ANALOGIAS DE LA VIDA


Todos los días nos despertamos intentando exorcizar la realidad al tiempo que entre la energía de lo esperanzador y el síndrome laberintico de los problemas del ver como hacer en el diario quehacer, nos vamos reeditando en la búsqueda de un nuevo formato, cual directores de una película  repetida, sobre editada y sin aparente final.
 
Todas las noches nos acostamos como haciendo un rito a nuestra eterna horizontalidad de un día transcurrido  por cumplir ó alcanzar  un poco mas con  nuestras metas diversificadas en un calendario personal de los pocos años aglutinados en nuestra existencia mortal.
 
Todas las horas, vamos ingresando en la selva de nuestras contingencias para buscar nuevas rutas, penetrando cada vez mas, entre el engaño de las promesas fangosas, los charcos de la falsedad, las raciones de humanidad, las lluvias torrenciales de preguntas, los proyectiles de la tribulación, los bejucos de la esperanza, la cantimplora del descanso, los zancudos de distracción, las extrañas aves de la memoria, con la fuerza en el carácter, la resignación en la muerte, la esperanza en la familia, la determinación en camuflado, armados de objetivos, con obstáculos minados, con la fe en nuestras botas, el morral de la vida a cuestas y el sudor del tiempo en múltiples operativos encubiertos y oficiales de nuestras guerras y la voz eterna e imperativa del general en 24 órdenes dando mandos...
 
Todas las mañanas, nos estacionamos rato para lavar un chasis llamado cuerpo, al tiempo que calibramos y balanceamos nuestro cerebro, limpiamos el parabrisas de nuestras visiones, engrasamos el cigüeñal de nuestras acciones,  lubricamos el motor  de nuestra imaginación, mientras ajustamos el claxon de nuestra voz, probando al mismo tiempo las luces de nuestros anhelos  y nos observamos en el espejo retrovisor, como advertencia contra accidentes por si algo que venga de atrás no nos atropelle de repente; aplicamos un desayuno abundantemente octanado y arrancamos tomando el timón del destino con parada en la próxima estación de los años, donde subiremos o bajaremos a los pasajeros dispuestos a pagar el precio de nuestro viaje por los intrincados y recónditos caminos de la vida...
 
Todos los años en sus días, salimos tras bastidores a escena, para intentar configurar un episodio más en donde el tiempo del sol a luna nos marcan un nuevo paso a dar, en la famosa obra de la vida, donde nos encontramos con múltiples actores cada uno asumiendo al papel que corresponda de acuerdo a las circunstancias; así vemos al desprovisto de un acto más, al que se cree provisto de todos los libretos, el que renuncia antes de empezar, el que tiene las escenas contadas, al que está de gira en temporada, al que lo hacen renunciar, la que tiene todos los papeles pero no sabe que escoger para al final siempre quedarse con el peor, el malabarista que todo lo improvisa para encontrar una razón a la obra en la que está, el que tiene un único papel y tiene que hacerlo bien pues de eso solo sabe vivir, el que le toca actuar pues su obra así lo amerita, la que se comprometió un libreto y le gustó tanto que no volvió a salir de él; el que tiene tan bien planificado cada cosa que si le cambian una cuartilla del guión la vida se le desbarata, el que se reinventa todos los días y busca una forma distinta de contarse la misma historia, el actuó para comprar la vida con dinero pero el tiempo le termino debiendo, la que no tuvo oportunidad para un acto más, al que le fue cohibido su libre actuar, el que asumió un papel porque le tocó; el que lo tocó un papel que no asumió, el que tiene tanto papeles que no sabe cual es de ellos el mejor o el peor, la que espero uno que nunca llegó, los que tienen los papeles intercambiados; los que no tienen los papeles debidamente asignados, y en tanto y todo  el "director" detenidamente nos  observa mientras algunos piden su concejo o guía otros simplemente lo ignoran y otros ni se dan por enterados que están en el acto o si alguna ves actuaron; y entre tanto y tanto de  el o la; la escena final se acerca y así se este preparado o no, habrá que asumirlo como episodio más, de la tan recordada y memorable o olvidada y pérdida obra de la existencialidad, en el escenario del llamado mundo y donde de pronto ganaremos un "óscar" a nuestro histrionismo; para quizás ahí comprender si nuestro actuar fue tan veraz en consonancia con nuestra realidad o vivimos simplemente actuándonos y cuando nos dijeron o dijimos "corten", nos bajaron o bajamos del escenario con la incertidumbre de saber si fue un acto de vida real o fue el libreto que la vida misma nos paso para actuar en el reparto universal, con una puesta en escena por la eternidad, en el gran teatro de la humanidad....
 

A. MARSAL.

D.R.A.

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Comentarios:

Escrito por: lorebl       02/04/08 20:03
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Me gusta mucho tu escrito...y es que podemos comparar a la vida con tantas cosas, con tantos otros papeles que en el universo nuestros pensamientos pueden asumir...Aquí me haces reflexionar y sentir de repente cansada al ponerme en tu lugar o en la voz que nos enseñas. Se siente cómo duele el paso inexorable del tiempo, la rutina sin escapatoria, el aire que entra y no se queda sino que vuelve a salir porque así lo ha dispuesto el motor inmóvil de todo lo que existe. Y ante estas circunstancias, entonces qué nos queda? Procurarnos la felicidad ya sabiendo a qué atenernos y con qué recursos contamos para salvarnos de la confusión. Amigo, un abrazo, y cuídate mucho.
Escrito por: Renanalvarez       31/03/08 03:53
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todos los días hasta que no haya tiempo de reconocerlo; o nos quede reminiscencias de aquel teatro de la humanidad.
buen relato amigo
saludos
Renán
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