Agua de vida (fragmento de la novela sobre María Magdalena)

Agua de Vida


Faltando muy poco para la Pascua y estando Yehoshua en Perea, hizo llamar a María de Majdala y la esperó en un huerto de naranjos que allí había, hacia el norte de la casa de Lázaro. Ella salió prestamente de Jerusalem y llegó al huerto cerca de las dos de la tarde. El clima era cálido, pero la brisa soplaba suavemente. Por entre las hojas, la luz era dorada y el  olor de los azahares era dulce y embriagador. El Rabí estaba sentado bajo uno de los árboles, exprimiendo en su boca la dulzura de las frutas, y cercano a un pequeño manantial, así que llamó a la mujer y le pidió que se sentara a su lado. Entonces le dijo:

-Mariam, pues así acostumbraba llamarla, en momentos de intimidad, sabes que el Padre me envió al mundo  bajo la forma de hombre, para conocer la naturaleza humana y para abrir para el hombre las puertas del Paraíso, cerradas por la desobediencia de los primeros padres. He probado, pues, muchas facetas de la vida del hombre, de sus sentimientos, deseos y ambiciones, de sus necesidades, gozos y sufrimientos, mas nunca he tenido la experiencia de ser uno con una mujer. Enséñame, pues, sé tú mi maestra en estos menesteres, como me has mostrado la verdad en otros y enséñame como yo te he enseñado. Porque se acerca el día en que  deba partir para siempre, para que se cumplan las Escrituras, y no hay otra mujer tan sabia, serena, virtuosa, bella, como tú. Desde siempre te he amado, ciertamente por tu belleza mortal, pero mucho más por la claridad de tu mente y el valor sincero con que asumes tus actos.

Ella escuchaba ruborizada y con los ojos bajos y el corazón palpitándole. Él bajó el velo que cubría su hermosa cabellera de rizos castaños y levantó su barbilla, observando su tez quemada por los soles del camino, los ojos dorados, un poco separados para lo normal y la boca que temblaba suavemente. Bajó los dedos y desanudó la burka que vestía y la dejó caer. Sus pechos eran blancos y estaban enrojecidos y ligeramente húmedos por el sudor. Parecían corderos jóvenes en el campo soleado de su tórax y sombreaban su cintura. Yehoshua sintió un  calor inédito, mezcla de miedo, dolor y gozo y alabó la perfección del universo mientras terminaba de desnudar a la mujer, que estaba cercana y asustada también. Cuando él la recostó, ella se sentía tímida y pensó por un momento si no sería un sueño aquella que vivía. Pero él desgranaba el jugo de las naranjas en su boca y luego la besó en los labios, con un sabor a miel. –No temas, Mariam, pues te consagro ahora mi única y perfecta compañera, mi mejor amiga. Desde ahora y para siempre me llamarás Ishi  por el derecho que te doy. Y yo a ti, Eshet Jayil. Eres mi complemento, el agua que controla mi fuego. Pues si uno se está quemando, es mejor satisfacer esos ardores para poder ser fuerte en la vida de felicidad y adversidad. Pero siendo Yehoshua él mismo virgen hasta ese instante, fue ella la que tuvo que quitarle la túnica, acariciando con mucha suavidad su piel.  Lo besaba suavemente mientras lo descubría: Yehoshua era delgado y musculoso y temblaba entre los brazos de ella. –Mi corazón es y será siempre tuyo, Señor,  dijo. El tiempo parecía haberse detenido milagrosamente en una especie de burbuja dorada. Las pieles palpitaban y sus labios se unieron con suavidad, como en el aleteo de una mariposa, al principio, puros y angélicos, como los creó Yaweh, y fueron haciéndose cada vez más duros y húmedos, y descubrieron sus cuerpos como preciosos territorios, encendieron chispas voladoras de hogueras invisibles, escucharon el torrente de su sangre y el latido de sus corazones, aspiraron juntos el perfume de las naranjas y los azahares y un olor nuevo: el del océano, que les llegaba desde tiempos milenarios.

 

Y en el continente de sus carnes, se penetraron, macho y hembra, y  fueron una sola carne y un solo espíritu. En el universo, se abrió un nuevo agujero negro, preñado de estrellas. Y en  aquel lugar secreto ambos cuerpos se fundieron sin que el tiempo transcurriera, ni envejecieran, ni el clima los molestara, ascendieron oleajes tibios, sollozaron sin explicación, se miraron y sonrieron como si fueran niños que se hubieran encontrado, se elevaron hasta montañas inconcebibles y percibieron desde lo alto la perfección del desierto, hasta que se elevaron a espacios inenarrables y el sueño descendió sobre ambos.

 

Así, Yehoshua aprendió algo más de la naturaleza del hombre. Algo que le daba dicha y que le produciría algún día dolor. Y aprendió que el Amor es un prisma hecho de millones de caras y en cada una de  ellas se refleja la imagen de Dios, sentado en el círculo de la Creación.

 

Desearía recibir comentarios sobre este material. Dos personas que han leído completa la novela (y ése es un problema, porque el texto pudiera lucir distinto fuera del contexto del libro completo) y que son cristianas practicantes, lo han considerado polémico. Igual, lo dejo aquí para que algún curioso se acerque y vea la naturaleza crística contamidada allí. Sin olvidar que el libro es una novela y no un libro teológico. 

 

 


 

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: lorebl       25/10/07 02:43
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Muy buena la aclaración final. Admiro que hayas decidido entregarte a la compleja tarea de escribir una novela...Me encanta el desarrollo de la idea sobre la unión espiritual a través de los cuerpos, sobre ser dos y UNO conformando el mismo universo.
Como bien lo dices, no es un libro teológico, entonces no discuto sobre mis creencias personales aquí, pero rescato la originalidad que tienes para dar a conocer una versión de esta historia que hoy en día es tan debatida...
Me llena de curiosidad saber qué pasó después; cual fue el siguiente aprendizaje sobre la naturaleza humana. Te felicito.
(Sólo una pequeña sugerencia: Me parece que al principio en un mismo párrafo se repite mucho la palabra "hombre"; tal vez sea tu intención para hacer énfasis en la imagen; no lo sé... "(...)sabes que el Padre me envió al mundo bajo la forma de hombre, para conocer la naturaleza humana y para abrir para el hombre las puertas del Paraíso, cerradas por la desobediencia de los primeros padres. He probado, pues, muchas facetas de la vida del hombre, de sus sentimientos, deseos y ambiciones, de sus necesidades(...)").

Un abrazo,
Lore.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar poesía
Nuestra red: Dietista online