


| Escritor: | druchii |
| Públicado: | 17/03/2008 |
Ella gritaba en esa calle solitaria, tan oscura como las fauces de un lobo rabioso. Rabioso como sus atacantes que la jaloneaban y maltrataban sin importarles cuanto la lastimaban. El terror ya hacía mucho se había apoderado de sus facciones juveniles pero pese a gritar cada vez más fuerte nadie salió, nadie asomó por las ventanas donde aun se podían ver las luces encendidas. Los vecinos estaban despiertos, la escucharon pero jamás salieron, después solo lo declararon. Pronto todo acabó, en el lugar solo quedaron la mochila que llevaba, con los cuadernos forrados en rosa y azul desparramados a su alrededor, despilfarrados como la flor de una vida.
A esa hora, en su casa ya la extrañaban, y desesperados se preguntaban porque no había llegado si la escuela había acabado dos horas atrás. La buscaron angustiados con cada amiga, preguntandose donde podía estar. Recorrieron las calles vacías que solían ser su trayecto escolar. Llamaron a su telefono celular, era inutil, este yacía junto a sus pertenencias, tirado en esa calle oscura.
La hija de una madre no apareció esa noche ni la siguiente ni tampoco la que le seguía. Ella no volvió nunca a su hogar pues su cuerpo ya yacía abandonado, sin vida a trescientos metros de una carretera demasido transitada donde a pesar de este hecho nadie vio ni escucho nada. Los restos mancillados, violados sin escrupulo fueron encontrados por alguien que por casualidad pasaba por ahí. Aún vestía su uniforme escolar y representaba el dolor de 16 años truncados por la perversidad de unos y la indiferencia de otros.
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