-Mira, tu conversación no me es grata, si me dejaras en paz, me harías un gran favor.
-Pero linda, si solo trato de ser amable-le contesta, sin hacer caso de la molestia de la joven y sentándose a su lado-verás en la calle hay muchos patanes y una chica como tu, no debe estar sola.
Ella lo mira, reparando por vez primera en serio en su interlocutor, no es feo, de hecho se podría decir que tiene cierto atractivo, de tez morena, ojos negros penetrantes, facciones varoniles, pero hay algo desagradable en el rictus que enrarece su sonrisa que muestra su dentadura perfecta, es una mezcla de cinismo y burla que la hace sentir incómoda, la mira tan fijamente que ella tiene que desviar la mirada.
-Pues si- ella le refuta- hay muchos patanes y existen aquellos que no entienden que una mujer no quiere compañia.
El pasa el brazo derecho alrededor de sus hombros y con la otra mano saca algo que ella no ve, al sentir el abrazo, trata de incorporarse decididamente molesta e incómoda, pero, en un rápido movimiento el la aprisiona, ella siente la mano de él apretando su hombro derecho y del otro lado bajo sus costillas y sobre la tela de su blusa, algo metálico que deduce, es una pistola.
Con la bella cara transfigurada de miedo, voltea a verlo y, el con ese gesto desagradable que la incomoda tanto le sonrie y le dice:
-Pues creo que vas a tolerar mi compañía por un largo rato más.
La hace incorporar y caminar juntos como si nada hacia su automóvil.
Aquel al que esperaba no llegó, tenía muchos días de no verlo y ahora, tal vez no vuelva a verlo jamás.
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