No tenía dinero para gastar otra fortuna en una prenda que la podría usar a lo sumo una vez por año.
Faltaban una semana para el evento y tres centímetros para que me cerrara el pantalón.
El sueño no me ayudaba a pasar las horas porque no podía dormir del hambre y la noche se hacia interminable.
Finalmente me sirvió por que quede lo suficientemente asqueado como para no intentar comer nada por lo menos por unas horas.
A la mañana siguiente solo quedaba un día y un centímetro de panza. Un esfuerzo más y la hazaña estaría cumplida.
Respiré hondo tratando de tomar fuerzas y resistir cuando sonó el timbre de calle.
Yo no se si existen las brujas pero que las hay, las hay.
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