Querida Safo, te escribo para decirte adiós.
No estés triste. Nunca estuvimos juntos. Simplemente jugábamos a estar juntos,
pretendíamos, como niños jugando a los caníbales. ¿Sabias que toda nuestra
vida, desde la inocencia del nacimiento hasta el último aliento cargado de
remordimientos, es en realidad una gran fiesta de despedida? Ojalá alguien me
hubiera enseñado esto cuando era todavía un niño. De cualquier manera estoy
seguro de que todo hubiera pasado del mismo modo en que finalmente ocurrió (y sin
embargo hubiera sido diferente). Pero estoy feliz de haberte encontrado. Me
siento bendecido. Voy a extrañarte mucho. Hace tiempo que veo acercarse este
momento. No te dije nada porque quería volver a sentirme bien. Por eso no me
fui antes. De todos modos gracias por la ilusión de amor. Siempre estuvimos en
las simas de dos montañas separadas por un gran abismo, por una gigantesca nada
transparente. Los dos fuimos brutales, pero de un modo encantador. Fuimos
brutales porque no podíamos estar completamente juntos. ¿Te acordas cuando me
encontraste en ese asiento de la terminal? Yo estaba tan triste que no hubiera
podido diferenciar entre un millón de dólares y tu sonrisa. Nunca te lo dije
pero un momento antes de que tocaras mi hombro yo había decidido que ya había
tenido suficiente, el simple acto de respirar y mantenerme vivo me había
consumido casi completamente, así que si algo iba a pasarme tenia que llegar de
golpe, tenia que caer del cielo, ser como un regalo, tener la forma de un brazo
extendido. Nada es más inverosímil que la realidad. La forma en que te
acercaste y me ofreciste tu compañía es el acto más generoso y valiente que vi
en toda mi pequeña vida. Vos me diste exactamente lo que necesitaba. Ese fue mi
primer día en el mundo. Amarte es lo más importante que he hecho en esta vida.
Tu amor es lo mejor que pudo haberme pasado. Y es que entre tus manos yo era
como un niño grande, y vos me mecías sobre ti y sorbías de mi boca los venenos
del mundo, y vos eras como una loba buena que amorosamente me protegía con
feroz recelo, que me amamantaba día y noche con una leche agria pero dulcemente
tibia. Nunca voy a olvidarte. Recostado sobre tu pecho encontré paz, infinita y
mansa. Amor, los recuerdos son verdaderos tesoros. Todas esas madrugadas que
pasamos entre cigarrillos mentolados, café quemado y discusiones metafísicas.
En la cama éramos como una parejita de chicos con síndrome de down. Esos días
maravillosos en que andábamos desnudos por toda la casa y nos cogíamos llorando
y gemías en ingles. Todo fue como música irlandesa. Siempre tuve la sensación
de que cometíamos alguna clase desconocida de incesto. Se que vos sentías lo
mismo, aunque nunca nos dijimos nada. Entre tus piernas no paraba de pensar
como un loco: Nunca más quiero dormir
solo. Nunca más quiero dormir solo. Fueron tiempos gloriosos.
Hoy fui a llorar al Río Bravo y escribí graffitis en los pilares del puente. Estuve toda la tarde allí y caminando por las terrazas, entre los sauces, pensé mucho en ti. Esta carta es definitiva. Esto es lo que quiero. Estoy seguro. Pero no sos vos. Vos sos perfecta. Soy yo, ¿entendes?. Estoy asqueado de mi mismo. No estés triste, Vida. Quería que supieras que tu nostalgia va a ser mi cielo. No podría imaginarme un paraíso mejor. De todas las nostalgias del mundo, de todos los cielos que se apagaron y de los que están por venir, estoy condenado a habitar el más hermoso de todos. Casi puedo escucharte pronunciando mi nombre en la oscuridad de nuestro cuarto mientras aplastas un cigarrillo en el fondo del cenicero. Casi puedo escucharte sollozar mientras a tu lado respira otro que no soy yo. Casi puedo saborear tus lágrimas.
Nos vemos, linda. No te desmorones.
Tu silla de montar favorita.
Patricio.
|
Imprimir |
Enviar historia |
