AMO Y ESCLAVO

Los corredores por los que camino son tan oscuros como mi alma, y tan solitarios como esta noche de tormenta. Pertenezco a una raza que se caracteriza por su especial inclinación a la crueldad y al odio. Soy un elfo oscuro y toda mi vida no he hecho otra cosa que bañarme en la sangre de mis enemigos, su sufrimiento es como el elixir que me permite vivir. Ahora mismo me dirijo a consumar otro de esos actos que aquellos que no pertenecen a mi raza llaman viles, sin embargo la gente de mi pueblo los aplaude y los goza en extremo y como su dirigente debo ser el ejemplo, entre más ruines y crueles mejor.
He llegado, estoy frente a la puerta de una de las tantas habitaciones de mi castillo, del otro lado hay una joven elfa que por extrañas circunstancias llegó a mis dominios. Ella no lo sabe pero su padre es mi peor enemigo, el más odiado, aquel del cual me quisiera beber toda la sangre. La pequeña elfa es ajena a esa guerra, creció lejos de su padre y de todo el pueblo elfo. No me importa, igual pagará por la sangre que corre en sus venas.
Doy unos fuertes golpes a la puerta, no se porque lo hago, debería abrirla de un golpe y matar de una vez por todas a la elfa, pero eso sería demasiado benévolo para ella. Antes de acabar con su vida quiero verla sufrir, llevarla al extremo del dolor en el cual me suplique desesperadamente que termine con su miserable vida. Por fin ha abierto la puerta, sus labios tiemblan de terror, casi puedo oler el miedo que le produzco. Entro en la habitación y la miro amenazante, es pequeña y delgada, podría matarla en un instante con tan solo presionar un poco sobre su frágil cuello.
"¿Me matara?" me pregunta con voz ahogada y temblorosa, le digo la verdad, primero vendrá la tortura. Su rostro palidece al escuchar mis crueles intenciones, por un momento pierde el equilibrio, rodeo su delgada cintura con mi brazo, no permitiré que se desmaye, la quiero bien despierta para mi festín.
¿Qué me esta pasando? La cercanía de su cuerpo produce escalofríos en mi piel y esos ojos verdes tan brillantes parecen robarme la fuerza y el coraje. Ella se percata de mis dudas, no puedo permitir que vea mi debilidad, sería mi fin. La arrojo sobre la cama ¿Para que llevarla al calabozo? ¿Para que torturarla con fríos instrumentos? Mi cuerpo será la fuente de su dolor, quizás así pueda calmar este deseo que me domina y contra el cual me ha sido inútil luchar. Desde que la vi por primera vez, algo en mi interior se encendió, esta noche acabare con este molesto sentimiento mientras acabo con su voluntad y mañana la mataré.
Es hora de empezar.
Arranco sus ropas de un solo tirón, su blanca piel ha quedado al descubierto, su estilizado cuello, sus pequeños y bien formados pechos, y la delineada curva de su cadera hacen que mi pulso se acelere. Ella no se mueve ni implora piedad, sabe lo inútil que eso sería, ahora es mía. Comienzo a despojarme de mi armadura y mis ropas, no puedo esperar ni un segundo más. He terminado, estoy tan desnudo frente a ella como ella lo esta frente a mi, pero existe una gran diferencia entre los dos, yo soy el amo y ella mi esclava. Puedo ver la piedad en su mirada cuando ve las cicatrices que cubren todo mi cuerpo, cada una de ellas guarda un inmenso dolor y sufrimiento que no necesito recordar ahora, sin embargo en ella provocan lástima. Es débil y tonta como todos los de su raza, ¿acaso cree que con eso me detendrá? No importa lo que sienta por mi, yo a ella, la odio… o por lo menos eso intento.
Me pongo sobre ella, su piel esta fría en comparación con lo ardiente de la mía, ella también lo siente y se estremece, puedo escucharla decir: “Esto no, por favor” sus palabras por el contrario incrementan mi deseo. La crucifico apretando sus frágiles muñecas con toda la fuerza de mis puños pero no es necesario, ella no opone la mas mínima resistencia, solo aprieta los parpados cerrados, aun así no logra contener las mudas lagrimas que bañan su bello rostro. La beso violentamente, besó su rostro, me bebo sus lágrimas, luego bajo hasta su cuello, muerdo y araño su piel con desesperación, jalo de su cabello. Intento ser brutal pero cuando abre los ojos no puedo evitar recordar que ella no es culpable de nada, es tan inocente que por primera vez en mi vida, siento eso que los demás llaman remordimiento. Pero no puedo detenerme ahora, aunque quiera, ya que de hacerlo ella se daría cuenta de la debilidad que provoca en mí. Me separo un poco, lo suficiente para poder ver su hermoso cuerpo, es lo más maravilloso que he visto en toda mi larga vida. Mis manos al igual que mi boca comienzan a recorrerlo con gran deseo y ardiente pasión. Estoy desesperado porque cada rincón de ella me pertenezca. Llegó a sus piernas, las acarició una y otra vez desde los muslos hasta los pequeños pies, ella solo aprieta entre sus manos las sabanas de la cama, busca algo a lo cual aferrarse, sabe bien lo que sigue y tiembla por eso. Sonrió y abro bruscamente lo que me permitirá llegar hasta su virginal intimidad. Besó su entrepierna para luego recorrer con mis labios su vientre, su ombligo, sus pechos hasta llegar a sus labios. Comienzo a besarla con pasión, mi lengua recorre cada rincón de su boca hasta asfixiarla.
“Dime que me odias, elfa” le exijo, necesito una razón para terminar de consumar este acto, ella solo me mira puedo ver en sus ojos que no entiende lo que pido.
“¡Dímelo!” grito esta vez con frustración.
“Lo odio” dice ella entre angustiados sollozos, lo ha dicho pero no es verdad. Conozco demasiado bien el odio como para entender que no existe dentro de ella, la infeliz criatura no sabe de odio ni de maldad, no sabe de mí. Es suficiente espera, ha llegado el momento de que sea mía por completo así que penetro en su cuerpo con una fuerte embestida, su boca deja escapar ahogados gemidos de dolor, se aferra a mi espalda con sus delgados dedos intentando mitigar el sufrimiento pero la expresión en su rostro me dice que no lo ha logrado. Sus huesos crujen debido a mis bruscos movimientos de entrada y salida mientras su mirada angustiada me pregunta el porque. Un pensamiento que no entiendo cruza por mi mente, desearía que ella me abrazara y se entregara a mí por voluntad propia, pero que estoy pensando, se supone que debería estar disfrutando esto y sin embargo… me es imposible.
Hago a un lado esos ridículos y estúpidos pensamientos, dejo de mirar su rostro y continúo haciéndola mía. Otra vez estoy en su cuerpo, la beso, la acarició pero algo cambia, ya no puedo ser violento, ya no puedo hacerla sufrir aunque esa fuera mi intención al venir aquí.  Ahora lo único que deseo es morir sintiendo el calor de su cuerpo y respirando el dulce aroma de su piel. Durante toda la noche la hago esclava de mis deseos, sacio en su cuerpo toda esa pasión que trate inútilmente de reprimir. No puedo parar, la he deseado tanto y durante tanto tiempo que ahora que es mía no consigo alejarme de este placer y esta agonía que significa el estar dentro de ella robándome a cada instante su intimidad como el más despreciable de los ladrones. Ella sufre calladamente mientras continuo mancillando su espíritu, solo sus lagrimas inocentes son testigos de su inmenso dolor y de su soledad.

Han pasado muchas horas y el amanecer ya despunta. El cansancio me ha vencido al igual que a ella pero no por eso duerme. La pequeña elfa esta despierta, tan despierta como yo. Puedo escuchar su llanto, retumba en mis oídos tan fuerte que los siento estallar. La miro de reojo, se encuentra agazapada de espaldas a mí, sus largos y lisos cabellos cubren su rostro y parte de su cuerpo, solo puedo ver partes de su espalda ahora marcada con las huellas de mis apasionados y violentos arrebatos. Tiembla de frío pero tiene miedo de moverse, tiene miedo de mí y de lo que pueda hacerle… me siento avergonzado. Intento acariciarla pero tan solo consigo pasar mi mano por encima de su piel sin llegar a tocarla, quisiera abrazarla y consolarla pero no se como hacerlo... desearía no haberle hecho esto, desearía no ser quien soy.
Tengo que irme pero antes quiero sentirla una vez más, esta será la única vez que pueda tenerla para mí, ella debe morir si es que espero seguir viviendo. La acercó a mí y su cuerpo comienza a temblar con sacudidas cada vez más fuertes, el terror en sus ojos me dice lo espantoso de mi crimen. Ella intenta alejarse de mí desesperadamente así que la aprisiono entre mis brazos fuertemente, no se que es lo que quiero, quizás sea un intento por abrazarla. Sus gemidos dicen que he fallado y nuevamente estoy lastimándola.
“Le ruego que me mate, se lo imploro por piedad” dice vencida y llorando sobre mi pecho.
“No, eres mía y solo yo decido la hora de tu muerte” le contesto para luego besarla y una última vez hacerla mía, esta vez lentamente y procurando no hacerle daño. Eso debería haberle demostrado que es mía o quizás solo haya servido para terminar de convencerme de lo equivocado que estoy.
De nada sirve lo que diga, nada de lo que haga podrá salvarme, mi mundo se desmorona al darme cuenta de la mentira que ha sido mi vida, nunca he sido el amo de nada ni siquiera de mi voluntad que ahora le pertenece a ella. Con crueldad me enseñaron a odiar y a destruir lo que no entendía; sangrientas batallas, actos viles, muerte y soledad es todo lo que recuerdo, es todo lo que soy… tan solo un asesino.
¿Por qué no me hablaron de esto? Porque no me dijeron que podía sentirme como un desdichado esclavo bajo la piel de un amo... Estoy perdido, no puedo seguir viviendo sin ella y tampoco puedo vivir amándola…Este es mi fin.

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Comentarios:

Escrito por: druchii       01/10/07 06:01
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Tienes razón Manuel pero no lo explico porque este relato pertenece a una historia mucho más larga, pero esa parte de la historia la estoy relatando desde el punto de vista de otro personaje, es por eso que no puedo decir mucho porque tendría que ampliarla o mejor subir toda la novela a la red y no lo creo tan conveniente. Gracias por tu comentario y me agrada mucho que te haya gustado.
Escrito por: perrosabueso       22/09/07 17:47
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Es indudable que escribes bien, demasiado bien para tu edad. Por eso mismo te digo que evites publicar aqui textos que no sean tus escritos, pues puede dar pie a malas interpretaciones. En general este cuento me gusto mucho, no parece tener errores de palabras, demasiado bueno, y claroo, te mantienes en ese mundo de heroes, legendario, de leyenda de otras tierras.
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