Amanda regresa a la secundaria tras las vacaciones de verano. Dos meses sin saber de Isaac, conformándose con verlo sólo en la foto. A veces se preguntó por qué no iba a verla. Pero no tardaba en recapacitar: así era mejor. Preferible no verlo en las vacaciones a que su padre, al enterarse, no la dejara volver a la secundaria.
La fotografía sigue besando su pecho. Cada vez le parece más imprecisa, más borrosa.Tal vez de tanto verla se haya gastado. Pero Isaac sigue ahí. Sólo ella lo sabe. Es su secreto más oculto. No lo confía ni a sus amigas, que fueron las únicas que la visitaron durante las vacaciones. Para nada. Inútiles visitas. No le llevaron noticias de su novio.
Peroahora todo queda atrás. No más esperas. No más privarse de verlo. Su sonrisa, sus manos enlazadas en el barandal. Sin importarles que los compañeros o los maestros los descubran. Cada vez está más cerca el encuentro. La secundaria huele a nuevo. Algo le han hecho, tal vez la pintaron, tal vez la mirada de Amanda renueva lo que toca. Es la ansiedad, el gusto, la emoción de verlo denuevo.
El timbre de entrada la empuja hacia la formación. Los mismos rostros. Algunos muchachos lucen un tenue bigote o han crecido unos centímetros. Muchachas que parecen más mujeres: su cuerpo las delata. Si no fuera por el uniforme parecerían todas unas señoritas. Los mismos rostros en las filas de su grupo. Voltea en busca de la sonrisa y los ojos que tanto ha echado de menos. No los encuentra. La fila avanza mientras el corazón golpea nervioso en su pecho.
La maestra de Español les saluda complacida cuando llegan al grupo. Les pide que se sienten. Les da la bienvenida y despliega los propósitos de su clase en el año que inicia. Amanda no encuentra por ninguna parte a Isaac. La maestra no para de hablar. Quisiera interrumpirla. Preguntarle por qué Isaac no ha venido, saber si algo le sucedió, si está enfermo. Pero no quiere ser la burla delgrupo. Por fin, la maestra les encomienda que escriban su primer trabajo: Mis vacaciones. ¡Vaya! Este año no ha sido la excepción. Nunca falla. El primer día de clases pareciera que a todos los maestros se les acaba la imaginación. Mientras inician su trabajo, la maestra pasa lista. Amanda dice presente al llegar su turno y se queda callada. Sólo ella ha notado que Isaac no está en la lista. La maestra no repara en ello. Tienen cuarenta minutos para escribir lo que hicieron en las vacaciones. ¿Qué escribir? ¿Cómo escribir que se pasó las vacaciones extrañando a Isaac y ahora que esperaba encontrarlo aquí tampoco está?
No, no puede, porque en todo caso no le ha pedido escribir de él, sino de las vacaciones. Y entonces escribe: Mis vacaciones fueron un infierno. No salí a ninguna parte. No me divertí. Nunca tuve vacaciones más aburridas. ¿Quién inventó las vacaciones? No tengo nada más qué escribir. Estoy harta de las vacaciones. No escribe más. Luego, sin saber cómo, vuelve a escribir: ¿Porqué no vino Isaac, maestra? ¿Le ha pasado algo?. Mira los ladrillos por encima del pizarrón. Se toca la foto en el pecho. No debe permitirse llorar.
Qué pasa, amiga, ¿lo extrañas?
Amanda dice que sí con un movimiento de cabeza. ¿Qué es esta oscuridad? ¿Qué esta ceguera, esta noche a las ocho de la mañana? ¿Qué esta sordera inesperada? Está a punto de soltarse llorando cuando escucha la voz de Isaac.
¿Meda permiso de entrar?
Ahí te hablan, amiga.
Sí, es él entregando una tarjeta a la maestra. Busca un lugar dónde sentarse y se acomoda. Voltea, le sonríe a Amanda y ella contesta la sonrisa. La maestra le da indicaciones al muchacho acerca del trabajo. ¡El trabajo! Amanda rasga la hoja en la que escribía, la hace pedazos que tira al bote de labasura. Vuelve a su lugar y escribe: Estas vacaciones fueron las más felices de mi vida..., y así, por el estilo, continúa. Sólo se detiene para ver a su novio y tomar aire. Nunca será tan feliz.
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