Fabiola Rivas.
Parte I
Ahí estaba; deslizandose como un torpe caracol, por momentos inmóvil...cansada de su eternidad. En mis doce años como reportero y columnista del diario "Resplandor" nunca hubiese imaginado que encontraría una noticia como esa, que relucía en los ojos de una anémona de mar, con sus pendientes de oro blanco agitandose y un frágil semblante que ocultaba cansancio. Quizá sentía que tenia que contarselo a alguien, ese denso manuscrito mental que la agobiaba por temporadas llegaba a mis oídos aun cuando ella ignoraba mi profesión. Pude aprovecharme de aquella situación, sacar jugo de mi nuevo personaje, pues por aquellos años mi esposa me insistía en un viaje con los niños, y si...ese reportaje me hubiera valido mis quince minutos de fama, un mejor puesto, reconocimiento y dinero.
Adentrarme en ese submundo comenzaba con la mas cruel manifestación de belleza sublime y opaca; Anémona era sumamente inteligente y de gran conversación, pero lo que la volvía hueca era su devenir en el tiempo,la caducidad de aquellas inmensidades con las que había sido tan felíz. Su rostro altivo poseía un códice de tiempo por demás indescifrable, así que tenía que valerme de artimañas para preguntarle ciertas cosas....¿como abordar a una mujer que lo mismo estuvo recargada en el esqueleto de una pantom chair junto a su diseñador bebiendo martinis, o ajustada a unas gafas enormes en Ronchamp, que presenció la caída del Muro pero que también se enamoró de un Gorky aferrado a quimeras y revoluciones?...¿cuánto había vivido esa mujer? Era todo tan impreciso, y en su imágen flotaban las huellas dactilares del paso del tiempo, casi invisibles; sin embargo sus manos poco a poco delataban el centenar de células muertas agolpandose en su cuerpo, dispersandose. Había recorrído un sinfín de andenes en miles de estaciones, había visto a los ojos a demasiados genios, como el judio errante que estaciona su leyenda en tantas conversaciones en torno a eso que tanto buscamos: vivir para siempre...
Y cada día amanecía de una forma clandestina...¿Como podía asombrarse con un destello más?, ¿Cómo fatigar sus músculos con un bostezo? Dormir solo hacía ruido en su mente, pues sabía que solo había una manera de morir para ella, la había encontrado despues de cavilar por varias décadas; y solamente ahora le parecía tangible.
-Usted puede ir a contarle a quien sea todo lo que acaba de escuchar...nadie le creerá...- dijo con un rictus amargo.
-Ya estoy viendo los diarios, en ese pequeño espacio que le dedican a los dementes que escribimos poesía, ni querido amigo...."poetiza se suicida a los 100 años de edad"...mi edad es lo que menos importa, ni siquiera yo la se, sepa usted que desde que llegué a habitar la tierra tenía algo que me daba esta certeza; morir regresando al mar...¡Hasta es poético!...-
Yo no podía mas que callar y sonreir dandole sorbos a mi té, como si comprendiera; en realidad estaba aterrado...insignificante ahí, ante la única prueba de que la eternidad existe...cierto es que las anémonas de mar son los únicos seres que jamás mueren y pasan tan desapercibidas como el tono amenzante de una mujer senil que dice serlo...que tiene pruebas; también es cierto que nunca se encontró el cuerpo...
|
Imprimir |
Enviar historia |
