Aplausos
Aplausos. Ella sonreía. Todos esos aplausos eran para ella. El documental había sido un éxito, y ni uno de sus colegas encontró algo que decir en contra. La profesora hizo buenos comentarios. Varios invitados la felicitaron, todos preguntaban por la fecha de su graduación y cuándo llegaría su trabajo a la cartelera. Ella sonreía. Nadie le había preguntado aún por él. Por su esposo -¿esposo o ex? ¿y si es sólo otra separación de pocas semanas, de uno o de dos meses?-. Camino al evento repasó la misma lista de pretextos para justificar su ausencia, pero nadie le había preguntado nada aún. ¿Qué podría contestar ella? Cualquier cosa mi suegra está enferma-, algo que fuese creíble tenía que cuidar a los niños-, una mentira con la que no causara pena iba a revisar el contrato del libro-, que no la hiciera sentir más sola de lo que en realidad estaba. ¿Acaso era para tanto? No. No podía ser para tanto. No debía serlo. Él no había ido a la presentación de su largometraje. No era la primera vez que sucedía algo parecido. Nunca te enamores de un artista, solía decir su cuñada. Ahora trataba de no preguntarse dónde estaría él con la secretaria de su editor-, por qué no se interesó en este examen final -con esa amante que casi nos cuesta el divorcio-, requisito para que ella se graduara ¿y si sólo está en casa de su madre, escribiendo?-, ni por qué se irritaba tanto cuando ella quería saber de su nueva novela. No me dejas trabajar, decía él. No te mostraré mis escritos letra por letra, palabra por palabra, y no me dejas pensar cuando me jodes con tus problemas de siempre, con el niño que no controlas y con tus platillos desabridos o demasiado salados. Y encima, tus delirios de grabar pendejadas dijo él mientras cerraba su maleta-. Pendejadas... ¿Cómo saber si él tenía o no razón? Aplausos. Apretó los dientes para saludar al jurado. Pensaba en él, pero sonreía. Todos esos aplausos eran para ella.
Jéssica de la Portilla Montaño
AKA *Gina Halliwell*
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