Naturalmente infringía demasiado temor y de verdad que atemorizaba al tener entre sus manos aquel azote de crueldad ; demostrando su gran poderío inverosímil; y, que para atemorizarlos, se relucía haciéndolo surcar por los aires; buscando con inagotable impaciencia sus pequeñas espaldas huesudas, que ante la inminente golpiza pugnaban por esconderse entre los rincones; pertrechados en aquella casa sombría, tan negra como el alma de su propietario quien ansioso se relamía entre dientes y con sus fauces pretendiendo devorar toda la inocencia de dos almas decaídas por el agotamiento Cabizbajos, con los ojos llorosos intentaban aminorar la furia concebida por aquel iracundo anciano que encendido de rencor transmitía toda injusticia amoral... Ya desprovistos de cualquier ayuda externa, desamparados, sollozaban extenuados ante la impotencia de no poder defenderse, optando, por entregarse casi amablemente al castigo de su preceptor, que irónicamente les azuzaba incisivamente
Tiene un final muy abierto, pues no sé, exactamente a quién se refiere el autor. Aún así, el estilo está bueno, con cierto ritmo poético aunque sin dejar de ser un relato.