AQUELLA TORTA DE CHOCOLATE

Ese sábado era el día anterior a la fiesta, hacia tres semanas que me cuidaba en las comidas para que me entrara el traje nuevo, solo tenía una puesta y había sido el año anterior para el casamiento del Rolo un amigo de la infancia.
Increíblemente había aumentado de peso sin darme cuenta y me faltaban por lo menos siete centímetros para poderlo abrochar.

 

No tenía dinero para gastar otra fortuna en una prenda que la podría usar a lo sumo una vez por año.
Y el alquiler de un traje excedía mi flaco presupuesto.
 Cuando le comenté a Rolo sobre mi flaco presupuesto, lo  comparó riendo con mi abdomen. Ironía que no me causó ninguna gracia.

 

Faltaban una semana para el evento y tres centímetros para que me cerrara el pantalón.
Mi sensación de hambre era un abismo imposible de llenar.
Litros de agua para calmar al estómago, esfuerzos sobrehumanos para vencer las tentaciones.
Jugosas hamburguesas, crocantes papas fritas y dulces que son mi perdición, aparecían  para sabotear mi voluntad que se resistía estoicamente ante semejantes manjares.

 

El sueño no me ayudaba a pasar las horas porque no podía dormir del hambre y la noche se hacia interminable.
Leía libros que compraba por dos pesos en los saldos de las librerías sobre cosas asquerosas, no vaya ser  me  provocaran apetito o ansiedad y rompiera con mi noble propósito de bajar de peso.
 Faltando dos días y dos centímetros de panza, estaba a punto de claudicar y tirar por tierra todo el esfuerzo.
 Casi vencido le saqué a mi primo el atado de cigarrillos que tiene de reserva en su mesa de luz y comencé a fumar por primera vez  un espantoso cigarrillo que casi produce mi muerte.
Asfixiado y vomitando la nada que tenia en el estómago llegué al baño y  me di una ducha tratando de recomponerme.

 

Finalmente me sirvió por que quede lo suficientemente asqueado como para no intentar comer nada por lo menos por unas horas.

 

A la mañana siguiente solo quedaba un día y un centímetro de panza. Un esfuerzo más y la hazaña estaría cumplida.
Según mis cálculos y teniendo en cuenta la evolución de mi abdomen en el retroceso para que el testarudo pantalón cerrara, debía hacer un día más de ayuno.

 

Respiré hondo tratando de tomar fuerzas y resistir cuando sonó el timbre de calle.
Era la tía Porota que venia a visitarme y obsequiarme su famosa y exquisita torta de chocolate.

 

Yo no se si existen las brujas pero que las hay, las hay.
             
       
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: AndresMiranda       25/04/08 00:31
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me mataste de risa, muy bueno, y seguro las hay.
Un abrazo
Andrés
Escrito por: MANTIS       24/04/08 20:44
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
jajajajaja que cosas
Escrito por: Momo       24/04/08 18:49
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
¡Qué bueno! Como creo que las dietas ponen de bastante mal humor, supongo que la tía se iría de vuelta a su casa con su exquisita tarta. Un abrazo, Ricardo. Chares
Escrito por: JuanCruzBordoy       24/04/08 14:29
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Los que alguna vez lo intentamos,sabemos que la dieta sirve para subir de peso.Porque al mes de abandonarla,seguro pesamos cinco kilos más.La tia,siempre vendrá.
Un abrazo, m.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar relatos