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Desde el
prodigioso altar que delatan las montañas de picos nevados,
Su figura se
deslizaba como un punto, hasta convertirse en silueta.
Con un aire diáfano
cortaba el frìo abismal con su impronta y calidez.
Esgrimìa su
sonrisa de triunfo, había vencido
..
Como una
travesìa exigente màs, mirò los ojos de la que amara, que como ausente, miraba
sin ver, pero màs allà del iris el grito de aquí estoy traspasaba sus
cristalinos.
La mirò con el
mismo profundo amor de aquellos momentos, mujer de otros tiempos, de glicinas
encantadas y pasiones hechiceras, mujer amante que derretirìa las nieves con
tan solo una caricia. Mujer de otro hombre, si tan solo volviera a tenerla una
vez màs, podría entonces elevar la voz y gritar fuerte: Aùn te amo!, si
existiera la posibilidad de decirle que su cuerpo sigue adicto a ella, que la
gloria no es gloria sino por su amor
Mujer, si tan solo advirtieras que aùn
infiel, mi amor sigue en tì
Levantò su
rostro de frente y sus miradas se cruzaron àvidas de sentimientos, ni una sola
palabra, ella respondió cerrando y abriendo sus pàrpados, aleteando sus
pestañas, lo había comprendido, como telepáticamente había entendido cuanto èl
pensaba, era un sì
.
Aùn lo amaba
.
Recibiò los
laureles de la victoria en las nieves con una sonrisa, aunque su corazón se
desangrara
.
La Beduina.
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