Ardantir - Chapter 4

Chapter 4 - Remembranzas

La cuerda del arco se tensó entre sus dedos, apuntó directamente hacia el centro de su objetivo y permitió que la flecha volara surcando el aire, el tiro fue preciso y arrancó la manzana de la rama en que colgaba alejándola junto con el proyectil un par de metros en el aire. Sin perder más tiempo, tomó una nueva flecha del carcaj a sus espaldas y la acomodó en el arco, tensó la cuerda nuevamente y disparó, el tiro fue lento y retrasado, el proyectil voló por encima de la manzana que un segundo después cayo al suelo. Lanzó el arco al piso y estuvo a punto de romperlo de una patada pero lo pensó mejor en el último momento y terminó por recogerlo, después se dirigió a hacer lo mismo con las flechas, siempre con la cabeza gacha mientras sus pensamientos navegaban de regreso a las pruebas.

– No lo lograrás – el elfo era poco mayor que él, en el tiempo en que se les consideraba apenas unos chiquillos ingenuos. Se encontraba rodeado por otros seis de sus compañeros que también presentarían la prueba

– Déjenlo probar, será más divertido – otro de los presentes opinaba mientras el resto lo apoyaba con carcajadas

Aquella vez también había tensado el arco y acomodado el proyectil entre sus dedos pero los nervios y el enfado que sus compañeros provocaban en él le habían hecho perder el blanco. Había sido así desde que podía recordar, todos lo provocaban y se mofaban de él por ser ligeramente diferente. A diferencia del resto, su cabello era negro, un negro extremadamente oscuro; entre los elfos, el cabello normalmente era rubio en cualquiera de sus tonalidades, desde aquellos que poseían un color tan claro que parecía los primeros rayos del sol en la mañana hasta los que poseían un color castaño, casi marrón, en su cabellera. El cabello de otro color era muy raro entre la clase de elfos a la que pertenecía, era tan raro como un elfo oscuro con cabello distinto al blanco. Al fallar el tiro, sus compañeros rieron todavía más de lo que habían hecho antes.

– ¡Vaya! Si no puede ni asestar el primer tiro… – era el mismo joven que había dicho que no lo lograría quien hablaba

– Vamos, Brolrin. Muéstrale cómo debe hacerse…

– De acuerdo, de acuerdo…

El primer elfo tomó posición a distancia considerable del árbol con el que estaban practicando. Preparó una flecha y la liberó, su mano extrajo un segundo proyectil al tiempo que el primero golpeaba el blanco. La segunda flecha golpeó la manzana en el aire enviándola todavía más lejos.

Una vez hubo recogido las flechas utilizadas, regresó al lugar desde donde había disparado inicialmente y decidió cuál manzana sería su nuevo blanco. Practicó el tiro unas cuantas veces más, cambiando de árbol después de cada cierto número de tiros para evitar tirar demasiadas frutas del mismo. El cielo se teñía de rojo sobre él y seguía fallando el segundo tiro, algunas veces incluso el primero si la irritación lograba vencer su concentración. Cuando por fin logró asestar dos golpes en el blanco, el cielo ya se había obscurecido por completo.

– Ese fue un buen tiro

Sobresaltado, giró sobre sí para observar quién había hablado para encontrarse con un elfo oscuro a sus espaldas. Rápidamente, su mano alcanzó una nueva flecha y comenzó a prepararla en el arco.

– No es necesario que te alteres. Si quisiera atacarte lo hubiera hecho cuando estabas distraído

Inseguro de lo que debía hacer pero convencido de que lo que aquel joven decía era razonable, bajó el arco pero sin dejar que la tensión de la cuerda cediera.

– Me preguntaba porque habías disparado dos flechas en el tiro anterior pero ahora lo veo. Muy buen tiro

– Lo fallé

– Quizá tu vista no esté tan bien, claramente pude ver como ambos proyectiles golpearon el blanco

– Para un arquero común sería suficiente, pero no para uno que quiera estudiar con el Maestro

– ¿Qué hubiera tenido que lograr ese arquero para ser digno?

En vez de responder, el joven se dirigió a donde había caído la manzana y regresó con ella para extendérsela al otro. La manzana había sido atravesada en el centro por el primer proyectil mientras que el segundo había golpeado más abajo seguramente por la inclinación del fruto provocada por la primera flecha. Una vez que tenía el ejemplo gráfico, el joven respondió a la pregunta.

– Un arquero que aspirara a ser Su alumno tendría que haber golpeado ambas veces en el mismo lugar

– Esa es una hazaña difícil, tendrías que evitar que la manzana girara la primera vez que la golpearas

– Cosa que podría lograr con la fuerza y precisión correctas

– O con la velocidad necesaria…

– ¿A qué te refieres?

– Solo pude ver tus dos últimos tiros, preparas la segunda flecha cuando te das cuenta que la primera ha golpeado correctamente

– Así evito un tiro innecesario

– No exactamente, lo que evitas es tener el tiempo suficiente para preparar el arco

– Entonces ¿propones que prepare la segunda flecha antes?

– Así es. El secreto está en que estés seguro de tu habilidad de golpear el blanco con el primer tiro desde el momento en que liberes la cuerda

– ¿Puedes hacer esa clase de tiro?

– Por supuesto que no, apenas sé utilizar básicamente un arco… pero la velocidad es algo con lo que estoy familiarizado

– Intentaré hacerlo a tu manera

– No pierdes nada…

El joven extrajo los proyectiles de lo que quedaba de la manzana y se preparó a disparar de nuevo. Tensó el arco y se aseguró de apuntar correctamente el primer tiro, su mente pasó entonces a estudiar el movimiento necesario para tomar la segunda flecha de la funda. Cuando estuvo seguro de estar preparado para efectuar la maniobra, disparó. El disparo no fue un éxito total, pero el joven se alegró de notar que había estado más cerca de su objetivo que con el disparo anterior, esta vez la segunda flecha había golpeado más cerca del centro e incluso había rasgado la flecha anterior. Una vez hubo recogido el fruto se lo extendió al otro para que pudiera ver los resultados.

– Parece que tu consejo me ayudó, solo tuve que poner de mi parte mis conocimientos de arquería

– Por supuesto, algo como eso no puedo dártelo

– Por cierto, mi nombre es Adanarth – el joven extendió la mano frente a él

– Yanna el mío – el elfo estrechó la mano que le extendían, ambas pieles contrastando durante el apretón



– Recuerdo haber visto sus rostros, no me vendría mal un trabajo extra – Thielith sonreía por haber encontrado una presa que no había considerado

– Puedes intentarlo – Adanarth extrajo a Nûzel de su cinturón, cada una de las dagas se encontraba en un costado distinto. Mientras tanto sus compañeros se acomodaron para poder observar a los recién llegados

– No hay necesidad de tanta insolencia. Si tienen información para mí puedo dejarlos ir…

– ¿Qué clase de información? – Yanna tomó su lanza del seguro que la mantenía a su espalda

– Necesito saber si han visto a una de los suyos pasar por aquí, debe estar cerca

– ¿“Una de los nuestros”? – Yanna se encontraba sinceramente confundido

– Más precisamente, de los suyos – Thielith indicó a Adanarth con la punta de su dedo índice

– Hablas como si nos conocieras – Adanarth mantenía a Nûzel preparadas mientras hablaba, vigilando a las altas figuras que no se movían pero fijaban los ojos allá donde la joven indicaba

– No realmente, solo un poco. Quizá la conoces, su nombre es Alhuërin

– ¿Alhuërin? – Adanarth dejó de observar al resto para fijar su atención en la joven

– Así que la conoces…

– No tengo el honor, ¿qué quieres con ella?

– Vaya, que desilusión. Pero reaccionaste a su nombre, así que debes darte una idea del porqué quiero encontrarla

– Así es. Y debes imaginarte que aunque supiera dónde se encuentra no te lo diría

– Que joven tan poco cooperativo…

– Será mejor que se retiren ahora – Yanna se colocó en guardia mientras hablaba

– Ahora que lo mencionas, debo encargarme que cierto asunto se lleve a cabo como lo tengo planeado. Estas bestias han demostrado no ser tan confiables cuando tuvieran que obedecer órdenes… pero ustedes… hay un precio por sus cabezas. Encárguense de que sea eso lo que quede intacto y entréguenmelas, pueden hacer lo que quieran con el resto – Thielith dirigió la última frase a los Bazgoth para después retirarse con dos de ellos

– Parece que nos toca divertirnos un poco – Yanna habló a sus compañeros mientras las bestias arremetían en su contra

– Servirá de práctica – Adanarth pronunció las últimas palabras mientras corría junto a Yanna en dirección a los atacantes

La lucha se llevó a cabo allá donde los dos grupos se encontraron, Assel se mantuvo a distancia vigilando a sus compañeros. Sabía que eran luchadores expertos pero aquellas figuras encapuchadas no parecían temerles, podían seguir los movimientos de ambos lo cual no había visto entre los luchadores comunes a los que se habían enfrentado antes. Adanarth y Yanna poseían una velocidad increíble que solo los elfos podían alcanzar y aún así no cualquiera de los de la raza podría igualarlos. Yanna tomaba ventaja de lo largo de Ishgarthim para evitar que las garras de los atacantes lo alcanzaran, mientras que Adanarth dependía de su increíble capacidad de esquivar desarrollada como parte de sus habilidades de arquero. A pesar de todo, ambos jóvenes recibían cortes superficiales por parte de los Bazgoth, mientras éstos luchaban sus túnicas flotaban con el viento y ondulaban cubriendo una parte del combate; Assel pudo percibir que si seguían las cosas como hasta ahora serían derrotados por la desventaja dos a uno con que habían comenzado pero ninguno de los jóvenes aceptaría su incapacidad de superar a sus contrincantes.

– ¡Yanna, Adanarth… cúbranme! – habiendo dicho esto, Assel comenzó a pronunciar palabras en un lenguaje extraño mientras extendía sus manos frente a ella

Los Bazgoth habían dejado a la muchacha de lado considerando que no sería una amenaza y que podrían acabar con ella una vez terminaran con los portadores de armas pero notaron su error ahora que ella había hablado. Se habían enfrentado ya a conjuradores y sabían que, aunque físicamente débiles, eran contrincantes que debían ser vencidos tan pronto fuera posible, como una estrategia en la que hubieran quedado de acuerdo sin necesidad de comunicarse todos ellos se lanzaron en dirección de la joven. Adanarth y Yanna les siguieron el paso rodeando cada uno por un costado distinto y atacando de manera que las bestias se vieran retrasadas en su camino, en poco tiempo el viento a su alrededor comenzó a incrementar su fuerza y a girar con Assel en el centro.

Las bestias se irritaron al tener a los jóvenes evitando su embiste, su mente luchaba entre la decisión de atacar a la muchacha o terminar primero con las sabandijas que estorbaban, se detenían por momentos para combatir a los elfos pero conforme el polvo se elevaba en torno a ellos continuaban acortando la distancia hacia la maga.

Yanna atacaba a los Bazgoth en las piernas de manera que el esquivarlo provocara que tuvieran que cambiar de rumbo o detenerse, utilizaba la lanza como apoyo para golpear con patadas y como escudo para evitar golpes provenientes de las bestias. Siempre que la oportunidad se le presentaba lanzaba estocadas a diestra y siniestra para herir cuanto le fuera posible. Adanarth, por su parte, era increíblemente hábil utilizando a Nûzel para ataque y defensa, utilizaba las dagas para detener los golpes que no podía esquivar provocando que se escuchara el agudo sonido de las garras contra el metal mientras que hacía uso de su velocidad para mantenerse como un obstáculo en el camino entre los Bazgoth y Assel. A pesar de todo, las bestias ganaban terreno y se encontraban a un par de pasos de la joven cuando ésta terminó su conjuro. El polvo que se había levantado con el viento era ahora acompañado por hojas, trozos de rama y otras cosas que la corriente podía levantar, todo giraba cada vez con mayor intensidad y nublaba la vista de los combatientes, una vez que las bestias atacaron a Assel ella ya no se encontraba ahí.

– Tardaste todo lo necesario para lucirte, ¿cierto? – Yanna corría al lado de Adanarth quien cargaba a la joven a sus espaldas una vez que salieron de la nube de polvo

– No solo eso, nuestra amiga tenía que recordarle a esas cosas que se encontraba presente en el lugar – la sonrisa en su rostro indicaba que Adanarth hizo el comentario como broma y no como reproche

– Vamos muchachos… el lucirme lo aprendí de ti, Yanna... y de Adanarth el no querer quedar fuera de la acción

– La próxima vez no los retrasaré para que estés dentro de la acción – Yanna le sonrió a la joven – y Adanarth puede permitir que te luzcas

Continuaron corriendo para apartarse del lugar en el sentido que llevaban antes del encuentro, pronto saldrían del bosque acercándose al territorio del que los Bazgoth se alejaban.



Después de que los tres hubieran bebido agua del arroyo, Alhuërin apresuró a Beirfid y Leinard para alejarse del lugar, sabía que Thielith seguiría buscando al no haberla encontrado en Hrallaug y, conociendo qué cobertizo pertenecía a la familia del joven, sabría por donde comenzar a buscar su rastro. Viajaron a pie durante un par de horas para permitir que Beirfid descansara, después volvieron a montarlo para incrementar la velocidad. Durante el día sólo se detuvieron a comer, corrían por la orilla del bosque para evitar ser vistos pero evitaban entrar entre los árboles pues el rocín se vería alentado en gran medida por la falta de senderos que seguir. Una vez hubieran terminado la comida, Alhuërin comenzó a explicarle a Leinard las bases de la lucha con la espada, utilizó una rama larga para mostrarle movimientos y le extendió una segunda para que los practicara con ella. Realizaban toda maniobra lentamente, solo marcando el movimiento y ella le indicaba cómo podían ser evitados los golpes y la reacción que él debería tener, le indicó que no debía aprender los movimientos mecánicamente sino ejecutarlos por lógica, debía permitir que su pensamiento fuera más veloz que aquél del enemigo, pero también tenía que estar preparado para aquellos momentos en que el enemigo reaccionara mejor que él pues era inevitable con adversarios poderosos. Durante los próximos días incrementaron la velocidad de los movimientos mientras practicaban, dejando siempre el estudio para los momentos en que se detenían en su camino a Gens siendo estos la hora de la comida o por la noche. Alhuërin explicó a Leinard la diferencia entre varias técnicas de lucha con espada y cuál podría ser más útil en qué momentos. Le explicó los cambios que debían efectuarse en las maniobras cuando se luchaba contra algo distinto a una espada, ya fuera otra arma artificial o armas naturales como garras y mordidas.

Leinard se esforzó por absorber todo lo que la joven le enseñaba, muchas veces se equivocaba u olvidaba algo que ella ya hubiera dicho debido a la cantidad increíble de información que se le proporcionaba. A pesar de todo, la decisión que el joven poseía para aprender lo que Alhuërin le proporcionaba le llevó a mejorar sus movimientos y reacciones, le era imposible tocar a la joven en combate debido a la velocidad y experiencia que ésta poseía. Ella siempre lograba esquivar o bloquear los embistes de Leinard sin ningún problema aún a pesar de las heridas que todavía no sanaban por completo. Cerca de una semana después de iniciada la huida, por fin se alejaron del bosque y avanzaron en campo abierto para dirigirse a Gens.

– El bosque es más grande de lo que creí – Leinard se encontraba asombrado de que la arboleda continuara todavía más allá de donde ellos habían llegado

– No es un bosque cualquiera. No todos los bosques tienen las características que te expliqué sobre Alhuërin pero los que las comparten, también tienen una extensión muy grande

– ¿Qué pasará una vez que te alejes de él?

– No hay problema alguno si me alejo, el sello se mantiene. Lo que no podré hacer será cuidar a los habitantes del bosque directamente

– ¿Los habitantes?

– Los animales. Mis deberes como guardiana no se limitan a mantener el sello conmigo, sino también evitar la caza indiscriminada u otros ataques o peligros que el bosque pueda tener, incendios por ejemplo

– ¿Porqué vamos entonces a Gens? Creí que estábamos de acuerdo en que te ayudaría

– No vamos para dejarte ahí, hay asuntos que arreglar. Beirfid no puede ser una montura para dos personas durante más tiempo, lo cansaremos tanto que podemos causarle la muerte. También debemos dejar que mis heridas sanen por completo y alejarnos de Thielith mientras eso suceda, me parece extraño que todavía no nos haya dado alcance. Y, además, no sirve de mucho que aprendas a combatir con la espada si no tienes una que blandir.

– Entiendo… pero no poseo dinero, lo poco que mi familia tenía debía estar en casa. Y nuestras posesiones era lo que tenía más valor

– No te preocupes por eso. Tengo un conocido en Gens que podrá ayudarnos, era con él con quien quería que te quedaras

– ¿Y no le llevaremos algo?... no es que crea que nos exija un pago, pero nadie ayuda si no recibe nada a cambio, incluso si es bondadoso puede cobrar por necesidad…

– Puedes creerme, es de la clase de personas que te ayudara sin exigir nada a cambio. Sus necesidades, por otra parte, las cubren sus superiores

– No entiendo…

– Lo harás cuando lleguemos

– Este pueblo, Gens… ¿se encuentra muy lejos?

– No es un pueblo, es una ciudad. Nos quedan un par de días de camino solamente

– ¿Qué diferencia tiene con Hrallaug?

– Para ser una ciudad, ¿cierto? Las ciudades son más grandes que los pueblos, poseen ciertas construcciones que los segundos no. Además de que se dedican en mayor medida a la compra-venta de bienes y no a la agricultura.

– ¿Cómo obtienen comida si no siembran la propia?

– Parece que todavía no estás familiarizado con el término ‘comercio’. Esta actividad es la manera en que los agricultores como tú obtienen ganancias de los sobrantes de sus productos, aquello que no consumen por cuenta propia

– Papá se encargaba de eso – la voz de Leinard tomó un tono lúgubre –, me llevaría la próxima vez para que aprendiera cómo hacerlo

Alhuërin guardó silencio y continuó dirigiendo a Beirfid, dos días después llegaron a Gens donde avanzaron a pie. Tal como la joven había indicado, la ciudad era notoriamente más grande que Hrallaug aunque carecía de las grandes extensiones de plantío que éste poseía. La mayoría de las construcciones eran parecidas a lo que Leinard conocía pero otras eran más grandes que las casas, una incluso mayor que los cobertizos, y se mantenían abiertas para que la gente pudiera entrar, la joven le explicó que esas eran tiendas fijas y que cada una se dedicaba a productos distintos, lo más parecido de lo que Leinard había escuchado eran los vendedores ambulantes que llegaban cada mes a Hrallaug. Las calles en Gens se encontraban más transitadas que en su pueblo, en éste último la mayor parte de la gente se encontraba trabajando en el campo o cuidando de los hogares. Después de transitar por una ancha calle llegaron al centro del lugar y se detuvieron frente a una construcción de piedra, era tan grande como el edificio que Alhuërin había indicado como posada quizá un poco más, la piedra era gris y se encontraba labrada en relieve. El edificio terminaba en punta de manera que recordaba una choza, una enorme choza de piedra. Los cristales que adornaban el frente eran de colores y se encontraban ordenados de manera que formaran figuras llamativas. La enorme puerta de madera era tan alta como una casa pequeña en Hrallaug y se encontraba abierta de manera que cualquiera pudiera entrar.

– Vamos – Alhuërin dejó a Beirfid en la base de las escaleras que se extendían por todo el frente de la construcción y comenzó a subirlas

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Comentarios:

Escrito por: Rina       03/10/07 20:50
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Sigo enganchada con tu historia. Aunque claro que todavia tengo muchas incognitas y dudas. Espero los siguientes relatos para entenderlas.
Bye
Páginas: 1

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