Ardantir - Chapter 2

Chapter 2 - Thielith

Los rastros eran difíciles de seguir, parecía que los mismos bosques escondían a su guardiana ocultando cualquier huella que ésta pudiera dejar a su paso pero nada se interpondría entre el cazador y la presa, había superado peores situaciones antes. Poco a poco se acercó a las orillas de la floresta, Alhuërin no podía encontrarse lejos, quizá los Bazgoth estuvieran en el camino correcto ahora que se había separado de ellos, realmente esperaba que no fueran las creaturas quienes la encontraran pues le quitarían la diversión. La luz penetró poco a poco entre los troncos de los árboles, por fin había amanecido. Trepó hábilmente a un árbol y continuó el camino que hasta ahora había seguido, si la guardiana había decidido dejar la seguridad del bosque solo podía ser porque requiriera ayuda con sus heridas, poco había faltado para acabar con ella en el último encuentro. Por fin, la arboleda comenzó a ser más escasa, podía divisar movimiento en la lejanía y al llegar al último árbol se detuvo a observar. Había plantíos que cubrían la mayor parte de la extensión hasta el pueblo, los agricultores parecían llegar a trabajar justo en esos momentos. Desgraciadamente el trabajo debía ser llevado a cabo sin llamar la atención así que tendría que esperar a que reinara la oscuridad de nuevo para buscar dentro de Hrallaug, siempre que los Bazgoth no arruinaran las cosas tendría a su víctima aquella misma noche. Extendió la mano hacia el costado de su pierna derecha donde una funda de cuero guardaba una daga larga y curva, extrajo la hoja y observó las inscripciones grabadas sobre ella. Rasgó su piel superficialmente pero con una herida lo suficientemente profunda para que un par de gotas de sangre corrieran por la navaja, después de esto la lanzó al piso para que permaneciera clavada y se retiró al bosque para evitar ser vista durante el día.


– ¿Porqué tus orejas tienen esa forma? ¿Quiénes y para qué quieren atraparte? Tu nombre es igual al del bosque, ¿no es así? – Leinard buscó telas de mayor longitud para evitar que las heridas de la joven derramaran más sangre

– Tal como lo esperaba y te lo advertí, tienes demasiadas preguntas que fueron generadas por las respuestas obtenidas – la joven se limitó a atar las telas alrededor de su cuerpo, las heridas tardarían en cerrar y eso le causaría problemas

– Lo siento, pero no pude evitarlo. Si alguien te está persiguiendo, debería al menos saber porqué lo hacen, podrías ser una infractora buscada por el rey. Quisiera llevarte a casa para que mi mamá trate tus heridas, yo no soy bueno con esto

– Soy perseguida por el rey pero no por las razones que tú piensas y, aunque te explicara la situación, nada tengo para probarte que mis palabras son ciertas. Por la misma razón de mi persecución, será mejor mantenerme lejos de los habitantes de Hrallaug, no quiero traer problemas al pueblo. No te preocupes, mis heridas sanarán. Ahora ve a casa, me iré en cuanto pueda hacerlo

– No. Espera aquí… pero no quiero que mi padre te vea pues podría alertar al resto del pueblo, no sé donde ocultarte…

– Puedo subir al techo del cobertizo, mientras me mantenga recostada es difícil que me descubran. Además, es un buen lugar para observar si quienes me persiguen se acercan

– ¿Estás segura? Si llevas a cabo algún esfuerzo podrías lastimarte más

– No veo otro escondite por aquí – la joven se levantó lentamente –, me llevaré mis cosas conmigo

No fue hasta que Alhuërin tomó el arco y la espada que Leinard notó que estuvieron detrás de ella todo el tiempo. Ambas armas se encontraban esculpidas de la manera más sutil y hermosa que hubiera visto nunca, aunque realmente no había visto más que un par de arcos comunes y una espada en sus diecinueve años de vida, no era difícil distinguir tales obras de arte. El arco era tan alto como la joven, quizá incluso un poco más, y se encontraba tallado a partir de una madera tan blanca como la nieve. Quien quiera que hubiera fabricado el arma se había esforzado en pulirla detalladamente pues no podía percibirse ningún fallo o desnivel en ella, visto rápida o detalladamente el arco daba la impresión de haber sido siempre así, haber existido siempre como tal sin necesidad de que nadie lo elaborara. Las curvas del arco se encontraban adornadas por lianas grabadas en un color dorado como los rayos del sol, recorrían la madera enrollándose en distintas direcciones para cubrir desde el centro hasta las puntas del arma. La cuerda tensa entre las puntas era un filamento tan fino que apenas podía observarse a simple vista y parecía querer ceder a la menor brisa. La espada era una obra de arte por sí misma y no se veía opacada en ningún momento por el arco. Su hoja era casi recta pero observándola cuidadosamente podía observarse que poseía una curva extremadamente ligera por todo su largo, la navaja se encontraba tan limpia que Leinard podía observar su rostro reflejado en ella como en un estanque de agua clara. La empuñadura de la espada se encontraba elaborada de manera que concordaba perfectamente con el arco, parecía estar hecha de la misma madera labrada en espiral y se había efectuado sobre ella un trabajo tan puro como el del arco al ser pulida. La empuñadura presentaba también los adornos de lianas doradas y terminó por ser unida a un delgado cinturón alrededor del talle de la joven por un sencillo seguro, el joven se preguntó cómo era posible que la navaja no lastimara la pierna de la joven al encontrarse sin funda. Cuando Leinard comenzaba a salir de su asombro, Alhuërin se dirigió a uno de los pilares de madera del fondo del establo y comenzó a trepar ágil y sigilosamente, se ayudaba de cualquier estructura que formara parte de la construcción para hacerse camino al tragaluz, una vez arriba se mantuvo en equilibrio en el umbral y posó sus manos alrededor de las heridas en su abdomen, el esfuerzo debió ser muy grande para llegar ahí.

– Traeré comida por la noche con alguna excusa – Leinard se dirigió a la mezcla para alimentar a los animales tan pronto pudo reaccionar –, cuando venga con mi hermano y mi papá tendrás que poner atención, una vez que se retiren para llevar a los animales a pastar podrás bajar por un almuerzo que dejaré ahí dentro

– De acuerdo, muchas gracias – la joven siguió con la mirada la mano del joven, indicaba el lugar de donde había extraído la tela –. Respecto a la cena, te lo agradezco… pero si piensas hacerlo debe ser temprano, no puedo quedarme aquí más tiempo o pondré el pueblo en peligro. Aunque me esforcé en no dejar huellas de mi paso hacia acá, Thielith ya debe estar cerca, es una rastreadora excelente

– ¿Quién?

El joven no obtuvo una respuesta, una vez que dirigió la mirada hacia la abertura de la parte superior solo pudo observar a Alhuërin saltar ágilmente en dirección al techo.


Al llegar a casa, Leinard tuvo que detenerse frente a la puerta y apoyar las manos sobre sus rodillas para recobrar el aire. Había corrido de regreso pero sabía que no había sido suficiente, se encontraba muy retrasado y todos debían estar esperándolo en la mesa, una vez pudo respirar más tranquilamente, entró a su hogar.

– ¡Leinard!, has tardado en llegar – Bridget se encontraba sentada a la mesa junto a Escont y Graham, sus platos se encontraban vacíos frente a ellos pero todavía limpios –. Date prisa a cambiarte en lo que sirvo el desayuno

– Sí, mamá. Lo siento – el joven se apresuró a subir las escaleras y después de un par de minutos bajó arreglado para desayunar

– ¿Porqué el retraso? – Graham hablaba una vez terminaba uno de los enormes bocados que consumía

– Eh… una vez alimenté a los animales y salí del cobertizo, me quedé observando el sol salir en el horizonte

– ¡Oh! Algo increíble de observar, no importa cuantas veces lo haya visto nunca me canso de hacerlo

– Sí, es espléndido – Leinard se apresuró a engullir otro bocado para evitar ser interrogado más al respecto, una vez que terminó la comida en su boca habló de nuevo –. Oye, mamá, ayer que trabajé más de lo normal por dedicarme al terreno me quedé con un poco de hambre… ¿podría llevar un poco más de almuerzo hoy?

– Lein, sabes que no poseemos tanto… pero está bien, si realmente sientes hambre no veo porqué no. No pienso dejar a ninguno de mis hombres morir de hambre, incluiré un poco más hoy aunque debo prepararlo de nuevo, lo haré mientras se cambian de ropa

– Gracias mamá – de nuevo, el joven evitó más comentarios al llevarse más alimento a la boca

Al terminar el desayuno, todos fueron a vestir sus ropas de trabajo mientras Bridget se dedicaba a preparar la nueva porción de almuerzo. Después de todo, fue un día normal de trabajo. Leinard evitó entrar al cobertizo una vez Graham y Escont sacaron a los animales, aunque se sentía preocupado por Alhuërin también debía seguir con su trabajo en el terreno o su familia sospecharía… confió en que la joven haya notado la partida de su padre para bajar por la porción de almuerzo que había dejado para ella.

Las horas pasaron lentamente pero por fín llegó el momento de regresar a casa, Leinard se aseguró de dejar las bolsas del almuerzo atrás. Como todos los días, el joven ayudó a su madre con la cena pero esta vez tomó un par de frutas y un pedazo de pan y los ocultó entre sus ropas para dejarlos cerca de la entrada cuando salía de la cocina para preparar la mesa.

– Lein, ¿dónde pusiste las bolsas del almuerzo?, no las vi en el lugar de costumbre

– Oh… debí dejarlas en el cobertizo – el joven se esforzó por que el tono de su voz y la expresión de su rostro mostraran aflicción y asombro

– Hijo, pero ¿qué te pasa hoy? Has estado más ausente y distraído de lo normal – la voz de Graham vacilaba entre la inquietud y la broma, no estaba seguro de que realmente ocurriera algo malo

– No lo sé, quizá solo me encuentre cansado

– O enamorado… – la voz de Escont apenas se distinguía pues hablaba mientras masticaba un bocado

– ¡Escont! ¿Qué te he dicho sobre hablar con la boca llena? – el rostro de Bridget se puso colorado de ira mientras el de su esposo combinaba pero por la risa causada por el comentario del pequeño

– Nada de eso – Leinard evadió las miradas del resto mientras terminaba su comida –. Ahora, si me permiten, me retiro para recoger las bolsas antes que sea más tarde

– Está bien, puedes hacerlo – Bridget señaló el plato del joven – pero primero lleva eso a la cocina... y no tardes en regresar

– No tardaré – Leinard recogió los trastes de la mesa que ya no eran ocupados y salió de la casa asegurándose de llevar la comida que había separado


La noche se encontraba serena, mucho más serena que todas las demás. El sol terminaba de ocultarse y solo podían observarse un par de rayos en el horizonte que acentuaban las curvas dibujadas por las nubes en el cielo. El joven llegó al cobertizo y entró lo más pronto posible, había apresurado el camino de manera que tuviera un par de minutos de sobra para conversar con la muchacha.

– ¿Alhuërin? – el interior de la estructura se encontraba mayormente en sombras, poca luz entraba ya desde el tragaluz

– Aquí estoy, te vi acercarte desde el pueblo – la joven encendió una lámpara de aceite que se encontraba al centro del establo –, con esto debe ser suficiente

– Lo es, gracias – el joven se acercó a ella y le extendió la comida que había llevado, ella la tomó de sus manos y se sentó a comer –. Con esta oscuridad no me hubiera atrevido a encenderla, un error y hubiera incendiado el lugar… a ti no parece molestarte

– ¿La oscuridad? No, eso no representa un impedimento para mi raza

– ¿Tu raza? ¿No eres humana?

– Por supuesto que no. Creí que lo habías notado por la mañana

– Me di cuenta que no eras como cualquier otra, pero no por la forma de tus orejas te iba a juzgar como extraña

– Que generoso. Es extraño pues la mayoría de las personas lo hubiera hecho

– Quizá, pero Hrallaug es un pueblo pequeño y no tenemos las costumbres de las grandes ciudades. Nunca había visto alguien que no fuera humano ni animal de granja

– Hay muchas razas allá afuera que no conoces, la mía es una de las más extrañas de ver, debes considerarte afortunado

– Y ¿qué raza es esa a la que perteneces?

La joven comenzó a abrir la boca para responder cuando Beirfid comenzó a resoplar alterado. El resto de los animales lo acompañó y poco a poco el alboroto se incrementó, el caballo comenzó a moverse más desesperadamente tratando de soltarse.

– Algo no está bien… – la joven dejó el resto de la comida en el suelo y se dirigió a la puerta para tratar de escuchar

– Beirfid, calma

Leinard se acercó al rocín y trató de mantenerlo quieto con ayuda de una cuerda pero no lograba calmarlo a pesar de sus esfuerzos. Cada vez más nervioso, Beirfid se levantó sobre sus cuartos traseros tirando al joven con el movimiento. Leinard giró hacia atrás y se quedó inmóvil por el golpe que su espalda recibió contra la cerca de las ovejas.

– ¡Leinard! ¿Te encuentras bien? – la joven corrió hacia él con la angustia dibujada en su rostro –. No será tan fácil calmarlo

– Estoy bien. Dolió momentáneamente… ¿sabes porqué está alterado?

La joven no respondió por unos cuantos segundos, su mirada se encontraba fija en el suelo frente a Leinard, donde el joven había rodado sobre su cabeza, al seguir la vista de Alhuërin pudo ver la roca que su padre le había obsequiado.

– Ilantë… ¿dónde la conseguiste?

– ¿La roca?... pues mi padre me la regaló… es sólo una roca…

No, Ilantë nunca será solo una roca. ¿Sabes dónde la obtuvo tu padre?

– La compró con los comerciantes del centro, dijo que uno de ellos la había encontrado en su camino a Hrallaug

– Como me lo temía, están aquí

– ¿Quiénes?

La joven omitió la respuesta una vez más, se alejó de Leinard para acercarse a Beirfid. Habló suavemente ante el caballo y éste comenzó a tranquilizarse, podía observarse nervioso pero ya no lo expresaba con movimientos bruscos. Leinard no pudo comprender la voz de Alhuërin pues era demasiado baja para entenderla pero notó que no hablaba en lengua común mientras repetía las palabras a los demás animales. Una vez todos estuvieron calmados, la joven abrió todas las cercas y retiró la cuerda que Leinard había colocado en el rocín. Beirfid siguió a la joven de regreso al lado de Leinard mientras ella recogía la roca del piso y se la extendía.

– Debemos irnos ahora – Leinard tomó la roca de manos de la joven y ella montó a Beirfid inmediatamente, sin colocar siquiera la silla en él

– Pero… yo… – el joven se levantó pero no hizo ningún otro movimiento, se limitó a observar a Alhuërin sobre el caballo

– Ya es demasiado tarde. El pueblo está destinado a caer por mi culpa, por lo menos podré salvarte a ti

– ¡¿Qué?!... ¡pero ¿qué dices?! Mi familia me espera en casa – la joven lo tomó del brazo y, con una fuerza que él no hubiera esperado de ella, lo levantó en el aire y lo sentó frente a ella sobre Beirfid

Una vez lo suficientemente cerca de ella, pudo escuchar claramente las palabras que pronunciaba al caballo. Murmuraba suavemente en un lenguaje desconocido para él, las palabras eran suaves y seguras, poseían una calidez y una fuerza que el lenguaje común no podría alcanzar ni con los mejores poemas ni las mejores canciones. Haya sido lo que fuera que Alhuërin haya dicho, Beirfid corrió hacia la puerta del cobertizo y la tiró con un fuerte golde de sus patas delanteras para salir del lugar seguido del resto de los animales. Ya en el camino, Beirfid se detuvo el tiempo suficiente para que Leinard pudiera observar las llamas que brillaban en distintas casas de Hrallaug, poco a poco se escuchó un alboroto mayor y las personas corrían asustadas entre las casas. Entre los cuerpos que corrían, el joven pudo distinguir cuatro figuras más altas que caminaban con calma entre la multitud lanzando cuerpos de un lado a otro, buscando algo o alguien… Buscan a Alhuërin… Forcejeó para bajar de Beirfid pero la joven lo mantuvo en su lugar…

– ¡Déjame bajar! ¡Debo alertar a mi familia, sacarlos de ahí!...

– No puedo hacerlo, Leinard. Es demasiado tarde. Acabaran con todos en el pueblo, incluyéndote a ti si regresas

– ¡No voy a permitirlo!... ¡Vete tú! ¡Si te vas irán tras de ti! – lagrimas corrían por el rostro del joven y su respiración era más difícil. No importaba cuanto luchara, la joven parecía ser mucho más fuerte que él

– No me seguirán hasta que terminen con todos… no querrán testigos… – la joven se inclinó y volvió a hablar en el extraño lenguaje, tan pronto hubo terminado Beirfid corrió y saltó la primera cerca del terreno que Leinard se encontraba limpiando.

– ¡No! ¡Déjame ir! ¡Debo regresar!

– Lo siento…

Beirfid saltó la cerca trasera y siguió corriendo alejándose de Hrallaug.


Esos estúpidos Bazgoth habían causado un alboroto. De no ser porque los habían enviado con ella nunca hubiera trabajado con bestias tan brutas y descerebradas. Levantó la capucha de su capa sobre su cabeza y recogió su daga del piso para después dirigirse tranquilamente al pueblo. Su capa era tan negra como la mayor oscuridad y hacía juego con el resto de su vestimenta. Llevaba puesto un ligero traje de cuero brillante pegado al cuerpo, corto tanto en la parte superior como inferior. Sus brazos y piernas se encontraban cubiertos solamente por correas de cuero negro que sostenían dagas de distintos tamaños y formas. El color de su piel parecía haber sido adecuado para acechar en la oscuridad pues era más oscuro que el de las personas promedio, quizá tostado por el sol por los incesantes viajes rastreando a sus distintas presas. Su cabello era corto y alborotado, tan oscuro como sus mismas ropas. Una vez que llegó al camino que llevaba al pueblo desde los plantíos apresuró el paso, sería difícil no llamar la atención pues avanzaba en contra de la corriente de gente, la poca que quedaba, y era una figura encapuchada, por lo menos no sabrían distinguir quien era debido a su rostro cubierto.

Avanzó con paso seguro buscando entre los rostros alguno tan hermoso como el que buscaba pero ninguno se le comparaba. Más adelante, los Bazgoth causaban estragos aniquilando a todas las personas que encontraban y no podían escapar de ellos. Los movimientos de las bestias eran rápidos y precisos, sus túnicas oscuras y roídas se elevaban al viento una vez que atacaban y cubrían las acciones mortales de los Bazgoth, una vez que las túnicas regresaban a su posición normal había un nuevo cuerpo inerte bajo ellas. Una vez que Thielith llegó frente a uno de los Bazgoth se dirigió a él en una voz más que autoritaria.

– ¿Qué casa?

La bestia observó alrededor y buscó a uno de sus compañeros, éste señaló por debajo de su túnica una de las casas más cercanas a la orilla por la que Thielith había llegado. Sin más, ella se dirigió al hogar de Leinard extrayendo una de sus dagas en el camino.

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Comentarios:

Escrito por: JhonnValentine       13/03/08 15:45
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Wooow esto si es un buen texto. Excelente continuacion. Buena narracion y buena discribcion. Y dejame decirte que escribes muy bien, te felicito.
Escrito por: Hinoki       03/10/07 19:30
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Jeje, con Ardantir me he esforzado en mejorar mi escritura... creo que se puede decir que lo he logrado aunque sea un poco =P
Escrito por: Rina       02/10/07 23:07
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¡Que historia tan misteriosa!. Me encanta este estilo...
Páginas: 1

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