Alas plateadas
Por favor
.
No te alejes
Me prometiste que nunca te separarías de mí
Tengo mucho miedo de estar sola
Esta herida no para de sangrar
Siento mucho frío
Por favor
.
No me dejes morir
No quiero volver a ser como antes
Solo tú puedes salvarme
Hace mucho tiempo existía un pintoresco pueblo escondido entre las montañas, muchos decían que no solo humanos lo moraban puesto que era el lugar favorito de muchos seres mágicos que coexistían con ellos sin que se dieran cuenta.
Por las noches cuando ya todo estaba silencio, desde las ventanas de las casas se podía oír el retumbar de las olas del mar con las rocas de un peñasco que se hallaba muy alejado de allí.
Desde el orfanato de Gadreel una niña observaba el manto estelar una y otra vez como tratando de encontrar una estrella fugaz, las lágrimas de la pequeña escurrían por sus mejillas hasta dar en una cajita musical que mantenía abierta al pie de su ventana.
Emily se había convertido en un niña muy solitaria desde que sus padres habían muerto cuando apenas tenía cinco años de edad, no lograba entender muchas cosas de la vida por que no había nadie que le explicara, pero aún así escribía y se imaginaba al amor sin acordarse de cómo era sentirlo.
Su corazón tenía muchas heridas, tantas que a veces las personas especulaban que Emily tenía una extraña enfermedad, nunca sonreía, ni hablaba, cada día le perdía mas sentido a la vida pero aun así no se daba por vencida porque dentro de ella siempre soñaba que algún día todo ese dolor sería recompensado con algo que le haría feliz para toda la vida, con alguien que la amara.
Todas las tardes a los niños del orfanato se les permitía salir a divertirse en el pueblo con la condición de que regresaran antes del ocaso del sol, Emily siempre visitaba la pradera del peñasco, le gustaba sentir la brisa del mar en su rostro mientras escribía.
El sol pronto comenzó a despedirse, el océano estaba teñido de un rojizo intenso al igual que la pradera, la niña aún permanecía escribiendo pero al notar el crepúsculo se detuvo y se recostó mirando hacia el cielo, por un segundo pensó que ya era hora de irse, pero luego no le importó, Emily esperaría la noche en el peñasco porque estaba segura que desde allí al fin podría ver una estrella fugaz.
Con forme el tiempo pasaba el rojizo atardecer se transformó en naranja, luego en violeta y en un abrir y cerrar de ojos la oscuridad envolvió el ambiente.
Emily se sentía tan sola que podía oír los latidos de su propio corazón que casi se desvanecían por la profunda tristeza que le invadía por no tener a nadie a su lado.
Su mirada se perdió por un momento en la espesura de la pradera que era iluminada por miles de luciérnagas, las lágrimas de la pequeña fluían con el tenue viento que se deslizaba por el altozano.
-Si tan solo hubiera una persona que me quisiera
-
Cuando Emily volvió a ver hacia el cielo una estrella fugaz se deslizó por la oscuridad y rápidamente cerró los ojos y sintió una fuerte ráfaga de viento que la envolvió. Todas las hojas que había escrito salieron volando.
si encuentro una estrella fugaz
¿podré ser felíz?...
¿será que algún día alguien me amará?
Tengo mucho miedo que después de todo, eso no suceda
¿Este vacío tan grande, se podrá llenar?
.
¿Cuando estas enamorado puedes ver los verdaderos colores?
..
Una hoja en especial se posó sobre unas finas y delicadas manos de alguien que se encontraba de pie junto a Emily y la leyó. ..
-Solo quiero saber que se siente dar un abrazo lleno de cariño, y que ese alguien te lo devuelva
-
La niña se sobresaltó al oír aquella voz que parecía melodía en sus oídos, pero siguió sin abrir los ojos, seguro era su imaginación y no quería desconcentrarse porque al fin había visto una estrella fugaz y esa era la oportunidad que había estado esperando.
De pronto sintió una calidez que le envolvió todo el cuerpo, como si fuese un abrazo lleno de cariño
el abrazo que siempre había soñado, ese abrazo del que escribía, y del que estaba segura que llegaría.
La chica no se asustó, sonrió por primera vez y entre las lágrimas que aún no paraban de brotar abrió poco a poco sus grises ojos y pudo distinguir luchando con lo borroso de su vista un rostro hermoso y alrededor de ella unas enormes alas plateadas que le abrazaban con mucho amor.
-
¿Quién eres?...-
Los ojos de Emily nunca habían estado tan expresivos como lo estaban en aquellos momentos.
-Soy un espíritu celeste que quiere que conozcas que se siente amar
Estoy dispuesto a hacerte feliz y a brindarte esa calidez que por tanto tiempo te ha faltado y ha dejado un vació muy grande en tu pequeño corazón
me puedes llamar Lahatiel, tu eres Emily ¿verdad? -
La niña solo asintió con la cabeza y abrazó fuertemente a Lahatiel.
-Emily, me haré invisible pero siempre estaré contigo, envolviéndote con mis alas plateadas. Te protegeré contra todo peligro y jamás dejaré que vuelvas a sentir frío, antes de venir hacia ti me han hablado sobre tu vida y
nunca pensé que los niños pudieran sufrir tanto
por eso te prometo que nunca me separaré de ti...nunca
-
-
Gracias Lahatiel
.-
La voz de Emily se oía como si no la hubiera usado por mucho tiempo. La niña no dijo más pero toda la felicidad que sentía en esos momentos se la expresó al ángel con una sonrisa y un abrazo.
El viento jugaba con la larga túnica y el cabello plateado del espíritu celeste, Lahatiel se hacia invisible al compás del sonido de las olas del mar hasta que desapareció por completo de la vista de la pequeña.
La niña corría y cantaba de felicidad en la oscuridad de la noche.
-Al fin ha llegado lo que pedía todos los días antes de dormir
-
Las luciérnagas le envolvían en un círculo resplandeciente, la luna desde el peñasco se veía gigantesca y contrastaba con el océano que se extendía más allá de su vista.
Esa noche Emily no pudo dormir por tantas emociones, así que se puso a escribir tratando de que sus compañeros no despertaran.
El amor puede hacer que un corazón ciego reconozca los colores con los que está hecho el mundo, pero también puede hacer que el mismo corazón vea blanco y negro, pero ya nunca más será ciego porque quien lo ha conocido una vez quiere volver a sentirlo
La vela que le alumbraba se fue apagando dejando consigo huellas de cera en el piso de madera. La niña quedó profundamente dormida con las hojas que había escrito en manos. La luz de luna que se colaba por la ventana le alumbraba con sutileza, y hacia escasamente visible a Lahatiel que permanecía a su lado, cuidándola y arrullándole tiernamente.
- Nunca me separaré de ti
ahora entiendo ese sentimiento que tanto anhelan los humanos
.-
Sin querer una lágrima del rostro de Lahatiel cayó sobre la mano de Emily.
La vida de la pequeña cambió de manera drástica, cada instante que pasaba lo vivía al máximo. Sus compañeros notaron el cambio de inmediato porque ahora Emily reía y platicaba con ellos.
Cuando tenía una oportunidad les contaba los cuentos que había escrito a todos sus amigos del orfanato. Ahora la niña favorita de Gaadrel era Emily, todos pretendían estar a su lado, las encargadas del orfanato la querían mucho, y todo eso era gracias a Lahatiel que en ningún momento se separaba de la pequeña, y ella así lo sentía porque siempre percibía la calidez de alguien que le amaba a su lado.
- Siento una alegría muy grande en mi corazón, tengo muchos sueños y esperanzas
desde que te tengo a mi lado todo a sido tan distinto
te...quiero mucho Lahatiel
-
Todas las noches Emily se escapaba del orfanato y caminaba hacia las praderas del peñasco, que con la luz de luna parecían plateadas, allí era el único lugar donde el ángel se hacía enteramente visible.
La niña siempre le esperaba con una sonrisa y un abrazo en el momento en que aparecía a su lado.
Emily le platicaba de todo lo que había hecho en el día aunque no era necesario puesto que Lahatiel siempre estaba a su lado.
También jugaban con las luciérnagas que se escondían en el sotillo y antes de que la pequeña se marchara de la pradera y Lahatiel se volviera a hacer invisible siempre le contaba uno de sus cuentos que escribía por las mañanas.
- Este me ha gustado más que el anterior, tienes mucho talento para escribir, espero que cuando crezcas no pierdas ese gusto por la literatura y te conviertas en una famosa escritora de cuentos para niños para que así nunca se pierda toda esa fantasía y bondad que existe en tu corazón.-
Emily sonrió y abrazó con todas sus fuerzas al ángel.
- Gracias
¿sabes? Pronto escribiré un cuento que hable de ti y de cómo te conocí, verás que será el mejor de todos.-
Los dos sonrieron y a cada paso que se alejaban de la pradera, Lahatiel se desvanecía delicadamente detrás de la niña.
Como todas las noches antes de dormir el ángel le cantaba cariñosamente al oído a la chica hasta que se dormía.
Esa noche el viento se sentía misterioso, así que Lahatiel salió al balcón del cuarto del orfanato y allí permaneció de pie esperando algo que sabía que debía de pasar.
Una fuerte ráfaga de viento llevó consigo una flor hermosa que brillaba como diamante a la luna y despedía un agradable aroma, el ángel la tomó y cerró los ojos, esa flor llevaba en sus entrañas un mensaje de Dios.
Pronto adoptarán a Emily, tu trabajo ha terminado, lo has hecho muy bien, mañana antes de la media noche partirás de la Tierra para volver al reino celestial, es hora de salvar otro corazón herido.
Al terminar de oír el mensaje Lahatiel no pudo evitar derramar sus lágrimas sobre la bella flor.
- No le quiero hacer daño a Emily, pero debo de obedecer
Sólo debí haber hecho mi trabajo
¿porque
siento
esto?....-
Un nuevo día llegó, El ángel trató de no sentirse triste aunque era sumamente imposible pero lo último que quería era transmitir esa tristeza al corazón de la niña.
Emily se había esmerado toda la mañana pintando un bonito cuadro que le había puesto de título esperanza celestial. La pintura se trataba de una niña tomada de la mano de un ángel que le envolvía con enormes alas plateadas.
-Por fin lo he terminado
se lo regalaré a Lahatiel como agradecimiento por todo lo que ha hecho por mi
-
La niña tomó el cuadro y lo envolvió con una manta que tenía a la mano, luego miró el reloj, ya era la hora a la que iba al peñasco.
Como todas las noches el ángel se hizo visible, pero Emily notó algo extraño en su rostro, una tristeza muy profunda, pero no preguntó nada.
-Veo que ya te has recuperado Emily
-
Lahatiel sonrió y volteó rápidamente su vista hacia las rocas que se encontraban debajo del peñasco, allí donde las olas chocaban sin cesar.
-
Si, todo gracias a ti
-
-
Ya falta poco
-
Una lágrima rodó por la mejilla del ángel.
-
¿Qué sucede?...-
Lahatiel no respondió a la niña solo alzó su mirada hacia el cielo.
Emily sintió un vuelco en su corazón parecía haber entendido todo. El ángel asintió con la cabeza.
-
No te quiero lastimar
pero tengo que marcharme
-
Emily permaneció con la mirada fija en la espesura de la pradera igual que aquel día antes de conocer a Lahatiel. Las lágrimas comenzaron a caer una a una sobre el espeso verdor plateado.
-
Pero tu prometiste
que nunca te separarías de mi
-
El ángel no pudo más, solo abrazó a la pequeña.
-
perdóname por haberte prometido algo que no podría cumplir
por favor
. Perdóname
yo no dispongo de lo que quiera hacer
ahora tengo que marcharme para salvar a otras personas que me necesitan tanto como tu me necesitaste cuando anhelabas un abrazo lleno de cariño-
-
Pero aún necesito de ti
-
Lahatiel no podía desobedecer el mensaje que había recibido la noche anterior, pero ahora había entendido el verdadero motivo por el cual se le pedía que regresara de inmediato al cielo.
El ángel recordó una antigua leyenda que solían contar los arcángeles a los pequeños niños del reino celestial.
Hace mucho tiempo cuando los humanos no tenían tanto de haber sido creados, un ángel de corazón bondadoso se enamoró de uno de ellos, el amor que sentían ambos era tan verdadero y puro que el ángel pidió permiso a Dios para unir sus vidas por la eternidad. En esos tiempos la maldad no existía en el corazón de los hombres y Dios accedió a la petición del ángel. Fue una fiesta sin igual la que hubo en los cielos y en la Tierra.
Los años fueron pasando, y la perversidad comenzó a invadir los corazones de los que habitaban la tierra por que alguien había deseado ser igual a Dios y había sido corrompido por los frutos de un árbol
Pronto el ángel fue traicionado y herido de una cruel manera, a Dios le dolió mucho ver como un corazón puro había sido desecho por uno lleno de maldad y desde ese día se les prohibió por completo a los ángeles visitar la tierra cuando ellos quisieran y más aún enamorarse de un ser humano, por que el dolor de un corazón puro no se compara con cualquier otro dolor
Lahatiel volvió en sí, Emily lloraba acurrucada sin consuelo alguno. El ángel quedó viendo a la niña por un par de minutos, y gritó mirando hacia el cielo:
-
¿Cómo crees que esta niña me pueda hacer tanto daño, si yo le estoy haciendo uno peor
porque
¿¡Porque no me permites quedarme con Emily otro tiempo más en la tierra!?-
Todo quedó en silencio solo se oían los sollozos de Lahatiel y la niña que se perdían con el canto de los grillos.
El viento sopló fuertemente y una hermosa flor como la de aquella noche volvió a caer cerca de las manos del ángel.
Entre lágrimas Lahatiel oyó el nuevo mensaje que Dios tenía para él.
No quiero volver a sentir el dolor de un corazón puro destrozado
Emily crecerá y la maldad pronto entrará a su corazón, ahora es una niña pero lo inevitable llegará al convertirse en adulto
La otra parte de la leyenda no la conoces pero después de eso decidí separar para siempre a los seres humanos de los ángeles enviándoles a lugares distintos cuando mueren, el sufrimiento es inevitable lo hago por los dos
-
El ángel imaginó que el pesar que sentía en esos momentos nunca se desvanecería de su corazón. La pequeña volteó a ver al ángel, sus ojos reflejaban una tristeza similar a la que cargaba su alma antes de que Lahatiel le encontrara tan lastimada aquella noche que vio la estrella fugaz y suplicó por su deseo.
De pronto Emily fingió una sonrisa entre la humedad de sus lágrimas
-Ya no seguiré estando triste, debo disfrutar los últimos momentos a tu lado
hoy me quedaré aquí hasta el amanecer
quiero grabar para siempre tu rostro en mi mente-
La niña ahogó sus lágrimas abrazando fuertemente al ángel como solía hacerlo cuando quería comunicarle lo que sentía sin palabras. Emily cerró los ojos e imaginó que volaba en un lugar donde las estrellas resplandecían como nunca, donde su cuerpo fluía cual agua de un río.
-
Las alas con las que me amparaste en la tempestad curaron mis heridas
pero tengo tanto miedo que vuelvan aquellos tiempos
-
Ya casi era media noche, Lahatiel debía cumplir aunque le doliera dejar indefensa a la niña, aunque debiera de romper la promesa que había hecho.
Del cielo bajó un hermoso carruaje tirado por unicornios alados, en la oscuridad era lo único que resaltaba por el brillo fulgoroso del oro y la plata con la luz de la luna.
-
Emily, ya es hora, me tengo que marchar
.-
Emily se aferró más del ángel
-
¡Por favor, llévame contigo!...-
Lahatiel luchaba en soltarse de la pequeña.
-¡¡¡Basta!!! Ya te dije que debo de marcharme-
Emily le soltó rápidamente,y quedó paralizada por un segundo, Lahatiel había sido muy duro con ella
-
Disculpáme
.-
Entonces abrazó tiernamente a la pequeña
-
.Para mi también es muy difícil esta partida
pero ten por seguro que algún día nos volveremos a ver, pediré permiso para volver a bajar a la tierra y te visitaré.
- Antes de que te vallas
hice esto para ti
-
La niña le entregó la pintura que había hecho y al destaparla Lahatiel sintió que su corazón se quebraba en pedacitos.
-
Gracias
-
El ángel caminó hacia el carruaje sin volver atrás la mirada. Emily lo miró hasta perderle de vista en el carruaje que volaba hacia la infinidad del cielo.
La pequeña se encontraba desconsolada, como aquella noche en la que solo oía los débiles latidos de su corazón. No sabía si lograría llegar al orfanato con esa pesadez y dolor tan grande que se clavaba como estaca en lo más profundo de su ser.
Un ruido de hojas chocando contra algo se dejó oír en la sofocante noche llena de tristeza, Emily se encontraba tirada en la espesura de la pradera. Un viento leve hizo que las hojas se agitaran.
La niña se tomaba del corazón, el dolor que sentía en esos momentos nunca antes lo había sentido porque en la vida no se había enamorado.
-
Duele mucho
-
Entre sollozos agonizantes Emily que casi moría aún podía decir algunas palabras.
-Pero no me arrepiento de haber conocido a Lahatiel
porque al fin he entendido que se siente amar a alguien
-
Emily casi cerraba los ojos para siempre pero los recuerdos de aquellos días cuando ella y Lahatiel eran felices le daban una luz de esperanza a su pobre corazón que cada minuto latía con menor intensidad.
¿El amor es la razón de la vida?
Creo que sí
Tiempo después
Diez años habían pasado de aquella noche de verano cuando la niña y el ángel se habían conocido. A Lahatiel al fin se le había concedido el permiso de bajar de nuevo a la tierra, antes de marcharse recibió un mensaje.
-Quiero que veas por última vez a Emily, pronto la tendré conmigo
pero tú jamás la podrás volver a ver-
Lahatiel agachó la mirada y una luz cegante se posó sobre su cuerpo.
El ángel caminó por el pequeño pueblo de manera invisible, lo primero que hizo fue dirigirse al orfanato, ninguno de los niños de antes se encontraban allí, entonces recordó que Emily sería adoptada, y siguió buscando y buscando por el diminuto pueblo pero en ninguna casa la encontró, la ultima opción que le quedaba era una enorme construcción que se alzaba imponente a las afueras del pueblo, dudó mucho en ir para allá pero era el último lugar que le faltaba por inspeccionar.
Cuando pasó por unos enormes jardines que daban hacia la calle de esa mansión Lahatiel sintió como si alguien le llamara.
En una mecedora debajo de un árbol de cerezos que el viento hacia mecerse en un vaivén esparciendo sus delicados pétalos rosa se encontraba una joven con la mirada perdida, sus ojos eran inexpresivos como si tan solo fuera un cuerpo vacío, sin alma, sin ganas de vivir. El ángel traspasó las rejas y caminó lentamente hacia la chica, se acercó y no pudo evitar reconocer aquellos ojos grises de hace diez años.
Lahatiel no pudo contener sus lágrimas al ver lo que había hecho de Emily, porque aquella pequeña tan llena de alegría ahora solo era un reflejo del tiempo que ambos habían pasado aquel verano. La niña de antes había muerto para siempre, ahora parecía una joven fría, sin sentimientos, sola en su soledad, viviendo en una oscuridad que quien sabe si algún día volvería a ser iluminada.
El viento llevó una flor a las manos del ángel, era el último mensaje que recibiría puesto que era la última visita a la tierra que realizaría.
Toma fuertemente la mano de Emily, ha llegado la hora de que este conmigo, en su corazón nunca hubo lugar para la maldad, y eso se lo recompensaré de una manera infinita
-¡¡¡¡Pero yo jamás la volveré a ver
!!!!!!!
La única contestación que tuvo fueron algunos canturreos de pájaros que pasaban en esos momentos.
Lahatiel tomo con brío la mano de Emily, fue como si en un instante los miles de recuerdos de hace diez años cobraran vida en su memoria. La joven parpadeo como si volviera en sí.
-
Lahatiel
has regresado
.
Emily le sonrió pero en ese mismo instante cerró los ojos para siempre.
-
Emily
.
El ángel la abrazó fuertemente.
-
Has muerto sonriendo
como la primer sonrisa que dibujaron tus labios cuando te conocí
Lahatiel subió lentamente al cielo con el corazón destrozado. Ya nunca más volvería a ver a Emily, ahora ni siquiera una esperanza de encontrarla en la tierra era posible. Sus lágrimas pronto se confundieron con las gotas de una tenue lluvia que comenzó a caer.
-Si algún día alguien viene a preguntar por mí
alguien con alas
denle esto de mi parte
dénselo cuando ya no sepa ni como me llamo ni quien soy
-
Por favor
No te alejes
Me prometiste que nunca te separarías de mí
Tengo mucho miedo de estar sola
La luna ha menguado
Y aun no vuelves
La pradera se ha secado
Y
tú
no vuelves
Quiero oír tu voz
Pero solo oigo el eco de las olas
La oscuridad envuelve mi mente
creo que me estoy desvaneciendo
.
Por favor
vuelve
Te quiero ver por última vez
Antes de que olvide todo
Solo tú puedes salvarme
Una luz blanca y cegante inundaba con intensidad una estancia, lo único que se podía percibir era un sonido parecido a las olas del mar y un fuerte aroma a arena humedecida. Unas pálidas y finas manos sostenían entre sus dedos una hermosa flor.
Emily, pídeme el deseo que más anheles en tu corazón y te aseguró que lo tendrás, ese es mi regalo
*coge un pañuelo* T^T
Jo, qué bonita, qué triste, qué emotiva... TT^TT Es ultra precioso, el texto. Escribes muy bien.
¡Besos!