


| Escritor: | Ederick |
| Públicado: | 07/07/2010 |
Arturo, era un hombre casado, tenía tres hijos pequeños y para entonces cuarenta años de edad. Se dedicaba a la agricultura mayormente, aunque tenía diversos oficios como: carpintero, albañil, herrero, etc.
Sembraba en parcelas pequeñas para sustentar a su familia y cuando sus hijos se les antojaba carne, salía a cazar. Caminando varias horas hasta llegar a la puna*. Sus salidas duraban uno o dos días, hasta encontrar algún venado que pueda matar.
Así que un día, mejor dicho una noche, se levantó, rápido, se alisto, tomó su antigua escopeta, se despidió de su mujer y salió con rumbo a las alturas. Eran aproximadamente las dos de la madrugada, partió solo. Ni siquiera el perro que siempre le acompañaba, le siguió esa madrugada. Iba solamente con el firme propósito de poder cazar algún venado. Caminó nueve horas hasta llegar a la puna, la recorrió toda, pero para su mala suerte no encontró ni siquiera una vizcacha. Ya eran las quince menos veinte de la tarde cuando decidió seguir ascendiendo hasta la parte que le corresponde a la región de la cordillera. Al llegar, ya eran las dieciocho menos diez de la tarde y el sol ya se despedía sollozando por occidente. Arturo seguía caminado en su búsqueda incansable, cuando de pronto escuchó un sonido que era parecido a de un tropel de ovejas, pero él sabía que no lo era, porque por ese lugar ni en sueños iban a llegar las ovejas, entonces alisto su escopeta y se puso alerta, pero el sonido fue disminuyendo hasta casi hacerse imperceptible a sus oídos, camino lo más rápido que pudo y a lo lejos vio que un tropel de venados corrían hacia un mismo lugar. Trató de alcanzarlos, pero camino despacio para no atraer su atención, hasta que llegó una roca grande donde se escondió para avistar. De pronto al sacar lentamente la cabeza, el corazón le palpito de una forma descomunal al ver un tropel de venados reunidos en un precario redil. Estaba ya a punto de disparar, cuando se dio con una ingrata sorpresa: vio a lo lejos a una persona pequeña de traje completamente rojo que se acercaba de prisa hacia el redil. Tenía la apariencia de un niño, pero a medida de que se acercaba rápidamente juntando a los venados, pudo ver que tenía los rasgos de una persona adulta maltratada por los años y la inclemencia del frío. Quedó seguro que ya era adulto. Porque él solo agarraba y marcaba en las orejas a cada venado que no lo estaba.
Entonces Arturo se fue asustado a dormir muy lejos de aquel lugar, porque estaba seguro que aquella criatura no era alguien normal, sino era un ser extraño con diversos poderes. Al día siguiente muy temprano, regresó a aquel lugar y no encontró nada. El lugar no era más que un campo seco. Entonces siguió caminado y encontró un venado y lo cazó. Se marchó a su casa de prisa, con el temor que le persiguiera aquella criatura extraña. Llegó ya entrando la tarde. Su familia le esperaba con especial regocijo, cuando empezó a descuartizar al venado, notó que tenía una especie de señal debajo de la oreja izquierda. Por la noche soñó que aquella criatura le decía: Pagarás por haberme robado uno de mis animales. Contó lo que le había ocurrido, pero pocos le creyeron. A mí me lo contó cuando aún era pequeño y yo sí le creí, me dijo: -Si encuentras un venado con esa característica especial, me creerás aún más, y sabrás a quién le pertenece.
Puna*: el geógrafo peruano Javier Pulgar Vidal la delimitó entre los 3800 y 5200 msnm.|
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