


| Escritor: | Yori |
| Públicado: | 13/01/2008 |
La historia inicia en el país Venezuela, en una de las numerosas ciudades de esta patria, en la cautivante metrópoli de Caracas, existe un restaurante muy conocido llamado Los hermanos Sucre.
Este local era un centro de atracción para aquellos que deseaban comer hasta que la panza les estallara, la gama de clientes era numerosa hasta que llego una época en la cual el lugar por una oscura razón perdió toda la fama.
Algunas personas iban a comer de vez en cuando así que por suerte el local no quebró, para esos tiempos habían contratado personal nuevo que realizaban todo su esfuerzo para alcanzar la gloria pérdida.
El centro de comidas estaba llegando cada vez mas a la banca rota aunque con todo su esfuerzo continuaron hasta que todo acabara; en una noche de luna llena romántica caminaba en la cera un chico llamado Carlos Garcés, de 18 años, piel blanca, cabello castaño al igual que sus ojos, poseía una llamativo traje de cocinero que le hacia relucir entre los individuos de la calle.
Este joven pese a solo tener esa edad era un cocinero con mucho talento, calmado andaba para llegar a su trabajo nocturno, pese a que era muy atontado un carro casi lo atropella, se golpeo de frente con una señal de transito y para mas colmo se le perdió parte del dinero de su billetera.
El cocinero llego al restaurante muy frustrado por la serie de malos incidentes ocurridos, a esa misma hora unos cuantos clientes cenaban en las instalaciones así que manos a la obra fue a la cocina a atender el pedido de un consumidor hambriento.
Justo cuando iba pasando a su zona de trabajo se consiguió en la caja registradora con su jefa Odalis, una mujer de 30 años, era muy alta, morena, de cabello marrón largo, sus ojos que eran azules resplandecían con las gafas redondas, llevaba un vestido marrón claro con tacones azules.
La mujer con tono de odiosidad saludo.
-buenas noches Carlos...
-buenas noches jefa disculpe si mi llegada a tardado demasiado- se excuso el joven poniéndose nervioso.
-no para nada, llegas justo a tiempo para realizar tu trabajo- notifico la mujer transformando su personalidad mas amable.
El hombre suspiro aliviado de no haber cometido un error, ingreso a la habitación usual, allí se encontraba Gerardo Rondon un señor de 32 años, era bajo en estatura, el cabello lo tenía negro liso, ojos verdes claros, llevaba su traje de Chef profesional.
El señor con su expresión chocante pidió.
-buenas noches Carlos ponte a picar las verduras te lo agradezco.
-ehhh claro señor, a la orden- asintió el chico tomando el primer cuchillo a la mano cortando los ramajes recién lavados.
El trabajador se puso a pensar con su entrecejo fruncido: todo esto es tan usual me consigo directo a la jefa luego este me trata así, desearía que de alguna manera pasara un suceso interesante que fuera relevante en mi vida si eso pasara seria feliz supongo
Gerardo estaba lavando los platos diciéndole a su compañero de labor.
-ya han pasado unos 3 meses desde que entraste al negocio, no digo que lo estés haciendo mal pero tienes mucho que aprender, ser un Chef como yo no es cosa de tomarse las cosas a la ligera, el arte de cocinar es una habilidad que es ejercitada de igual o diferente forma en las personas
-si eso lo se muy bien- bramido como si le estuvieran regañando.
-las personas que no escuchan nunca llegan a viejo así que quiero que me comprendas simplemente- punteo el personaje dando una buena enseñanza.
-como sea cuando salga de la universidad buscare otro trabajo, después de todo las actividades culinarias son agobiantes- encaro el joven enojándose mas-, no necesito que me des consejos.
-vaya inmaduro - murmuro con una ceja fruncida.
Carlos volteo la cara otro lado mostrándose en su mente la forma de la chica que siempre le ha gustado, una joven de 19 años, alta, flaca, cabello rojo, ojos amarillos, ropaje formal azul con corbata, la carrera estudiada por su amor era ser abogada.
Con una sonrisa tonta y las mejillas sonrojadas se distrajo haciéndose con el cuchillo un corte, Rondon con la boca abierta de ese error le critico.
-niño tonto que piensas en pájaros preñados debes concéntrate mas en tu trabajo que en tonterías.
-¡auch! si que duele - sintió el dolor viendo su mano con el hilito escarlata.
El Chef amablemente saco una venda de un armario colocándosela en el dedo, con su voz formal le reprocho.
-te lo agradezco, no vayas nuevamente a lastimarte porque la próxima vez puedes llenar la comida de sangre.
-lo siento mucho superior yo últimamente ando atontado, mas los ataques de mala suerte que me suceden y pasiones atontas prometo no fallar nuevamente- prometió bajando el rostro.
-como sea vuelve al trabajo, hablando no se logran las cosas- informo emitiendo una risa de burla.
Carlos continuo nuevamente esta vez con la mente mas fija en lo que hacia aunque su deseo de que sucediera un cambio gradual continuaba en su subconsciente, aquello era un pedido interminable que pese a ser extraño llego a el lugar menos pensado...
Muy a lo lejos en el cielo, en el sagrado olimpo de los dioses griegos, Minerva mejor conocida como Palas Athena despertó de su sueño reparador, se mostró su entidad, una mujer de juventud eterna, su piel era alba como la nevisca, los ojos morados como las uvas, el cabello tan amarillo como los granos de trigo, su túnica era encarnada con unas hombreras blancas.
La mujer se alzo de su cama realizada con las más sedosas sabanas, soltó un pequeño bostezo acercándose a un espejo dorado en forma de arco el cual se encontraba colocando en el centro de la habitación.
En esos cristales se observaba un brillo segador, Athena toco el objeto percibiendo un gran deseo por parte de un ser humano, quedo impresionada que aquel lazo era tan fuerte que llego al panteón de los dioses.
Con su voz que parecía el canto de miles de aves opino.
-este mortal desea un gran cambio en su vida aunque no sabe que pueda ser, pese a que llego a lo alto del cielo su ambición, me encargare de cumplirla en nombre de mi persona puesto que es una misión que únicamente yo podré cometer a causa de que se reflejo en mi espejo sagrado.
Athena usando su místico poder hizo aparecer en medio de la amplia habitación un carruaje de pegazos alados, cuyos ojos de los mismos eran rojizos y el pelaje variaba de caballo en caballo.
Palas decidida a hacer su viaje subió al vehículo no obstante antes de irse apareció ante ella la diosa June mejor conocida como Hera, esta mujer era de apariencia mas mayor, su cabello era corto azabache, ojos blancos, su túnica era matiz bronce.
-¿Athena a donde iras?
-voy a cumplir aquello que ese mortal desea os ruego que con todo respeto le digas a mi padre que iré a la tierra con mi forma joven y volveré a salvo- informo la señora con benevolencia.
-entonces ve a tu destino, te deseo toda la suerte para tu desconocida misión- deseo Hera de todo corazón.
-muchas gracias - agradeció la mujer ligeramente con frialdad descendiendo por un portal lleno de sombras.
Bajando interminablemente por el atrio llego al final del túnel oscuro alcanzando a la imponente luz del día, planeo con su coche por entre las montañas llenas de fauna perdurable que era alumbrada por el sol, observando la preciosidad de aquello que fue creado por los dioses.
Fue cada vez mas rápido haciendo que el viento tocara su cabellera concibiéndola libre de presiones, el lugar donde volaba tenia mucho esplendor que le hacia ver exclusivo ante otros lugares.
En menos de una hora llego a una gran ciudad, dejo su carruaje en una parte llena de árboles rodeados de mortíferas serpientes, transformo su aspecto adulto al de una joven de 16 años mostrándose un gran cambio en su aspecto.
Decidida camino por las calles buscando el establecimiento reflejado en su mente, el lugar llamado los hermanos Sucre; después de una caminata por las tiendas para ver lo creado por los humanos se subió en un autobús dirigiéndose a su esperado destino.
Ese mismo día sábado, Carlos dado que no tenía clases en la universidad trabajaba turno completo en el establecimiento, por milagro de los altísimos en esa fecha las personas se animaron a ir a comer allí.
Puesto que el local estaba saturado de personas el trabajo fue mas duro de lo normal, ese día se encontraba trabajando el mesero Marwyn Piñango de 22 años, moreno, alto, cabello negro liso, ojos color salmón, el traje era azabache con lazo como si fuera de 5 estrellas.
Con amabilidad atendía los pedidos, El protagonista hacia su mejor esfuerzo en la cocina sin cometer equivocaciones lo cual hizo que Gerardo le felicitara.
-lo estas haciendo bien...
-muchas gracias señor- agradeció el cocinero realizando un arroz chino pedido por un cliente.
Odalis casi lloraba de la emoción por lo bien que estaba el comercio, la empresa de comida recupero completamente la vida, los asientos vacíos estaban llenos a mas no poder, se escuchaba ruido, charlas por todos lados, se disfrutaba el aire familiar.
Después de haber atendido los variantes clientes Carlos salio a afuera del negocio a echar un respiro, estaba tan animado que nadie podría arruinar su sentimiento, Marwyn le confirmo con alegría.
-¡Gracias a Dios que este lugar recobro lo perdido ya estaba por cambiarme de trabajo! ¡me refiero a actor de cine!
-parece que mi deseo se esta cumpliendo- confirmo el joven blanco alzando su puño hacia arriba.
-supongo que si - finalizo el moreno con una sonrisa de oreja a oreja- hablamos luego, iré a atender o Odalis me matara.
-OK- consintió con un gesto de buena suerte.
Fue justo en el momento que iba a retomar su trabajo cuando un autobús se detuvo, dejando bajar a una chica de túnica morada, los ojos de ambas personas se fundieron habiendo una química inexplicable.
Ambos se ruborizaron, Athena encontró en el chico un cierto atractivo que no notaba en otros dioses, Garcés por su parte quedo paralizado ante la presencia de la aparecida, sus mejillas se enrojecieron y su corazón comenzó a latir de la misma forma que hacia cuando veía a la chica que le gustaba.
Fue como cursi amor a primera vista, Athena rompió el silencio realizando una acción inesperada, tomo de la mano al chico observándose que de tamaño eran iguales, con voz dulce le saludo como si le conociera de antes.
-Hola Carlos.
-esto como como es que ¿Quién eres?- inquiero avergonzándose puesto ninguna chica que conociera le había puesto los ojos encima.
-yo soy Athena Palas pero si quieres llámame Minerva ¿me invitas a comer algo? ¿Tenemos una cita? ¿Si?- cuestiono la chica con una risa de quinceañera.
-bastante curioso esto estoy en mi trabajo, no tengo citas con chicas que no conozco y no- manifestó teniendo una gota de sudor en la frente.
-entonces vamos - susurro la chica con sonrisa maliciosa.
La diosa con aspecto humano al simplemente abrir la puerta de cristal la hizo añicos, Carlos casi se desmaya al ver la fuerza inmensa de la adolescente, trato de liberarse por el susto.
-¡Eres un monstruo! ¡Un monstruo! ¡AHHHHHHH!
-ya la acomodo- remedio Minerva regenerando la puerta.
Ingresaron al local donde Carlos tenía la piel helada del suceso, exclamando esta vez.
-¡Es una bruja! ¡Una bruja con mucha fuerza!
-no exageres tanto solo soy una diosa mitológica- bromeo Palas teniéndolo tomado a la fuerza.
Odalis al ver a la parejita se cautivo toda.
-¡Que lindos se ven! ¡Carlos no me dijiste que tenías novia!
-¡Ella no es mi novia! ¡Es un demonio!- gritaba el chico horrorizado.
Las personas del restaurante le miraron con cara de: esta loco, la jefa le critico molesta.
-¡si eres malo con tu novia! no deberías tratarla de esa manera.
-¡Es verdad lo que digo!- grito Garcés enojado.
-disculpa nos puedes dar una mesa privada como esa- señalo la chica hacia una mesa al final de la casa de comidas.
-lo lamento están ocupadas en este momento- alterco la dueña indignada, en ese momento a causa de la bulla salio Gerardo de la cocina y Marwyn puso atención en el acontecimiento.
-eso se puede arreglar- dijo Minerva haciendo un movimiento de manos forjando que las personas colocadas allí se desvanecieran dejando una mesa libre.
Todas las personas que observaron el suceso se pasmaron corriendo hacia la salida, todos gritaban despavoridos, Athena se carcajeo como una niña traviesa revalidando.
-creo que me pase un poco.
-¡Acabas de hacer desaparecer unas personas! ¡Auxilio! ¡Ayuda!- expresaba tratando de liberarse de la fuerza de la diosa.
-no seas malito conmigo, vamos a la mesa a comer juntitos anda- invito Athena jalándolo hacia el lugar dado.
Llevado contra su voluntad fue trasladado a la mesilla prácticamente cargado, los trabajadores del negocio se tuvieron que quedar a ver que pasaba, Odalis se desmayo al ver como sus clientes se escapaban, Marwyn y Gerardo asombrados pero sin miedo se acercaron a la mesilla.
En ese momento la diosa recupero su forma original, Carlos se calmo inquiriéndole formalmente.
-¿Por qué has venido aquí diosa Athena Palas?
-por ti- respondió la mujer sin dar importancia al tema.
Los oyentes al escuchar aquello echaron rayos por los ojos porque Athena era muy femenina, el cocinero se alzo seriamente.
-no me parece justa esa respuesta Athena, se que eres una diosa y eso pero debe haber una razón.
-es por tu deseo, simplemente por eso Gerardo prepárame una deliciosa comida para compartir- pidió Minerva con radiante belleza.
-cla claro - se apresuro Gerardo Rondon trotando hacia la cocina.
Piñango con una sonrisa pervertida susurro a Athena en el oído.
-oye Athena ¿no tendrás una hermana que me cuadres?
-si tengo pero no eres su tipo- respondió la mujer odiosamente-, ellas saben que eres la persona mas pervertida en este mundo.
El moreno se fue avergonzado haciendo como si no le hubieran dicho nada, Carlos estaba muy inquieto aunque debía admitir que los brazos de la deidad eran tan calidos que no provocaba soltarlos.
Gerardo llego con un plato típico de Venezuela, un pabellón y un dulce de guayaba para complementar la comida, Athena al ver esa comida probó un buen bocado comprobando que estaba bien hecha.
-esta delicioso.
-pues claro que lo esta, son platos típicos de nuestra amada patria venezolana, me agrada de que te gusten porque estas demostrando afecto a nuestras tierras, muchas gracias por tu opinión Palas Athena- agradeció el Chef radiante de felicidad.
-así que estoy en Venezuela, es un gusto conocer este país, creo que de tantos este es uno que merece la pena ver- comento Minerva devorando la comida.
Odalis reaccionando de su trauma de perdida de clientes regaño a la diva.
-¡Si eres una diosa debes tener mas cuidado! ¡Lo que hiciste fue muy imprudente! ¡Ahora esto ocasionara que los clientes crean que el lugar esta embrujado!
-no te preocupes por las personas desaparecidas, ellos en este momento están en el restaurante de la esquina- participo la mujer carcajeándose-, esto no ara que las personas se asusten mas bien dará publicidad, mira hacia afuera.
La dueña del lugar observo la calle abarrotada de personas ansiosas de entrar, cámaras de televisión, periódicos, buscadores de lo paranormal, entre mucha multitud curiosa del suceso.
El protagonista murmullo con los ojos como platos.
-parece que la voz se corrió muy rápido.
-será mejor Athena que vayas al departamento de alguien, allí estarás segura de que no te descubran- aclaro la ama amablemente abriéndoles la puerta de emergencia del comedor.
Marwyn al igual que Gerardo echaron fuego por el cuerpo al escuchar aquello, teniendo pensamientos obscenos de los cuales no se puede hablar porque la pobre mente de los lectores no soportaría tanto.
Garcés fue jalado por Palas hacia el escape, corrieron por un callejón hasta llegar a un estacionamiento donde el cocinero saco las llaves de su moto, subieron al vehículo escapando a toda velocidad por la carretera.
Minerva nuevamente adquirió la forma de una chica de 16 años comportándose como una niña muy inocente.
-¡Yupiii! ¡Que divertida la moto!
-deberías actuar de acuerdo a tu edad de unos millones de año Athena- critico el chico de cabello castaño con el entrecejo fruncido.
Recorrieron la localidad a toda prontitud, el sol se estaba poniendo así que Carlos le llevo a su departamento en uno de esos grandes edificios, subieron por el elevador llegando hasta una puerta de metal, el joven advirtió antes de abrir la entrada de su hogar.
-disculpa si esta muy desordenado es que no limpie en los 6 meses libres que tuve.
-no creo que este tan horrible- pensó la diosa carcajeándose.
Al revelarse el interior de la sala fue como una pesadilla, polvo, telarañas, libros en el suelo, comida rápida en el techo, ropa súper intima en lugares muy obvios, Minerva sin importar le cumplido.
-es un hermoso departamento y la decoración es única en su estilo.
-¿hablas en serio?- dudo rascándose el cabello con una gran gota de sudor.
-no importa lo espantoso que este un lugar puesto que hay que agradecer lo que uno posee- enseño la divinidad sentándose en un mueble con libros de computación- ¿te gustan las computadoras?
-si, por ello estoy estudiando computación aunque por alguna razón creo que seguiré siendo cocinero, el trabajo es difícil pero tiene sus beneficios lo pensé últimamente- aclaro el catire cerrando la puerta.
Entre los dos se pusieron a acomodar la casa puesto que estaba vuelto un alboroto, el estudiante universitario investigo.
-¿Porque si eres una diosa te comportas como una niña en momentos?
-los dioses por alguna razón extraña tienen 2 personalidades, una madura y otra inocente, es un suceso que no podemos controlar fácilmente pero debemos afrontar, sinceramente no me quejo de tener esa inocencia puesto que eso demuestra que tenemos al menos humanidad en cierta forma- informo la chica mientras sostenía entre sus manos un porta retratos donde salía el chico con quien hablaba y una chica vestida de abogada.
El chico inmediatamente le quito el objeto de las manos pidiéndole.
-te agradezco que no toques esta foto es un lindo recuerdo repleto con mi dolor.
-así que ella es la chica que te gustaba, la que murió de cáncer de pulmones en el mismo momento que tu te le declaraste los dioses sentimos dolor ante esa escena- comunico Minerva con tristeza.
-¡Cállate! ¡Cállate! ¡No quiero escucharte!- lanzo el chico afectado por ello con los ojos húmedos de golpe por el recuerdo de su pasado- ¡Fue culpa de ustedes! ¡Si son todopoderosos debieron salvarla de ello!
-no es tan fácil revivir a un ser humano es un hecho que podemos realizar no obstante la persona que recupere su cuerpo pierde cada uno de sus recuerdos por ello en ese caso no pudimos salvarla de lo que estaba destinado por Hades dios de los infiernos- explico Athena limpiándose las lagrimas que se le escaparon-, nosotros al ver gente morir sufrimos mucho, aunque seamos dioses tenemos sentimientos, muchas cosas son inevitables.
Garcés contemplo a la diosa raspándole los lloros con sus dedos evitando la caída de los mismos, disculpándose con una sonrisa para hacerla concebirse mejor.
-lo pasado es pasado no te culpes de ello es solo que nadie nunca ha hablado conmigo de ese asunto.
-esta bien - acepto la mujer ruborizada por lo guapo que era la persona que le consolaba.
Después de terminar de acomodar la morada, se ducharon (separados por su puesto), comieron una cena criolla exquisita charlando como si fuesen una pareja de novios y Carlos le dejo a Athena dormir en la habitación solitaria ya que era su invitada especial.
Lo último fue el descansar para el día siguiente la mañana llego resplandeciendo la ventana, Carlos se levanto de su cama a tomar una taza de café ya que tenia que ir al trabajo, Athena por su puesto le acompaño con su forma adulta para que no resucitara el suceso del anterior día.
Luego de hacer las labores subieron a la motocicleta, viajando hasta el lugar de trabajo, Minerva que le abrazaba por la espalda le punteo.
-¿tu deseo se ha cumplido Carlos?
-si Minerva - reveló el joven alegrándose.
Palas mostró una sonrisa triste por tal respuesta; el día fue muy activo, Minerva ayudo a Odalis en la caja registradora, el grupo se fue conociendo mas realizándose un lazo de amistad con la diosa.
Minerva se despidió de todos a la hora de cerrar execto del joven el cual estaba dispuesto a ofrecerle hospedaje en su departamento, una vez solos en la salida la divinidad derramo lágrimas.
-lo lamento es hora de mi despedida.
-¿vas a volver a tu hogar?- averiguo el joven entristeciéndose.
-esa es la respuesta, yo prometo volver a verte aunque sea en siglos te encontrare nuevamente porque te amo- se declaro la divinidad haciendo que sus labios se entrelazaran con los del humano.
Fue el primer beso de un mortal con un humano, los dos se ruborizaron moviendo sus bocas con afecto, seguido se separaron en un hilo de amor cortado, la deidad se desvaneció diciéndole.
-te amo.
-lo se, yo también te amo esperare siglos por ti- se despidió el cocinero con una radiante risotada.
Y así sucedió, Athena no apareció nuevamente en el mundo humano, lo único que se sabe es que el joven Carlos la esperara de generación en generación si es necesario, porque el amor es el magnifico sentimiento que existe para unir los corazones...
|
Imprimir |
Enviar historia |


