


| Escritor: | Oderfla |
| Públicado: | 19/08/2008 |
La primera en comprobarlo fue mi madre, cuando me quiso agarrar para consolar los chillidos desaforados en los que prorrumpí al desatarse la metamorfosis. Algo debí de sentir, aunque no lo recuerde, que provocó que rompiera a llorar, desesperada; pero sólo fue en el momento del cambio, cuando dejé de ser una persona y me convertí en una batería viviente. Desde entonces convivo sin sentirla con toda esta electricidad, una mínima fracción de la cual fue suficiente para calcinar hasta la muerte a la pobre mujer que sólo quería abrazar a su bebé , su bebé que era yo.
Gracias al Cielo, mi padre, que siempre ha estado ahí, a mi lado aunque guardando las distancias, dedujo que si su esposa era un cadáver chamuscado inclinado sobre la cuna de su hija, la cual meramente lloraba, mejor no tocarme (o no tocar la cuna). Eso le salvó, aunque no así a la mujer policía que tras decir según me han contado: ¡Por Dios! ¿Es que nadie va a agarrar a ese bebé?, azuzada por su irrefrenable instinto maternal, y desoyendo las llamadas a la cautela de sus compañeros varones, siguió la misma suerte que mi mamá, aunque al otro lado de la cuna.
He visto esa foto miles de veces: en vivo tengo una copia, en sueños, en los periódicos, en internet, en la televisión y hasta en el cine. Dos cadáveres femeninos negros como el hollín pues eso fue, justamente, en lo que se convirtió su carne inclinados sobre una cunita de barrotes rosas de madera Dos cadáveres en la misma postura, absolutamente simétricos Dos cadáveres de madre La toma cenital que rodó Guillermo para la película aunque sea falsa es especialmente espeluznante. En ella se aprecia aunque sea una simulación la irrefutable realidad de que el centro del drama soy yo aunque no sea yo, un bebé indefenso y esperablemente inofensivo, un bebé portador de muerte. Ese debería ser mi nombre, ya lo he dicho: Muerte.
Acumulo unos cuantos difuntos más en mi cuenta particular: varios enfermeros descuidados, un par de médicos temerarios, algún ingeniero confiado, un abogado listillo y doce miembros de una secta que me convencieron (¿cómo pude dejarme convencer?, nunca me lo perdonaré) de que Jesús les protegería y sus manos me sanarían. La mayoría de estas defunciones no sirvieron para nada. Meros accidentes estúpidos. Excepto la de los fanáticos religiosos. Esa sirvió para que perdiera totalmente la esperanza
Nunca sabré cómo es una caricia: es así, cada cual tiene lo suyo. Yo tengo un traje de neopreno híper aislante desarrollado especialmente en un laboratorio de Osaka, unos guantes del mismo material con unos sensores conectados a las yemas de mis dedos que constituyen mi único contacto táctil con el mundo exterior, y una escafandra desarrollada en Múnich a partir de un diseño de la NASA. Al menos conseguí que el mono lo fabricaran en rosa. Adoro el rosa.
Irónicamente, aunque nadie ha conseguido explicar por qué mi cuerpo es como es pese a los centenares de pruebas, estudios, experimentos, hipótesis, y sesudas y eruditas elucubraciones en general, la explotación de mi don fue un éxito en muy poco tiempo Con la intención de ganar dinero que poder invertir en la búsqueda de una cura, mi padre contactó con los mandamases de la compañía eléctrica más importante del país, sugiriéndoles la idea de que quizás podrían convertirme en una interesante fuente de energía limpia Y así fue: unos meses después nuestra casa ya había sido ampliada con mi nuevo despacho, como lo llamamos sarcásticamente, pues es donde trabajo desde los cinco años, aunque para ello sólo deba sentarme en una silla durante cuatro horas Se me queda el culo cuadrado, muchas veces Cuatro horitas al día enchufada (o, más bien, todo lo contrario), en mi habitación aislante, y genero tanta energía como dos centrales hidroeléctricas ¡Sin ningún esfuerzo!
Cura, pues no la habido ni la habrá ya dije que mi esperanza murió con los pobres cristianos ultraortodoxos, pero gracias a mi electrizante personalidad (con los años he ido desarrollando un marcado humor negro que no quiero evitar) somos multimillonarios y tengo mi traje de terranauta rosa lo llamo así porque es como el de un astronauta, pero para caminar por la Tierra, entre otras muchas cosas. Como es fácil de imaginar, no obstante, lo cambiaría todo por una caricia. Aunque fuera sólo una Aunque fuera en mi hombro Aunque fuera de un extraño
He visto muchas fotos de mi madre. Era muy guapa. A veces creo recordarla,
pero es mentira. Yo era demasiado pequeña cuando murió electrocutada al entrar
su piel en contacto con la mía. Meramente recuerdo las fotos, pero me gusta
pensar que la recuerdo a ella. Yo me parezco mucho
Además, aún soy muy joven
veinte años de edad no pueden calificarse de otra forma y tengo el cuerpo muy
firme como resultado de andar vestida de buzo por la vida. Vamos no sé para qué
tanto circunloquio, que estoy muy buena.
Por ello se me ocurrió abrir esta página web. Podría haberlo hecho de forma anónima, pero quiero aprovechar mi fama, quiero usar el morbo a mi favor A mi padre lo tengo entre horrorizado y escandalizado. Hace dos semanas que casi ni me habla, pero ya se le pasará. Al fin y al cabo soy mayor de edad.
Los titulares no han tenido desperdicio: La Niña Luciérnaga más eléctrica que nunca en su web erótica es mi preferido (y en un periódico de información general, nada menos, que si hubiera sido en la prensa amarilla aún lo hubiera entendido). Lo que más me divierte es lo de erótica. ¡Que no! ¡Que es pornográfica! ¡Que lo enseño todo!
Suerte he tenido de Manuel, para llevar a cabo este proyecto. Le pago, pero
es por caridad, porque el pobrecillo trabajaría para mí gratis
y feliz. Es el
friki definitivo: se ha enamorado de la única mujer verdaderamente intocable.
Lo adoro. Ha diseñado y supervisado la construcción de nuestro sofisticado
estudio de grabación. Una gruesa pared de plástico transparente sin brillo
separa mi nuevo cuarto ultra aislante de un buen número cámaras de todo tipo. En
mi habitación picante (es como la llamo), puedo desnudarme sin temor una vez el
cierre hermético se ha completado y acariciar mi cuerpo con los juguetitos de
conductividad cero (triplemente comprobada) de los que hemos hecho acopio
Son
caricias de plástico
Caricias de mentira
Aunque yo no lo puedo saber, porque
no sé cómo son las de verdad.
Creo que esta web debe de ser la única
página guarra sin anuncios, ventanas emergentes ni virus. Tengo más dinero del
que necesito: lo que quiero son visitas, visitas, visitas
Quiero que soñéis con
acariciarme, que deseéis acariciarme, que imaginéis acariciarme
Y que os
acaricies por mí, para mí
Como se acaricia Manuel cuando me graba, tantas
veces
Quizás si un día miles de vosotros os conectáis a la vez y pensáis en
caricias, en mí, en mi cuerpo
, y os acariciáis, al unísono; quizás entonces,
mágicamente, yo podré sentir una caricia real, aunque sea en un sueño.
Lo dudo, pero en fin Reconozco que me mola ser la suicide girl definitiva (más aún: la única e inimitable death girl), y sin necesidad de tattoos ni piercings Y la más guarra de todas Y con blog incluido, aunque sólo lo lea Manuel y los becarios de todos los medios de comunicación.
Posted by PinkDeath at www.cariciasparaluci.porn
P.D.: Cuento inspirado en el personaje Pícara de la Patrulla-X (X-Men).
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