autoridad. El forzudo de ojos devastadores, sin dudarlo, le apunta con su arma como única respuesta. Pasados tres segundos interminables, acaba disparando. El general, aterrado, sólo nota al fin cómo un chorro de agua le resbala por el rostro coloreado de la vergüenza.  Rendido al fin, el imperator Picolo, vuelve sobre sus pasos y deja que los espasmos producidos por la voluptuosa rubia inunden todo su ser.

 

Esta historia me la cuenta por teléfono un cómico de camisa roja al que todos conocían como Gila. Siempre recordaré cómo al colgar enuncia una frase para la eternidad: “La guerra ha terminado”.  

 
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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Comentarios:

Escrito por: Ieshua       14/05/08 17:47
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"Nos escondemos para hacer el amor, mientras la guerra se practica a plena luz del día"

Jhon Lennon

Interesante tu historia, me agrado.

Si así fueran las guerras, otro fuera el mundo.
Páginas: 1

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