Amanda (3 de 7)

Categoría(s): Relato

—¿Tegusta, amiga?

 

 

La pregunta de Alma la toma por sorpresa. No esperaba que la hiciera mientras mira a Isaac. No hay modo de negarlo. La atrapó in fraganti. Amanda se sonroja, pero finge no saber de qué habla Alma.

 

 

—No te hagas, amiga, te gusta el Isaac, ¿verdad?

 

 

No sabe qué contestar. El corazón golpetea en su pecho. Desvía la mirada, evade responder. Una sed inesperada le reseca la garganta. No tiene que fingirla para dirigirse a los bebederos. Lejos de Alma y de la vergüenza de haber sido descubierta. ¿Qué hacer? La sed está saciada pero Amanda demora el regreso. Finge que bebe, pero sólo humedece sus labios. Es inútil, no puede pasarse la hora del descanso en los bebederos. Se detiene a mirar hacia las canchas sin ver algo en especial.

 

 

Convencida de que es más digna de sospecha quedándose ahí, decide regresar al lado de las amigas, pero sólo encuentra a Elisa. Gracias a Dios. Al menos no tendrá que soportar las impertinencias de Alma. Llega en silencio, sin saber cómo entablar conversación.

 

 

—¿Y Alma? —no le interesa saber, pregunta por decir algo.

 

 

Elisa le señala dónde está. Amanda no puede creerlo. Con razón le preguntó si le gustaba Isaac. Quería estar segura para no tener estorbos. La sangre se le agolpa en los pies. La rabia no le cabe en el cuerpo. ¿Cuándo se le quitará lo resbalosa a Alma? ¿Cómo no se fija en otro muchacho? ¿Por qué tuvo qué fijarse en Isaac? ¿No tendrá miedo a que su novio se enoje al saber que anda de ofrecida con otro? Amanda lamenta no haber tenido valor para reconocer que le gustaIsaac. Pero ahora no hay remedio. Qué coraje verlo sonriéndole a Alma. Qué bonita amiga. Para qué quieres enemigas si con ella tienes. Aquí viene. Casi se muerde las orejas de tanta risa que trae. Hasta parece que se burla. Qué rabia.

 

 

Amanda desvía la mirada y finge no darse cuenta que viene hacia ellas. Por un momento tiene el impulso de tomar sus cosas y dejar solas a las dos amigas, pero no lo hace. No quiere darle ese gusto a Alma. Que se quede con Isaac. Ni que fuera el único muchacho en la secundaria. Permanece de pie, muy seria, dejando de lado la presencia de Alma.

 

 

—¿Qué crees, amiga? —qué voz tan odiosa, jamás lo había notado como hoy. Finge no escucharla. Que se quede con su alegría, que se le atragante y le haga daño. Al fin, puede conseguirse más amigas.

 

 

—¿Estás enojada?

 

 

—¿Por qué iba a estar enojada? ¡Si hasta me estoy riendo! Mira: ja, ja.

 

 

No sabe cómo se le ha salido el sarcasmo, pero en fin, ya ni modo.

 

 

—¡Uy, amiga, y yo que te traía una buena noticia!

 

 

Buena noticia, ¿para quién? ¿Cómo va a ser buena noticia que venga a decir que le robó a Isaac? ¡Si hasta le dan ganas de gritarle su coraje delante de todos!

 

 

—¿Ya les cambiaron el nombre a los chismes?

 

 

—¿Entonces no la quieres saber? ¡Uy, amiga, cásate a ver quién te aguanta!

 

 

Amanda se detiene. El mal humor no se le esfuma, pero se contiene, para no darle gusto a Alma. Vaya amiguita que se carga. Si hubiera sabido...

 

 

—Bueno, pues yo como quiera te lo voy a decir —y aquí toma aire—: Tú también le gustas.

 

 

—¿Qué? —Amanda es un nudo de emociones. El coraje se le enreda con la alegría, la palidez se corre para dejar lugar a la sangre latiéndole en las mejillas.

 

 

—Que tú también le gustas al Isaac, amiga.

 

 

—Pero yo no...

 

 

—Ay, amiga, no te hagas. Si hace mucho que te vemos con la baba caída por el Isaac. ¿A poco no, Elisa?

 

 

Elisa asiente. Amanda no sabe si defenderse o brincar de júbilo. ¿Cómo fue tan tonta para no adivinar que Alma había ido a preguntarle eso a Isaac? Tonta y más que tonta.

 

 

El timbre de entrada la salva de hacer algún comentario. Escucha lejanas las voces de los muchachos al formarse, las órdenes de formación de los maestros. Se deja llevar por el movimiento de sus compañeros. Camina a su ritmo, sube las escaleras sin verlas, entra al salón y se queda en pie esperando la entrada del maestro de Geografía. Se une al saludo en coro y se sienta. Sonríe gozosa por lo que acaba de saber. Por fortuna tiene el pretexto de las ocurrencias del maestro al explicar la clase. Sonríe complacida mientras lo escucha explicando el movimiento de traslación de la Tierra. El maestro no se conforma con palabras y se convierte en planeta girando sobre sí mismo y caminando alrededor de uno de los alumnos, que es el Sol. Qué divertido. Más parece una mariposa revoloteando alrededor de una flor. Ridículo y divertido. Piensa en la maestra de Historia, se la imagina en el papel del de Geografía y no puede contener larisa.

 

 

Mira a Isaac y lo sorprende viéndola. Se miran largamente, se sonríen, se hablan conla mirada. Ni ellos mismos saben qué se dicen o qué se prometen sus miradas, pero son felices mirándose.

 

 

—¿No que no, amiga? —dice Alma, y Amanda voltea a verla sonriéndole. Luego sigue atendiendo a la clase que ha regresado a la seriedad.
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Comentarios:

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Escrito por: GabrielaAgilda       14/05/08 18:56
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¡Viejos tiempos de amores tempranos!Me impacta la manera en que tu narración fluye,enriquecida por el lenguaje sencillo del amor adolescente...Estoy entusiasmada con esta historia,Ricardo.Me encantaría saber en qué te inspiraste para tan bello contenido.
Besos,amigo.
GABRIELA
Escrito por: Momo       31/03/08 18:25
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Además de ameno y divertido, está muy bien contado. Los diálogos lo enriquecen y me encantan las expresiones que utilizas. Un abrazo. Chares
Escrito por: guadalupe40       31/03/08 17:38
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Delicia de relato!, expresando con toda claridad las reacciones de los adolescentes, sus pro y sus contra, gracias compañero. Guadalupe
Páginas: 1

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