


| Escritor: | zyward |
| Públicado: | 13/08/2008 |
AMARRADA POR EL OTOÑO.
Camine esa noche por bosque hasta llegar al lago. Su universo líquido se manifestaría ante mi en una increíble gestación ese noche. Florecería de sus aguas ese cuerpo brillante que como un espectro a la luz de la luna crecía mostrándome su esplendor y su privilegio. Su absoluta presencia. El indefinible auge oscuro de su ser. Que con solamente contemplarlo causaba en mi una inagotable devoción. Saliendo de esas aguas el no tenia que disimular su vergüenza. Observándolo esperaba conseguir lo que deseaba, tenia en mi esa esperanza. La eternidad se manifestaba en su cuerpo y esa maravilla consumía como un fuego oscuro mis entrañas. Caminando esgrimiendo su poder, se alejo lentamente hacia el bosque. La sinuosa sabiduría que dominaba su figura definía aun mas su forma humana, confundiéndome. En ese instante como absorbido por un capullo fénix. Su cuerpo desapareció entre las hojas que el viento levantaba. Dejándome ahogada en pena, al presenciar esa fuga tan etérea.
Increíblemente después las secas hojas otoñales comenzaron a moverse. Sabia que se ocultaba en algún lugar del bosque pero jamás me hubiese imaginado que su cuerpo estaba ahí a escasos metros de mis pies por debajo de esa extensa hojarasca. Cuando lo vi emerger y las hojas cayeron de este sin piedad. Descubriendo en su intimidad el verdadero color de su piel. Me sentí sobresaltada por lo que estaba observando. Creo que también él se percato de esto y por esa razón se volvió a ocultar transformándose en un árbol mas.
Como aun lo podía distinguir. Sin dudarlo me acerque y fui hacia el. Sentía algo intenso al contemplar la extensión de sus ramas que seductoramente con sus movimientos perpetuos agotaban mis pensamientos. Sumergiéndome cada vez mas en una prohibida pasión por aquel enigmático embrujo. Esas ramas podían acariciarme tan suavemente como lo haría el bello cuerpo de ese ser. No me pude contener y me deje caer. Primero por el estímulo y después por el pecado. Recuerdo ese instante del otoño que penetro en mi, inundándome de placer al sentir esas sensaciones infinitas. Delicadamente incomparables, verdaderamente deliciosas. Y ahora que en mi mas alocada intención contemplo la claridad del inmenso cielo. Descubro solamente que poseo mi pecado, porque es verdadero. Pero a la vez me regocijo al saber que su dilatada ausencia no había sido aun descubierta.
Si era un ángel que se dejaba descubrir. Agradecería al cielo su bondad y su beldad.
Y si era un astuto demonio que se mostraba. Gratificaría a la oscuridad por hacerme sentir esa inmensa seducción. Como un flagelo mas en mi cuerpo soportaría la inmensa belleza de su cuerpo. Encontré esa indescriptible satisfacción cuando me deje llevar por su mirada. El no quería, ni podía ocultar nada. Por lo tanto para concordar estaba casi obligada ante él a desnudar mi cuerpo y mi alma. Quería sentir esa libertad que respiraba sobre tu piel. El aire que acariciaba sin descansar su figura. No existía ninguna razón en la vida que impulsara tanta energía. En ese silencio todo dejaba de existir agotándose tranquilamente.
Estaba segura que en esa ilimitada región ya no era un hombre el que actuaba. Era una criatura que con intensidad dominaba la vida orgullosamente. Mi deseo no era algo imposible, alejado del conocimiento. Podía sentir como esa sombra. Su forma exaltaba cada uno de mis sentidos en especial el de la vista. Ya que suspiraba al ver sus virtudes. Mi respiración se agitaba y derramaba algunas lagrimas que nutrían la solemnidad de la tierra al caer. Aunque estaba impresionada por su enarbolada figura. Desperté cuando ya estaba sumergida en la mas extensa unión. Después grite aferrada a la madera de ese tronco ardiente de placer. Las hojas de su cuerpo, como llamas consumieron mi indecencia. Apareciendo el dolor que amalgamaba al placer como un ingrediente mas de esa mezcla prohibida.
Su cuerpo palpitaba como mi corazón. Se convertía en árbol. En destellos de luz. Pero aun así en ese desconcierto me hacia sentir que era el mas viril de los hombres. Sorpresivamente tu ardiente sabia, estallo lastimando mi alma. Que agotada cayo en tus manos. Para ser llevada a ese lugar. En donde según tus palabras, nadie podría regresar jamás. Mi deseo no quería retornar, porque ya te había encontrado.
La joven Eloisa fue ejecutada por
Su muerte asombró a la concurrencia ya que en ningún momento se la vio sufrir.
Se la acusaba de blasfemia, aunque bien podría haber sido pura poesía.
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