Ardantir - Chapter 3

Chapter 3 - Evasión

La mañana era tibia y tranquila, los únicos sonidos que podía percibir era el canto de los pájaros saludando a un nuevo sol y el correr del agua en el arroyo. El agua corría lentamente sobre su rostro y dejaba tras ella una frescura que deseaba no terminara nunca, abrió los ojos y observó el agua cristalina frente a ella, podía ver claramente las rocas del fondo y los peces nadando de un lado a otro a veces con la corriente y a veces en su contra. Volvió a mojar su rostro para asegurarse de que todo estaba ahí realmente y que no era tan solo un sueño del que pronto podría despertar, todo había ido de maravilla los últimos meses y temía que esa perfección se fuera tan súbitamente como había llegado. Un crujido seco a sus espaldas alteró la tranquilidad que la rodeaba, asustada giró sobre sí y se impulsó a ponerse de pie con un solo movimiento.

– ¡Adanarth! – la mano que la joven había extendido frente a sí misma bajó lentamente a su posición natural al descubrir al muchacho colgando de una rama de un árbol cercano

– ¿Qué sucede? ¿Te asusté? – el cabello del joven, corto y negro, permitía observar sus puntiagudas orejas sin problemas. Vestía un traje verde oscuro con algunos adornos en dorado que delineaba un cuerpo esculpido por el ejercicio. Se mecía arriba y abajo en la rama como para aumentar la fuerza en sus brazos

– No te oí llegar… – la joven dejó las palabras al aire, era un comentario de sobra pues nunca había sido capaz de percibir al joven acercarse. Ella vestía solamente una capa blanca sobre su túnica azul claro. Su mirada se dirigió más allá de Adanarth, entre los árboles – ¿Dónde está Yanna?

– Cazando todavía… me aburrí y decidí ver qué estabas haciendo…

– ¿Decidiste ver qué estaba…? ¡¿Qué?! ¡Pude haber estado dándome un baño!

– Calma, calma… si lo que quisiera hacer fuera espiarte lo hubiera hecho sin que lo notaras…

La joven no respondió pues sabía que era cierto, pero eso no evitó que frunciera los labios y su rostro se coloreara de rojo.

– Además – debido al silencio de Assel, Adanarth continuó hablando –, de camino confirmé que te encontraras vestida para acercarme…

– ¡Degenerado! – la mano de la joven apuntó en dirección al elfo de nuevo y provocó que una ráfaga de viento golpeara la rama en que éste se encontraba

La rama crujió fuertemente y se separó del árbol por completo, Adanarth cayó ágilmente sobre sus pies pero terminó acuclillado frente al árbol dirigiéndole unas palabras que se perdieron con el viento por el sonido tan bajo que provocaron. Al terminar, el elfo se dirigió a donde Assel se encontraba, ahora dándole la espalda, con la rama todavía en sus manos.

– Gracias por la ayuda, me hubiera tomado mucho más tiempo utilizando el método con el que comencé. Deberías disculparte con él, yo lo he hecho

– ¡Pero fue tu culpa desde un principio!

– ¿Y es por ello que tus acciones deben ser pasadas por alto?

La joven masculló palabras inaudibles mientras caminaba más allá de Adanarth, se inclinó ante el árbol que hubiera perdido la rama y comenzó a hablar lo suficientemente alto para que el joven escuchara a sus espaldas.

– Disculpa que haya tenido que causarte sufrimiento debido a alguien tan desconsiderado

– Excusas… – Adanarth se adentró al bosque dejando atrás a la joven quien, a regañadientes, terminó por seguirlo



Leinard se aferraba a Beirfid pues sentía que, debido a la velocidad que mantenían, podría resbalar por su costado y morir pisado por el caballo. Hacía mucho tiempo que había dejado de forcejear en contra de Alhuërin, la muchacha se encontraba en excelente condición física y lo mantenía en su sitio aún a pesar de tener que dirigir a Beirfid, al final el joven se había cansado y dejado sus ideas calmarse. Había llorado, pataleado, gritado e incluso insultado la mayor parte de la noche, sus fuerzas se habían escapado con cada rabieta y no poseía energías para hacer nada más, sentía la garganta irritada y su voz se perdía cuando intentaba hablar, el viento helado de la noche le golpeaba el rostro y la temperatura del ambiente había disminuido antes del amanecer, sentía como si miles de diminutas navajas cortaran todo su cuerpo y terminó por reposarse en Beirfid para calmar el dolor. Una vez que el sol pudo vislumbrarse tras las montañas, elevándose lentamente en el cielo despejado, Alhuërin permitió que el rocín disminuyera su velocidad. Se encontraban todavía en la planicie que iniciaba al norte de Hrallaug con el bosque en un costado y las lejanas montañas en el otro. La joven dirigió a Beirfid hacia los árboles de manera que no se encontraran a simple vista y para poder encontrar algo de comida.

– Beirfid está cansado – Alhuërin bajó del caballo y fue seguida por éste mientras Leinard seguía recostado en él –, no está acostumbrado a correr por tanto tiempo y mucho menos con ambos sobre él

Leinard no respondió, todo su cuerpo dolía, nunca había cabalgado sin silla de montar y el haberlo hecho así había dejado adolorida toda la parte interna de sus piernas, su garganta seguía irritada y seca y todo su cuerpo le dolía, se sentía más cansado que aún el más pesado de sus días de trabajo en el pueblo y su estómago empezaba a pedir comida.

– Descansa, buscaré algo para comer – la joven se internó en el bosque dejando a Beirfid y Leinard esperando tras ella



Al llegar al lugar donde habían preparado la fogata por la noche, Adanarth y Assel se sorprendieron al encontrar a Yanna sentado junto al fuego y acompañado por un extraño atado y amordazado a su lado.

– Adanarth, creí que tu te encargarías de cuidar el lugar – Yanna tenía facciones bellas y afiladas tal y como Adanarth pero por todo lo demás parecía ser completamente distinto. Mientras que el otro poseía tez clara, Yanna tenía una piel increíblemente oscura que contrastaba con su cabello, blanco y largo, que llevaba recogido en una cola. La vestimenta de Yanna se parecía mucho a la de Adanarth en el estilo, pero su color era rojo oscuro con adornos en plateado.

– ¡Bah!, no creí que alguien fuera tan tonto para querer robarse algo…

– ¿Robarse “algo”?... ¡tus armas están aquí! – Yanna señalaba a unos pasos de él donde había un par de dagas.

– ¿Nûzel? Nadie se atrevería…

– Nadie que supiera su valor. Pero para imbéciles sin conocimientos como éste solo son un par de dagas bonitas…

Yanna tenía razón, el trabajo en las dagas que Adanarth llamaba Nûzel era algo que podía ser vendido a un precio extravagante, las dagas gemelas eran tan largas que cualquiera podría confundirlas con espadas. Las empuñaduras eran color blanco, pero un blanco demasiado puro como para pertenecer a algo que se encuentra a la intemperie. Las hojas eran delgadas y curvas y, al igual que las empuñaduras, carecían de adorno alguno, excepto por el reflejo azul cielo que las recorría en ciertos momentos.

– ¡Nûzel!, ¡¿solamente “dagas bonitas”?! – Adanarth corrió a recoger las armas de donde se encontraban encajadas y las aferró fuertemente

– ¿Qué vamos a hacer con él? – Assel llegó al lado de los otros e indicó con la cabeza en dirección al hombre amordazado

– Dejarlo aquí, quizá tenga la suerte de que alguien lo encuentre… o quizás no… – Yanna se puso de pie y tomó su lanza que se encontraba encajada en el piso junto a él

La lanza de Yanna era tan hermosa como Nûzel, más alta que su usuario y una tercera parte de su longitud era ocupada por la navaja. Todo el bastón era de color negro, el negro más oscuro que se pueda obtener, brillante, raso y pulido. La navaja era aferrada al bastón por una serie de espirales que formaban parte de éste último.

Una vez escuchado el comentario de Yanna, el hombre comenzó a retorcerse y a balbucear bajo sus ataduras, pero ninguno de los otros hizo caso de sus quejas, tomaron el desayuno que había cazado Yanna y terminaron yéndose del lugar dejando al hombre detrás. Para permitirle el escape, Adanarth cortó las cuerdas que mantenían sus pies, pero evitó quitarle las que ataban sus manos o la mordaza.



Alhuërin regresó del bosque con frutas y algunas hojas de plantas comestibles cerca de una hora después, Leinard había bajado de Beirfid y se había recostado contra un árbol mientras el caballo pastaba y descansaba. Los dolores habían pasado poco a poco, solamente quedaba la garganta seca y las piernas lastimadas, el joven fijó la vista en Alhuërin y no se la quitó de encima mientras dejaba las cosas ante él.

– Tendremos que buscar agua pronto, el arroyo está más retirado y no quise dejarte solo tanto tiempo

– Ya estoy solo. Por tu culpa no queda nadie más…

– Lo siento. No negaré la culpa de haberme encontrado en Hrallaug, pero quizá hubieran pasado por ahí buscándome de cualquier manera

– Pude sacarlos de ahí, ¡pero tú no me lo permitiste! – Leinard comenzó a toser debido al esfuerzo de su garganta, apenas podía hablar

– ¿Cuál hubiera sido tu estrategia? Hubieras muerto tan pronto te acercaras a un Bazgoth

– ¿Qué eran esas cosas? – el enojo del joven se retiró pues había desahogado la mayoría durante la noche y el recordar aquellas figuras también recordó la intriga que le provocaban

– No sé mucho de ellas, son bestias despiadadas que se dedican a matar como profesión. Una de las razas que existen y que desconoces

– ¿Para qué te buscan?

La joven lo observó fijamente, los ojos de Leinard despedían no solo intriga sino también confusión y enojo. Pasaron los segundos en silencio, escuchando sólo las hojas que giraban ligeramente con la brisa de la mañana pero con la mirada fija en la del otro. Por fin, Alhuërin rompió el silencio.

– De acuerdo, supongo que alguna explicación te debo… comentaste la similitud de mi nombre con la del bosque, ¿cierto?

Leinard asintió, hacía mucho tiempo había escuchado el nombre del bosque al este de Hrallaug, más allá de los terrenos de plantíos. El nombre no era común y lo había olvidado como la mayor parte de los habitantes, pocos conservaban el conocimiento como algo valioso, solamente al escuchar el nombre de la joven lo había recordado.

– Es extraño que sepas el nombre de Alhuërin, los humanos tienen poca memoria y no valoran el conocimiento tanto como las cosas materiales. Mi nombre es Alhuërin porque soy la guardiana del bosque que me dio el nombre, entre los de mi raza nace una de nosotros cada ciertos cientos de años, a veces antes y a veces después, siempre con una marca de nacimiento para indicar la herencia de nuestros deberes. Como nuestras vidas no son limitadas como las de los humanos, a veces hay más de una joven con la marca del guardián.

– ¿Eso significa que hay muchas guardianes?

– No exactamente. Puede haber hasta tres jóvenes con la marca del guardián al mismo tiempo pero solo una de ellas obtiene la bendición del guardián, si la elegida muere por alguna razón mientras cumple con su deber la bendición se dirige a cualquiera de las otras jóvenes con la marca.

– ¿Qué es la bendición?

– No lo sé con seguridad. Es alguna clase de sello mágico que alimenta de energía al bosque y las creaturas que lo habitan, en otras palabras es lo que mantiene a Alhuërin con vida y, por lo tanto, a todos aquellos que dependan de él. Desde hace un par de años, he cargado con la bendición del guardián.

– Y, ¿es por eso que te buscan? No veo en que pudieran beneficiarse

– Es un poco más complicado que eso. El sello mantiene no sólo la energía del bosque, sino también su libertad… los humanos siempre han considerado a las plantas y los animales como seres inferiores que existen solamente como alimento pero no es así, el bosque se encuentra tan vivo como los animales quizá incluso más. Mientras el sello se mantenga, ninguna creatura, humana o no, podrá adueñarse de la extensión que el bosque ocupa ni reclamarla para sí.

– ¿Alguien quiere apropiarse del bosque? ¿Por qué?

– No solo de Alhuërin, sino del resto de los bosques de la región, cada uno de ellos posee un guardián como yo, cada uno con un sello. Hace unos años, Thielith asesinó a mi predecesora y el sello de Alhuërin me fue trasmitido, de alguna manera ella conoce lo que te he explicado y buscó a una niña que había nacido hace muy poco con la marca creyendo que ella fuera el nuevo sello, ahora ambas sabemos que soy la única que queda. Thielith es una asesina a sueldo, actúa de acuerdo a lo que le paguen y el arriesgarse a enfrentarse a los guardianes y el resto de nuestra raza debe ser algo muy costoso, sólo hay una explicación: el rey quiere expandir sus dominios.

– ¿El rey? No puede ser él, quizá no sea el más noble rey que hayamos tenido, pero tampoco es un tirano.

– Nadie muestra su verdadero rostro. Además, el contratar a Thielith le ayudaría a mantener oculto el hecho de que sea él quien está haciendo esto.

– No puedo creerlo, es demasiado – Leinard apretó los puños hasta que sus propias uñas le hirieron –. Si te buscaban a ti, entonces ¿porqué atacar…?

– Esa no fue Thielith. Será una asesina pero sólo realiza el trabajo que le es encargado… pero alguien asignó a los Bazgoth para acompañarla, seguramente quien la contrató lo hizo para ayudarla en su trabajo. Los Bazgoth, como te dije, son bestias despiadadas, les gusta el olor y el sabor de la sangre y nunca dudarán en derramarla. Estoy segura que el incidente de Hrallaug es algo en lo que Thielith no estuvo de acuerdo pero tampoco hubiera podido evitar.

– ¿Cómo supieron que estabas en Hrallaug?

– No lo sabían con seguridad, sólo lo sospechaban. Thielith tiene tanta habilidad en el rastreo que ni el mejor de los cazadores puede comparársele, seguramente pudo seguirme hasta la salida del bosque. Que estaba en el pueblo y no en otro lugar, debió ser por la roca Ilantë que ahora tienes

Leinard extrajo la roca que su padre le obsequiara de la bolsa en su camisa, eso era ahora lo único que le quedaba para poder recordar a su familia, no entendía como una simple roca pudiera ser la causa de la desgracia de su pueblo. Al observar la confusión en el rostro del joven, Alhuërin continuó.

– Perdí esa roca Ilantë en mi encuentro con Thielith y los Bazgoth, no me di cuenta sino hasta que estuve en tu cobertizo que ya no la tenía conmigo

– Si es tuya… – Leinard extendió su mano con la roca hacia Alhuërin pero ella se limitó a cerrar el puño del joven alrededor de la piedra

– Ya no es mía, yo la perdí – la joven se puso de pie de nuevo y acercó a Beirfid a donde se encontraban –. Fue un regalo de tu padre así que consérvala. Puede llegar el momento en que Ilantë salve tu vida, pero tendrás que elegir bien pues cuando la utilices se desvanecerá por completo. Vayamos a buscar agua

– ¿Cómo puede una roca salvar mi vida?

– Te dije que Ilantë no es una roca común

– Pero no sé como utilizarla…

– Te lo diré después, cuando nos separemos. Por ahora debemos ir al arroyo para beber agua – la joven avanzó al frente con Beirfid y el joven la siguió

– ¿Cuándo nos separemos?

– Por supuesto, te llevaré a Gens donde estarás seguro y después encontraré el modo de evitar a Thielith

– No voy a quedarme con los brazos cruzados después de lo que le hicieron a mi familia…

– No hay nada que puedas hacer, no tienes habilidades en la lucha

– Pero tú puedes enseñarme, no cualquiera carga con esas armas

– Por supuesto que no, sólo se le brindan al guardián

– Me refiero a que debes saber usarlas

– Sé a lo que te refieres, pero no perderé mi tiempo en enseñarte a usar el arco y la espada desde lo más básico. Como te lo he explicado, tengo cosas más importantes que vigilar

– No tienen que ser ambos – Leinard miraba fijamente la espalda de la joven mientras caminaban, sabía que podría utilizar la culpa de alguna manera para convencerla –, si me enseñas a blandir una espada podré enfrentarme a ellos

– ¿Enfrentarte a ellos? – Alhuërin se detuvo y observó a Leinard – ¡Entiéndelo! ¡No importa cuánto te esfuerces, nunca serás rival para Thielith, ni siquiera para un Bazgoth solo!

– Tú eres lo suficientemente buena para hacerlo

– ¿Y qué te hace pensar que podrás ser como yo?

– Que tengo algo por lo que luchar

– La venganza…

– No, el honor… no permitiré que todas las personas de Hrallaug hayan muerto en vano. Si te acompaño y me enseñas a luchar, podré ayudarte a evitar que logren su objetivo

Alhuërin lo observó fijamente por unos segundos, aquél niño creía poder enfrentar fuerzas que nunca antes en su vida había siquiera escuchado nombrar. Nunca había sido entrenado para la batalla y ni siquiera había presenciado una, lo más cercano había sido la masacre del día anterior.

– De acuerdo – la joven siguió caminando –, pero no permitiré que te vuelvas una carga

– No lo haré…



– No debiste dejarlo ir – Yanna se encontraba irritado, como la mayor parte del tiempo

– ¿Qué puede hacer? Además, tardará mucho en encontrar alguien que le ayude a desatarse y para entonces estaremos lejos y sin que puedan encontrarnos – Adanarth utilizaba una de sus dagas para afilar un trozo de madera que había cortado de la rama que ahora llevaba atada a la cintura. Cuando hubo terminado, la introdujo con el resto que se encontraban en el carcaj a sus espaldas.

– No te confíes, quizá sólo hayamos tenido suerte todo este tiempo

– Vamos chicos, no discutan. Yanna no digas eso, por favor… nos ha ido bastante bien y no tenemos de qué quejarnos

– Defiéndelo si quieres – Yanna se detuvo para estar frente a frente con Assel –, pero yo estaré contento mientras nadie nos encuentre

– ¿Y qué pasara si alguien lo hace?

Escuchar la voz los dejó inmóviles, Yanna sólo veía a Assel y ella sólo lo veía a él. Adanarth, en cambio, miraba fijamente a la joven que se había atravesado en su camino unos metros más allá, se encontraba acompañada por seis altas figuras encapuchadas, todas vestían túnicas desgarradas que contrastaban con los rasgos bellos, aunque duros, de la joven de negro.

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: JhonnValentine       13/03/08 15:48
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Woooow me sigue gustando este texto., te felicito otra vez. Alhuerin me agrada mucho, es raro encontrar un personaje femenino tan capas, y reflejar valentia. Seguire leyendote.
Escrito por: Hinoki       03/10/07 19:35
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
n_n Gracias por los comentarios, publicaré el Chapter 4 en un rato...

Pues ya volví jojojo... ahora me pondré al corriente con Soul, me dí cuenta hace unos momentos que ya va muy avanzada, aunque sea poco a poco la alcanzaré =P... saludos!!
Escrito por: Rina       02/10/07 23:19
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me sigue gustando la trama y el papel que van tomando los personajes.

PD: Ya se te extrañaba Hinoki, que bueno que hayas decidido seguir publicando tus historias.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar poesía
Nuestra red: Dietista online