Abismo Verde

Categoría(s): muerte

 

Era mejor dejarte allí, con el cielo verde y el azúcar esparcida, era mejor cerrar los ojos, abrirlos después y seguir con la sensación que fue solo un sueño, que jamás abrí el 9-56, que aquel anciano se sumergió en infinito, en el infierno, en el infinito marrón, si era seguir el camino chico de las melodías.

Era seguir en el bus, era el vino, las vías vacías, un tren fantasma, el abismo entre tu ausencia y mis zapatos sucios, era la nada solidificada, aquel amarillo en tu rostro, los claveles regados en las baldosas, los claveles sapotes y amarillos, unos claveles penetrados en tus huesos, en tus tobillos.

Existías en la arena, en el mar, en un verso quemado en tus labios, era existir hundidas en el abismo, en una mesa, en Cali o Paris, en Buenos aires o donde sea, en un árbol o en las playas, era rozarte las orejas, chuparme tus lóbulos y bailar, seguir bailando un tango en hojas secas, en las letras de un loco bohemio, en la lengua de una putica mata fetos, era tu aliento podrido o el polvo de tus pelos mojado.

Era la sequía del café o de una voz fastidiosa, era irse a la mierda, era estar en la mierda y seguir rozándote las mejillas, era decirte que me encantaban las historias de amor, de locos, de magos, de gente demente, rotas. En busca de un alma, salvajes y heridos.

Era seguir existiendo antes de penetrarte, de hurgarte, de explorar tus huequitos, tus agujeritos, tus suspiritos, era esa chimenea muerta e inclinada, quizás un dios asesino, quizás un niño dios, unos niños que no alcanzaron a fabricar ladrillos para esquivar los ácidos y las bombas atómicas, ni las guerras, ni el fuego, ni la gente que miente, siguieron los desiertos, las cuevas, las vendas en su nariz.

Era un abismo verde, esparcido por la carretera, verde en todos los lugares, verde tu nariz, verde en tus senos, verde en tus tobillos y en las señales de transito, verde en el huesito de tu cadera, verde en tus costillas, en tus dedos de muñequita, en tu aliento, en tu sombra, eran verdes tus alas, vos que mantenías volando de un lado a otro persiguiendo estrellas, canciones olvidadas, poemas verdes en los pinos deforestados y este vino que me tiene atolondrada, siguen creciendo las mañanas, siguen escondiéndose el cielo y una que otra nube gris va tapando el sol brillante, las montañas van rozando el azul del cielo, el naranja y el rosado de este día que no se si es viernes, lunes o un ausente domingo.

El vino me sigue dándome vueltas, es la señal de una chica muerta entre las vías, un cuerpo penetrado por balas, lo ultimo que hizo fue cruzar el infinito en una bruja, fue cruzar el agua casi pura, casi transparente, casi invisible, casi azul, casi nada, casi piedras, casi verde, casi amor, casi nada. Era eso un baño de antaño hecho despedida, de revolución, de vos hecha silencio en una madrugada sucia de sábado, esparcida de ausencia, esparcida de rabia, de mierda, de tipos verdes que le callaron.

Niña que ahora estas en las paredes, rotando en volantes, en cada columna pegada tu foto, agujereado tu cuerpo y silenciado la acústica de tu vos, los colores de tu aliento tirados al vació, fue el eco de tu muerte el que agito mi alma, en aquella playa negra, fue la agudeza de tu huida, que no fui huida, sino una violenta marcha, una violenta despedida, que no fue despedida, fue la muerte que llego de la nada, el tsunami que agito las palmas, que mancho tu bandera de transformación y agito las marchas oscuras.

Eres ahora un rostro que no quiere ser olvidado, que va acompañando a otros cuerpos arrancados por la nada, por el tiempo que no sabe cuando se acaba, eres ahora la imagen de otros que callan, que mueres, que se apagan en una madrugada o una tarde o a la hora que sea, porque para morir no existe el tiempo, por que para morir no hay que estar muerto. Mujer rota, mujer muerta, en una madrugada del sábado al lado del río transparente y de una pierna atravesada por piernas.

Me introduje en la nada y deje que el sol me atravesara el cabello, que el mar negro me tocara el aliento, con bella gente negra, con olor a isleño, despeje mi sexo, despeje mis dudas, la arena se coló pro mis orejas y el mar me abrió las piernas, rozo mi sexo y el de ella, dejando danzar sus nalgas desnudas, extendiendo sus alas, agitando las olas, bajando la marea, seguía la media noche, seguía el trópico salvaje, la tormenta surcaba nuestra hamaca, me voy por el humo de Juana, por la humedad, por el frío y el calor, te vas chica atravesada en la madrugada por los hombres de verde.

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