El jovencito mantuvo los labios cerrados, mirando consternado por entre los mechones de pelo. El silencio era la mejor política aparente. Los otros dos estaban igualmente impresionados, como para decir algo. La pálida faz de Eve los dejó sumidos en un mutismo más que perfecto, deteniendo sus respiraciones; al igual que todos los otros Mayores, sus pasos no se advertían, como si flotase sobre el piso.
Podían oírse las campanadas de la abadía y el lejano silbato del tren, por encima del ruido urbano, apagado por la altura y las pesadas cortinas.
Eve se quitó la bufanda; el sol volvía la habitación sofocante y pequeña, pese a su amplitud. Sus ropas -franela gris, muy suave, dada la delicadeza de su piel- distaban de los ropajes estrafalarios y rituales de algunos de Ellos. Parecía sólo una mujer hermosa, algo pálida y de ojos de color indefinido. Se volvió a mirar la figura sobre el sofá. Había visto muchas cosas increíbles en su larga vida; incluso varios amaneceres, sin ser quemada, pero lo que había sobre el sofá excedía su capacidad de asombro. Y también, su paciencia.
Se acercó al durmiente, arrodillándose sobre el piso -y cuán humana, pensó Andy al mirarla y a la vez, cuán sobrehumana en ese gesto flotante de los brazos, de las manos, en esa sonrisa leve de preocupación!!- y acarició los rubios y sucios cabellos del durmiente.
Este abrió los ojos. Ella sonrió, con dulzura. El comenzó a llorar, hundiéndose en el leve pecho de ella
-Shhuuhh...ya..está bien...
Los demás asistían, mudos como piedras, a la escena. Incluso, habían dejado de respirar. No era algo que pudiera ser creído fácilmente; ninguno había asistido antes a algo así, pese a que todos sabían que lord Huxley había pasado ya por esto antes. Mucho antes. Antes de que ellos pensaran siquiera en seguir vivos o en la idea de ser lo que eran.
Huxley sompió el silencio, la voz quebrada
-Lo perderé, Eve...
Ella asintió, los ojos cerrados, dejando que el dolor de él -una ola
ardiendo, punzante, ácida- saliera de su mente, tocando la suya como el hierro
ardiente que usaran los dominicos de
Alzó el rostro de él y besó sus labios, ligeramente
-Y lo superarás, querido...podrás con esto, también
El sonrió
-No intentes consolarme...yo he sido el autor de todo esto-tosió- no sé qué hacer..-rió, acidamente, de sí mismo. Bruno había tenido razón en su última carta
los dos estamos igual de confundidos, querido Hux, no sabemos nada. Sólo tú te crees que sabes todo
Eve hizo una seña a Andy y a los otros youngleens y éstos se retiraron, impresionados aún
-No creo que esté del todo bien que muestres a los chicos cuán frágiles podemos ser, amor...
El rostro de Huxley quedó inerte por instantes. Secó sus ojos y volvió a ponerse los espejuelos. El materno regaño de Eve parecía surtir efecto; ella le alisó el cabello. El miró sobre la chimenea. Ahí estaba el retrato, pintado por él, en el mismo estilo que Leonardo le enseñara. Más llanto, esta vez, en silencio. Huxley se levantó y se acercó al cuadro, increíblemente bello, dulce y vivo. Eve le escuchó reprimir el suspiro; miró el resto de la galería. Una foto llamó su atención. La pareja que ya conocía. Uno traía su clásico traje negro y la corbata roja que usaban como emblema. Y el otro estaba sobre el hombro de éste. La mirada de ambos era de inseguridad. Eve lo comprendió al instante. Estaban enamorados y acababan de descubrirlo.
-Y esto?-dijo Eve, como si no supiera la respuesta. Hux se distrajo un momento
-Eso no resultó...
Eve sonrió
-Si en la realidad, tampoco para ellos, que son mortales, resulta, mi querido Hux, por qué estás esperando una excepción?
Hux miró al piso. Eve siguió hablando
-No tenemos mas que una sola ventaja, amor...TIEMPO; todo lo demás, son accesorios, iguales a los que ellos usan y lo sabes...no vengo a sermonearte con cosas que ya sabes...y no creo que debas llorar algo que aún no pierdes...
El estallido de Hux no fué algo que Eve esperase, pese a que lo conocía bien
-Cuánta química molecular conoces, querida?? Tienes una idea de lo que estás diciendo?? O pensando?? Verás cuán simple es...-activó su computadora con un sólo roce, riendo con amargo sarcasmo- mira nuestras propias estructuras y como se regeneran...y cuán lenta es la decadencia...eso...ahora, mira esa sangre, alterada por la combinación del Duncan, esas dos moléculas, puedes verlas?? Bien, mira cómo degeneran, cada vez que entran en contacto con el virus nuestro...jajaja..como se despedazan al tocarse y es sólo a nivel cuántico...ni siquiera podría besarlo sin dañarlo, sabes? "Un romance químico"?? Jajaja, querida, ESTA es la antítesis de eso...si me acerco lo suficiente, el suficiente tiempo, YO MISMO LO MATARÉ!!
La risa de Huxley se esparció por toda la habitación. Se dejó caer en el sofá, subiendo los piés. Eve comprendió que nada de su inmenso conocimiento, nada de lo acumulado en tantas vidas, podía ayudarlo ahora. Y ellos, como sus amigos, sólo podían esperar que soportase la pérdida el suficiente tiempo para terminar sano de ello, de nuevo, para volver a reír e incluso, para volver a amar. Para no morir ni intentar matarse.
En ese momento, entró
Eve la saludó con un leve alzar de sus cejas; ella sonrió. Era la única humana verdaderamente cercana a Huxley. Con las leves señas de sus manos, lo alentó a beber un poco de sangre. En el inquietante cifrado del TADOMA sobre el rostro de Hux y sus labios, le hizo entender en unos cuantos roces cuán preocupados estaban todos por él. Y ello, mas el ligero regaño de Eve, parecieron conmover lo suficiente a Huxley. Cerró los ojos, un momento, suspirando
-Soy un necio...como siempre...
Eve sonrió
-Como siempre, querido...
Miraron ambos, el atardecer, mientras la muda salía del cuarto. El sol caía, espléndido.
(Continuará...)
(Este trozo vá dedicado al Príncipe Negro, Bruno Prinx, rival de Huxley y rebelde alumno de él)
|
Imprimir |
Enviar historia |
